Fallece Sue Grafton, la autora de los best-sellers de la serie Kinsey Millhone Alphabet

La novelista Sue Grafton ha muerto a los 77 años tras dos años de lucha contra el cáncer. La muerte de la autora de los best-sellers de la serie Kinsey Millhone Alphabet ha sido confirmada por su hija.

La autora murió el jueves en Santa Bárbara (California) rodeada de su familia, como indica la nota publicada en su página web oficial.

Autora americana, Sue Grafton estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Louisville, tras lo cual ejerció diversos trabajos. Escribió guiones y adaptaciones de novelas para cine y televisión, algunos con su primer marido Steven Humphrey. En 1982 comenzó a publicar su conocida serie alfabética. Sus novelas han sido traducidas a numerosos idiomas, y ha obtenido importantes premios en su género.

Grafton es mundialmente conocida por una serie de novelas, que tienen como protagonista a una detective, cuyos títulos van siguiendo el orden de las letras del alfabeto. Comenzó en 1982 con A de Adulterio y recientemente publicó X.

Entrevista realizada a la fallecida por Laura Fernández en El Mundo, en 2015

Invitada de honor al festival de novela negra que se clausura en Barcelona, Grafton, que como Millhone en su última aventura, ‘W de whisky’ (Tusquets), tiene una gata, «una gata con frac, negra y de patitas blancas», a la que llama Índigo, atraviesa estos días «el clásico bloqueo de escritor».

«¡Oh!, la literatura puede ser tu mejor amiga, pero también tu peor enemiga. Escribir es duro. Me dan rabia esos escritores que dicen divertirse cuando escriben. Escribir no es divertido. Es muy duro», dice.

Como su detective, Grafton sigue viviendo en Santa Bárbara (Santa Teresa en la ficción) y cada mañana pasea junto al mar. «Tengo tres amigas que son mi único contacto con el mundo real. Ellas y mi marido. Y las cartas que recibo, que son muchas», asegura. ¿Por qué? Porque cuando no pasea, escribe. Se pasa el día escribiendo. «Llevo un diario. Un diario para cada una de mis novelas. Escribo cualquier cosa que se me ocurre. Es como una carta que me escribo a mí misma. Me tiro de los pelos. Me regaño. Me digo que tengo miedo. Casi siempre me digo que tengo miedo», dice.

Pregunta.- ¿Miedo de qué?

Respuesta.- Miedo al fracaso.

P.- ¿Está diciendo que ha publicado casi una treintena de novelas, que todas han sido un éxito y que tiene miedo al fracaso?

R.- Sí. Siempre tengo miedo de defraudar a mis lectores.

P.- Pero si se ha convertido usted en una especie de icono de la cultura popular. Hasta la mujer de Tony Soprano era fan del Alfabeto del Crimen.

R.– Sí, es divertido. Supongo que la clave para no volverse loca cuando algo así ocurre es no tomarse demasiado en serio a una misma. He conocido a escritores que se han enamorado de sí mismos y nunca han vuelto a ser los mismos. Ni ellos ni sus novelas. Yo aún me asombro de que la gente me reconozca por la calle. Y es divertido cuando llamas para pedir una pizza y dices que eres Sue Grafton. El chico que te toma nota siempre te suelta: «¡A mi madre le encantan sus novelas!».

P.- ¿De dónde surgió la idea para W de whisky? ¿Es cierto que la idea la surgió en uno de esos paseos por la playa de los que habla?

R.- Sí, es completamente cierto. Junto a la playa de Santa Bárbara se acostumbran a ver mendigos. Un día me dio por ir a visitar el refugio en el que reciben el correo y comen. Me pareció un lugar increíble. Y me sorprendió descubrir que muchos de ellos no hacen otra cosa que leer. Se emborrachan y leen. Un día asistí a la misa de uno de ellos. La hicieron en la playa, cuando murió. Nosotros le llamábamos simplemente «Bob el de la playa» porque siempre estaba dando vueltas por allí. La misa aparece en el libro.

P.- La novela arranca con el descubrimiento del cuerpo sin vida de un detective privado que no se encontraba en su mejor momento y la de un indigente que en realidad era terriblemente rico, y sigue ambiéntadose en los 80, ¿no cree que esto la limita un poco a la hora de enfrentarse al mundo de hoy?

R.– No. No creo que me esté perdiendo nada. Al contrario. Gano muchas cosas. Kinsey puede investigar de verdad, como se investigaba antes. Puede ir a archivos, por ejemplo, algo que me parece mucho más interesante que buscar cosas en Google. La vida se ha vuelto un poco fea desde que tenemos toda esa tecnología. La gente es más maleducada. Kinsey odiaría el mundo en el que vivimos.

P.- ¿Por qué se resiste a vender los derechos de sus novelas? ¿No creen que podrían convertirse en una serie estupenda?

R.- En absoluto. Creo que Hollywood las destrozaría. Cada vez que un productor me escribe preguntándome por los derechos y ofreciéndome mucho dinero le digo que preferiría bailar desnuda sobre un montón de cristales rotos a vendérselos.

P.- Diga la verdad, ¿realmente prefiere a Ross MacDonald antes que a Raymond Chandler?

R.- [Sonríe] Prefiero a Chandler. Chandler era un artesano, no ha habido otro como él. Ross MacDonald estaba mucho menos en contacto con su propia sombra de lo que lo estaba Chandler. Era un hombre muy tranquilo. Llegué a conocerlo. Vivía en Santa Bárbara. Lo de llamar Santa Teresa a Santa Bárbara ya lo había hecho él. Lo mío fue una especie de homenaje.

P.- Sorpréndanos, ¿algún vicio confesable?

R.- Uno literario. Leo todo lo que se publica sobre Ana Bolena con la esperanza de que no muera al final. ¡Pero siempre muere!

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