El primer turista global: Jerónimo Mejías, la pasión del viajero

Míchel Jorge Millares  //

Megías (con el sombrero) tras el accidentado vuelo en Cuers.

Acabo de publicar en la revista turística Welcome to Gran Canaria un nuevo artículo (ver el texto completo y la colección de imágenes) en la serie ‘La historia canaria del mundo’ en el que comento algunos datos de la figura de Jerónimo Megías, la primera persona que dio la vuelta al mundo en un crucero turístico (el ‘Franconia’ en su segunda travesía) y en una aeronave (el Graf Zeppelin en su primera y única vuelta al mundo). La vocación de viajero y su participación como uno de los veinte pasajeros que realizaron la primera travesía aérea con pasaje alrededor del planeta, lo sitúan como un pionero global del turismo. Un personaje único que ha pasado desapercibido para la historia del turismo mundial.

Sorprende la biografía de un grancanario que vivió intensamente las primeras décadas del siglo XX, dedicado a su actividad como médico en uno de los laboratorios de referencia en Europa para el tratamiento de la peste y la rabia. En el instituto creado por su tío, Vicente Llorente Matos, se elaboraban las vacunas para la prevención de la difteria, lo que le valió junto a su hermano Jacinto ser nombrados médicos de la Casa Real por el rey Alfonso XIII.

Con Leila Hyams y Nick Grinde en la escala en Los Angeles.

Pero su verdadera vocación era viajar. Una actividad que desarrolló en todas sus facetas y con todos los medios al alcance de la época. De hecho, llegó a tener una avioneta y un coche construido por encargo con motores Maybach (hoy denominados Mercedes) porque quería recordar el rugido de los motores que impulsaban los dirigibles Zeppelin. Una actividad no exenta de riesgos, ya que casi le cuesta la vida en una de sus salidas como alpinista o en su primer vuelo en Zeppelin, como refleja la imagen de los pasajeros en Cuers tras desembarcar. Un viaje abortado en el que conoció los preparativos de la primera vuelta al mundo y la idea le atrapó hasta el punto de postularse frente a numerosos pretendientes para volar en la gran gesta de la aviación, previo pago de más de 7000 dólares por el pasaje.

Jerónimo Megías Fernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1880 – Madrid, 1932) es uno de tantos ilustres desconocidos, al ser el pionero del turismo global, ya que sus numerosos viajes por distintos continentes. De ahí que fuera uno de los pasajeros del crucero Franconia, en la segunda travesía que realizó este buque alrededor del mundo.

Mapa de la ruta seguida por el Graf Zeppelin

En sus crónicas del viaje en Zeppelin, publicadas en la revista Blanco y Negro y en el libro que tituló “La primera vuelta al mundo en el Graf Zeppelin” (1929, descargar en pdf en Memoria Digital de Canarias), no deja de reconocer el miedo que producía un viaje a bordo de un aparato tan gigantesco como ingobernable en determinadas situaciones: Montañas más elevadas de lo que una cartografía deficiente indicaba, tifones… y otras muchas peripecias.

Veinte personas acompañaron a los 45 miembros de la tripulación del Graf Zeppelin en esta primera travesía aérea con pasajeros, que no la primera vuelta al mundo en avión, gesta realizada en 1924 por una tripulación norteamericana.

Mejías en la mesa del comandante y la única pasajera

Nuestros aventureros partieron de Friedrichshafen, el 15 de agosto de 1929, a bordo del Graf Zeppelin LZ 127, para escribir en la historia la primera vuelta al mundo en la espectacular aeronave que fue bautizada como el tercer astro del cielo: el sol, la luna y el Zeppelin, por su estructura de 236 metros de longitud y 33,7 de diámetro que provocaba la admiración multitudinaria y una algarabía de avionetas, pitas de barcos, repiques de campanas y bocinas por cada ciudad que sobrevolaba. Era la obra majestuosa de la sociedad industrial. Aunque su tamaño y la potencia de sus cinco motores Maybach apenas podían transportar 60 toneladas de carga y tan solo 20 pasajeros, con 20 kilos de equipaje por persona.

El pasaje era variopinto, con mayoría de periodistas (diez), incluida la única mujer, la inglesa Lady Grace Hay Drummond-Hay, además militares, ricachones y un ‘comisario político’ enviado por Stalin para supervisar su paso por Rusia e intentar por todos los medios que la aeronave paseara sobre el Kremlin, cosa que no fue posible. Entre todos ellos, sobresalía el médico grancanario Jerónimo Megías Fernández, el verdadero aventurero viajero.

Nacido en Las Palmas en 1880, pertenecía a una destacada familia de Arucas con diferentes ramas vinculadas a la industria y la medicina, fundamentalmente. Estudió en un centro con grandes figuras académicas, el Colegio de San Agustín, donde entabló amistad con otros jóvenes que destacarían como intelectuales y artistas como el barítono Néstor de la Torre o su sobrino Néstor Martín-Fernández de la Torre artista modernista y simbolista, si bien el interés de Jerónimo Mejías por el arte originó su amistad con el escultor Victorio Macho o el pintor Federico Beltrán Masses. Si bien su gran amigo, a quien visita casi como despedida antes de su viaje, es Luis Doreste Silva, secretario del embajador español en París, Fernando León y Castillo, ex ministroAlfonso XII y de la reina Cristina.

Los héroes recibidos en Nueva York.

El 15 de agosto el dirigible partió desde Alemania hacia Lituania y luego Rusia. En Tokio fueron agasajados como héroes,, al igual que en Los Angeles. En Nueva York fueron objeto de un recibimiento apoteósico y desde allí partieron hacia Friedichshafen para finalizar la vuelta al mundo. Habían cubierto 33531 kilómetros en veinte días.

Por diversas circunstancias, hemos puesto en marcha la reedición del libro del viajero, con un texto introductorio realizado por el catedrático Guillermo Morales Matos y un servidor, en el que se incorporan las imágenes de las postales remitidas por nuestro paisano y que han supuesto un descubrimiento por no estar documentadas. Se trataría de las únicas postales enviadas a España, junto a los telegramas remitidos al monarca. Y se trata, también, de reconocer a uno de los grandes en la historia del turismo. Un grancanario que recorrió miles de kilómetros al rededor del mundo en aquellas primeras décadas del siglo XX.

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