Evanescencia

Santiago Gil  //

“A veces digo que el ser humano es el producto de una ecuación que ha sido incapaz de resolver su principal incógnita.” Esa frase la pronuncia una de las protagonistas de Evanescencia, la nueva novela de Manuel M. Almeida, editada por Mercurio, en la que todo se va perdiendo como una metáfora de los tiempos que estamos viviendo, de este tránsito cada vez menos intenso, cada día más olvidadizo y proteico. 

Todo se ha perdido siempre, o todo cambia inevitablemente porque esa es la condición de lo humano y del propio planeta, pero lo que no sucedía antes es que todo desapareciera de la noche a la mañana, o por lo menos que desapareciera tan rápido, de forma tan incesante, y que nos volviéramos tan amnésicos, desorientadas sombras que palpamos pantallas para tratar de no extraviarnos en nuestros propios laberintos.

La novela de Manuel Almeida está escrita con un dominio de la técnica narrativa ciertamente admirable. No creo que sin ese dominio se pudiera abordar un argumento tan apocalíptico, tan documentado desde el punto científico y filosófico, tan bien trazado desde las entrañas del alma, desde esa falta de respuestas a las preguntas esenciales, a dónde vamos, a la procedencia de todo este sueño, al origen y al destino de esas sombras que reconocemos cuando caminamos por la calle. 

Todo se pierde de un día para otro, cae el sistema económico, los medios tecnológicos, las materias primas, el dinero, las fronteras, todo esa abstracción en la que vivimos sabiendo que estamos cosidos con unos alfileres tan frágiles que en cualquier momento se puede deshilvanar todo lo que creíamos verdadero. 

Aparece el olvido, que no deja de ser la evanescencia más cruel, la que nos borra los nombres y los recuerdos, y hay que empezar de nuevo, volver a la semilla y al origen, al salvajismo del más fuerte para perpetuar la especie, a la dejación de todo aquello que no tenga que ver con la mera supervivencia. 

La novela de Almeida no te deja tregua, se lee de un tirón y se asimila durante mucho tiempo, cuando ya te alejas del libro y comienzan las preguntas, las búsquedas, ese despertar de la conciencia que generan algunos libros, el propio sentido de nuestra presencia en un tiempo que a lo mejor no es el único tiempo, y con un guion que nos hace repetir los mismos errores, la misma condición suicida que parece que nos coloca siempre al borde del abismo. 

No voy a contar hacia dónde van los personajes cuando todo es olvido y evanescencia a su alrededor, a qué éxodo que se lleva repitiendo desde mucho antes de que llegáramos nosotros. La novela va siempre un poco más lejos, hacia ese abismo al que solo podemos asomarnos desde la virtualidad de las palabras. La vida inventada. La vida que soñamos o tememos. La vida y la novela. Dos caras de una misma moneda que no deja nunca de girar mucho más allá de lo que estamos viendo. 

CICLOTIMIAS

Hay un eco que resuena siempre, incluso cuando ya no estamos.

 

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