Cabra loca, cabra loca…

Michel Jorge Millares  //

Grupo contrario al sacrificio de cabras en el Cabildo.

Uno de los principales atractivos turísticos de La Gomera -que se lo digan a la canciller alemana, Angela Merkel- es el Parque Nacional de Garajonay, en especial el núcleo del bosque del Cedro, convertido en bosque encantado y encantador. Un lugar con especies de flora y fauna únicas, conservadas milagrosamente y que muestra cómo pudo ser el extraordinario bosque de laurisilva de Gran Canaria que era conocido como la selva de Doramas. Territorio en el que hace mucho que desaparecieron la paloma rabiche, la turqué, el guirre y otras muchas especies que habitaban la isla, donde apenas quedan ejemplares de sabinas, cedros y otros árboles junto a cada vez menos cuervos que son parte del tesoro natural de Canarias y que en Gran Canaria intentamos recuperar para que nuestros hijos y nietos puedan ver -aunque a escala reducida- lo que pudo ser el paraíso grancanario antes de su desforestación. Una suicida actuación que el ser humano se encargó de realizar a conciencia, para los usos madereros en la construcción, obtención de leña para fuego (antes de la irrupción del gas y los electrodomésticos), la pez para calafatear los barcos de madera y la roturación de terrenos para dedicarlos a cultivos, lo que con el paso del tiempo daría lugar al abandono de los montes y su uso como cuarto trastero (vertedero) o establo de ganado también abandonado.

El Cabildo desde sus inicios -inspirado por la corriente que liderara Francisco González Díaz, el amigo de los árboles– ha intentado cambiar la tendencia y elevar el valor natural y ecológico de la isla. Para ello ha recuperado paisajes desolados y convertidos en basureros en todo el litoral e interior de la isla (endemismo a erradicar). También creó instalaciones para recogida y tratamiento de residuos, mientras compra y repuebla bosques que fueron arrasados para obtener un beneficio económico o los recursos para sobrevivir. El Cabildo ha iniciado, además, actuaciones sobre el paisaje (de todos, a pesar de que unos pocos lo hieran profundamente). Para ello, desde hace un siglo, el Cabildo Insular ha destinado fondos propios y financiación captada de otros organismos para destinarlo a comprar tierras abandonadas para convertirlas en patrimonio de todos y desarrollar actuaciones sociales, culturales, turísticas o científicas como los programas Life, que no sólo intentan recuperar las especies autóctonas (pinzón azul o bosque de cedro) sino también controlar las especies invasoras (serpiente de California).

Pero la recuperación del medio natural también presenta complejidades y su ejecución se enfrenta a obstáculos que deben ser explicados a los técnicos de la Unión Europea que realizarán en agosto una nueva evaluación del programa Life, que podría aprobar lo realizado o reprobarlo y obligar al Cabildo Insular de Gran Canaria a cerrar prematuramente (casi finalizado) el Life Guguy para la “Recuperación de los bosques endémicos de Juniperus spp, y su flora y fauna, en la Reserva Natural Especial de Güigüí”.

Más allá de tener que devolver los fondos a Bruselas (unos 400.000 euros) existiría la posibilidad de pérdida de confianza de la UE para financiar otros proyectos en la isla. Y todo a pesar de la correcta gestión del mismo, pero que se ha topado con unas cabras abandonadas que dificultan el desarrollo de los árboles repoblados que nos permitirían contar con una reserva natural de extraordinario valor ecológico.

