Entender el caso del Oasis de Maspalomas

Michel Jorge Millares  //

 Una sentencia del TSJC insta a declarar Bien de Interés Cultural (BIC) como Sitio Histórico al Oasis de Maspalomas (Gran Canaria), por el paso de Colón por Maspalomas en su cuarto y último viaje. El apoyo judicial a la iniciativa del expresidente del Cabildo, José Miguel Bravo de Laguna, ha sido aplaudida por éste, mientras el Gobierno de Canarias, el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y las empresas afectadas estudian si la recurrirán. Particularmente, me alegro de que este espacio pueda aspirar en un futuro a recuperar su papel como joya paisajística, pero disiento de que el tribunal haya considerado solamente como arbitrario el rechazo del Gobierno de Canarias a la declaración del BIC, cuando tan sólo el motivo y la delimitación propuesta ya es suficiente arbitrariedad. Incluso, añadiría falta de valentía porque en realidad de lo que se trataba era proteger una parcela que a lo largo de los últimos 50 años ha protagonizado más páginas de periódicos que cualquier otro asunto.

Pero, por un motivo vuelvo a si Colón puso su pie en una piedra o en una duna, o que Colón desembarcara o no, o que Maspalomas en 1502 era un territorio apenas conocido y sin delimitar. Y todo ello, porque el ex presidente del Cabildo ha acusado de no defender los intereses de los grancanarios a Editorial Prensa Canaria (La Provincia), a José Ignacio Mañaricúa (presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas) y a quienes no compartían su criterio. Y eso no es cierto. En todo caso, se produjo un debate a la altura de la importancia del lugar y la historia. Una discusión que puso de manifiesto que las administraciones de diferente tipo, color político y ámbito acumulan un volumen de arbitrariedades sobre este lugar que debería dar vergüenza a más de uno y siempre en detrimento del interés de los grancanarios.

Para entender esta situación hay que remontarse a la primera propuesta turística para Maspalomas que, lógicamente, la encontramos en el visionario Néstor Martín-Fernández de la Torre, quien afirmó “Hemos de tener en cuenta también la formidable playa de Maspalomas. No concibamos las cosas en pequeño, sino en grande, con la vista en el porvenir” (1939).

Zona protegida por el BIC.

Posteriormente, el Cabildo Insular presidido por Matías Vega Guerra plantearía varias posibilidades para el lugar, encargando en 1952 al el arquitecto mernorquín Nicolás María Rubió Tudurí, el proyecto del entorno del oasis Maspalomas, quien ideó unos jardines, un zoológico, campo de golf… También pidió al arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre un proyecto de albergue o parador. Ideas que fueron rechazadas por la familia condal que, aceptando el reto de Néstor, sacaron adelante el Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria (1962), con la colaboración del arquitecto, Manuel de la Peña Suárez, quien llevó a término el concurso y, posteriormente, sería encomendado para buscar al arquitecto que pudiera crear “el mejor hotel del Atlántico” en el oasis, sugiriendo al equipo Molezum-Corrales con un proyecto que tuvieron que adaptar a la realidad. El suelo no podía soportar un edificio de gran altura por lo que se optó por uno más bajo y ancho. Los problemas de las aguas subterráneas desaparecerían con el tiempo, a causa de la construcción de presas y la canalización del barranco que restarían agua al subsuelo. Además se realizarían otras construcciones: viviendas y apartamentos que bordean la charca, el hotel IFA Faro en primera línea de costa (del fondo de inversión alemán IFA que sería comprado por Lopesan), el centro comercial y luego los establecimientos de Theo Gerlach (Palm Oasis, Residencia o el Dunas que sería demolido el 5 de junio de 1989).

El hotel Oasis sería ampliado de 148 a 350 habitaciones, lo que provocó una sentencia que declaraba ilegal la ampliación, por ocupación de zonas verdes de uso público. La sentencia fue declarada inejecutable (hay otros casos ‘llamativos’ de sentencias inejecutables en las islas, como el edificio de Balito en Mogán, levantado sobre el mar, o el aparthotel Fariones en Tías, por superar la cota de la carretera).

