Andrea Köhler

Santiago Gil //

Escribe Andrea Köhler que lo primero que entrenamos es la paciencia. Lo escribe en un ensayo que acaba de publicar Libros del Asteroide titulado El tiempo regalado. 

 

El libro reflexiona sobre el paso tiempo y sobre las esperas acercándose a la bulimia informativa que vivimos, al sentido de la vida si nos paramos a pensar unos minutos y, sobre todo, a lo imprescindible que son la paciencia y la lectura para  para no perecer en ese caos que no nos deja siquiera mirarnos unos segundos al espejo.

 

La escritora y periodista alemana habla del titubeo antes del nacimiento, de esos momentos en que Kafka decía que buscábamos cualquier excusa para escapar del trabajo, incluso del trabajo placentero, esa duda que se tiene siempre al fracaso también de lo más rutinario, o esa especie de temor que nos paraliza tantas veces en algunas circunstancias.

 

Una vez le escuché decir a Juan José Millás que a él no le gustaba escribir sino haber escrito, pero para llegar a las metas hay que vencer siempre esos titubeos y salirnos de esos caminos que nos despistan tantas veces. Andrea Köller escribe un ensayo sobre la espera y sobre ese tiempo, siempre relativo, en el que nos movemos. 

 

Aborda las ausencias, el tejer y destejer que muchas veces nos asemeja a Penélope cuando esperaba la vuelta de Ulises a Ítaca, profundiza en la importancia que tiene la holganza, el dolce far niente o el adentrarnos, sin algarabías externas, dentro de nosotros mismos para conocernos, para expandirnos y para relativizar todo eso que a veces nos venden como lo más fetén de la existencia. 

 

En este libro uno transita por muchos lugares, encontramos teorías o pensamientos de quienes han tratado de no perder ese regalo que es el tiempo que vivimos desde que nacemos, y también numerosas referencias literarias y metafóricas que nos ayudan a seguir mirando un poco más lejos. 

 

Köhler se refiere en uno de los capítulos a un cuento de Nabokov en donde el protagonista ve fotos de su casa, de sus padres y de su habitación antes de que él naciera, y casi se siente un hombre traicionado por no estar en aquel momento en donde los otros estaban igual de felices antes de su existencia. 

 

Nosotros no estábamos hace algunos decenios en las mismas calles por las que nos movemos a diario, y tampoco estaremos en el futuro donde ahora nos creemos a veces tan importantes. 

 

La vida se presenta en este libro como un tránsito en el que aprender después de cada paso, con paciencia, sabiendo que todo nuevo día es siempre un regalo. Andrea Köhler escribe que los viajes son pausas en el tiempo. 

 

Cada viaje, el interior o el que nos lleva al otro lado del planeta, siempre tiene algo de nacimiento. También nos recuerda que el tiempo no tiene nada que ver con el espacio, ni con la rutina que tantas veces nos aleja de esa aventura que es la vida cuando se mira desde lejos.

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