Pero… frente a la oportunidad de recuperar -aunque sólo sea un poco- el antiguo vergel que cautivó a aventureros, científicos y románticos, nos enfrentamos a la contestación social por la abatida de las cabras como solución efectiva para erradicarlas del territorio. Unos animales dejados a su suerte por el progresivo abandono del pastoreo tradicional, que encontraron en ese recóndito territorio un lugar donde vivir y reproducirse alimentándose de los escasos recursos de flora existente. No eran los pobladores originales del espacio, pero allí están como parte de la destrucción de todo lo verde que sobresale del suelo. Incluido lo que se planta con fondos europeos, aunque para evitarlo se haya vallado cada uno de los casi 20.000 plantones. Por ello, para acabar con la amenaza de este ganado abandonado se contrató a expertos que trabajan para el Parque Nacional de Doñana y otros espacios de máxima protección (y exigencias medioambientales). Una acción aprobada por la comunidad científica pero con el rechazo de algunos grupos o personas que no entienden ni aprueban que se acabe con los ejemplares que deambulan por Guguy.

En esta situación, la administración insular de turno (el proyecto se inicia en mandatos anteriores al actual gobierno del Cabildo) se convirtió hace año y medio en el objetivo de las críticas por actuar ante una situación que no sólo afecta al espacio natural protegido sino también a fincas agrícolas de la zona de Tasartico y Tasarte, además de otros problemas.

Pero lejos de entender que en situaciones especiales se deben adoptar medidas extraordinarias, la actividad de algunos grupos -y algún personaje manipulador- han propagado sus críticas que han calado en una parte de la población que no entiende los argumentos del más destacado experto mundial sobre ganado caprino, el palmero Juan Capote (quien afirma que las apañadas producen más sufrimiento a estos animales; que los ganaderos no quieren cabras asilvestradas; que no se trata de razas aborígenes). Aún así, a pesar de la unanimidad entre los científicos y expertos, el Cabildo frenó los sacrificios realizados por expertos tiradores y buscó entre las diferentes alternativas.

Ante esta situación, los responsables del Cabildo han dado un giro en el proyecto, entendiendo que la solución y su pervivencia pasa obligatoriamente por contemplar la variable sociológica a la hora de abordar los problemas medioambientales.Que es imposible resolver la cuestión de las cabras abandonadas sin contemplar la variable humana, es decir, sin entender que la biodiversidad forma parte de un ecosistema en el que el factor humano es decisivo. Frente a un modelo de gestión medioambiental exclusivamente técnico basado en la imposición directa, modelo que no garantiza el éxito a medio y largo plazo sino todo lo contrario, el Cabildo considera que existe margen para alcanzar soluciones consensuadas con todas las partes, implicando a pastores, apañadores, colectivos del salto del pastor, Ayuntamiento, población de La Aldea y contactos con las sociedades de cazadores, además de la comunidad científica.

Fruto de ello, el Cabildo desarrolla acuerdos de colaboracióncon cada colectivo y también ha utilizado drones, trampas… todo ello dentro de lo que han dado en llamar la ‘gambuesa social’, lo que empiezan a dar resultados positivos como el hecho de que ya no se discute la necesidad del proyecto de repoblación y el cuidado de este bosque que dentro de varias décadas nos presentará un nuevo paisaje en el recóndito paraje de la isla.

El problema de las cabras no es local, es global, tal como señaló un experto al indicar que en la biomasa de las cabras en el planeta supera ya la de todas las especies silvestres juntas, aparte de su presencia y efectos en las zonas en grave proceso de desertización. Por ello es tan importante solucionar este conflicto en la isla y demostrar que una de las especies más valoradas en el mundo por las poblaciones con mayores carencias, debe ser controlada en determinadas situaciones.

En definitiva, el Cabildo frenó las cacerías, se realizan apañadas, algunos pastores adiestran perros para guiar a las cabras sin atacarlas y se prepara una gran operación con todos estos colectivos desde distintos puntos de Guguy para agrupar las cabras en un punto del territorio y poder sacarlas del entorno para recuperar el bosque de cedros en Guguy. Una actuación que permitirá consolidar y extender la recuperación forestal de la zona y aspirar a nuevas intervenciones en una isla que intenta frenar la pérdida de su riqueza ecológica y convertirse en referente de recuperación medioambiental.

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