Uno de los primeros mapas que sitúa Maspalomas en 1686.

Adquirido y reformado de forma radical en su interior por Banesto, fue posteriormente vendido a la cadena Riu, que inició en 2012 el procedimiento para reformarlo y ampliar sus camas hasta 450 con un diseño criticado, lo cual dio origen a la petición de varios profesionales y de la empresa Lopesan de declarar el edificio como Bien de Interés Cultural por su valor arquitectónico (su protagonismo en la primera expedición a la Luna no fue considerada importante!!!), cuando ya tenían licencia municipal para iniciar la obra. El Cabildo rechazó proteger el inmueble pero declaró la zona como Sitio Histórico por el paso de Cristóbal Colón en su cuarto viaje. Y el Gobierno de Canarias rechazó tal pretensión. En ese proceso, surge una sentencia en 2016 que afirma que el establecimiento (y otros existentes en el lugar) está dentro de la Reserva Natural de las Dunas y que hubo un “error” en la delimitación del suelo en la Ley de Espacios Naturales y en el Plan General de Ordenación Urbana, del que ningún técnico municipal o autonómico se dio cuenta en su momento. ¡Menudo error!

La parálisis del proyecto de Riu también también ha frenado la renovación del obsoleto centro comercial y congela cualquier actuación sobre el resto de edificaciones del lugar. A ello se suma los vaivenes del Palmeral Tony Gallardo, cuyo estado de abandono ha sido objeto de constantes denuncias.

Otros problemas que afectan al espacio son la pérdida de arena del ecosistema dunar, o el impacto de la canalización del barranco, lo que impide la histórica distribución de las aguas en el conjunto del antiguo oasis.

Maspalomas en planos de 1746.

Y, al final, se declara Sitio Histórico porque en dos líneas escritas por el hijo de Colón y otro marino, se dice que pararon en Maspalomas a coger agua y leña. Sin aportar ningún otro dato. Es cierto e indiscutible que existen esos documentos históricos, como ha documentado perfectamente el catedrático Manuel Lobo Cabrera. Pero también es cierta la ambigüedad e indefinición de dichas citas. Y es que señalar el palmeral como el lugar concreto para declarar como Sitio Histórico no deja de ser una absoluta arbitrariedad cuando Maspalomas era el topónimo que abarcaba desde Juan Grande hasta El Pajar. Lo que es mucho territorio.Igualmente, creo que más importante que su cuarta expedición lo es la primera, y no ha sido declarado Sitio Histórico ni Gando ni la bahía de La Luz.

Además, el cuarto viaje fue desastroso para el Almirante de la Mar Océana, ya que no le dejaron desembarcar ni resguardarse del huracán en La Española. Estuvo en Panamá, donde hoy está el canal, y desistió de buscar el Pacífico. Fue atacado por los guaymis. La ‘broma’ devoró la madera de sus barcos hasta hundirlos y no pudo arreglarlos porque los calafateadores habían muerto en los ataques indígenas. Se refugió en Jamaica durante varios meses donde se amotinó parte de la expedición liderada por los hermanos Porras provocando conflictos con los indígenas de los que se salvó gracias a un eclipse de luna y mucha superstición. Envió en una lancha a Méndez a pedir ayuda a La Española, donde llegó tras cuatro días a remo. La misma distancia tardó 45 días Colón en recorrerla con el barco que vino a recogerlos por los fuertes vientos en contra. Regresó enfermo a España y falleció dos años después. Un cuarto viaje para olvidar que se ha convertido en el argumento fundamental para una declaración de Sitio Histórico en vez de liderar la recuperación como símbolo insular del conjunto del palmeral dentro de la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, como bien apuntan en sus informes los mismos técnicos del Cabildo.

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