Flores y pájaros

Santiago Gil  //

No hacen falta grandes alardes, ni montajes sobredimensionados, ni ditirambos, ni tampoco expresiones rimbombantes. No hacen falta imágenes que se asomen a abismos insondables o que enseñen grandes rascacielos o cordilleras trazadas en el borde de la nada. No hacen falta altavoces ni voceros con verbo convincente, ni grandes alharacas, ni armiños, ni ecos interminables de aplausos o de vítores que hagan temblar los teatros o los estadios. La belleza se asoma siempre en lo sencillo, en lo desnudo, en la esencia, en ese pliegue del alma al que cuesta tanto llegar en medio del ruido y la estridencia, en ese espacio que, de repente, nos deja frente a frente ante nuestro propio espejo.

Teresa Correa presenta estos días en Las Palmas de Gran Canaria una exposición titulada Hablando de flores y de pájaros. Vayan a verla. Está en la sala de San Antonio Abad y en la sala Verneau del Museo Canario. En sus imágenes y en sus composiciones se acerca a esa belleza desde el propio cuerpo y desde la memoria atávica del alma, se mueve entre azares, casas revisitadas, coincidencias, reencuentros, huesos que se hermanan más allá del tiempo, osarios que se entremezclan en una misma esencia, imágenes como sombras parecidas a nuestras propias vivencias que aparecen y desaparecen dejando estelas que luego se confunden en distintas vivencias que no solo acontecen en nuestro propio pensamiento, como ese dejàvú que no entendemos quizá por no mirar de frente a nuestra propia calavera efímera, milagrosa y hamletiana, con ese ser o no ser que dejamos sin respuesta cuando no somos capaces de atrapar todos los instantes que nos pertenecen. Y de fondo siempre suenan los pájaros, y en medio de la supuesta negrura de la enfermedad o de la muerte también hay flores, flores y pájaros para despistar al destino como cuenta Teresa Correa que hacían las mujeres cuando ella era niña y no querían que escuchara lo que estaban contando. Si aparecía aquella niña que ya entonces buscaba respuestas en todas las palabras que escuchaba, las mujeres variaban la conversación y comenzaban a hablar de flores y de pájaros. Nosotros no somos tan originales ni tan metafóricos, pero huimos de la muerte buscando otras flores y otros pájaros más prosaicos para no enfrentarnos a nuestra propia existencia o a esa sencilla desnudez que es la vida cuando nos asomamos a ella cara a cara, sin ambages y sin dobles juegos. Y es entonces cuando necesitamos regresar a la belleza, al arte, a lo que no tiene más doblez ni más certezas que la emoción que vivimos cuando miramos una fotografía, leemos un libro, vibramos con una melodía o nos sentimos seguros ante el estruendo de las olas o con el canto de esos pájaros que no dejan de sonar en la sala de San Antonio Abad mientras nos asomamos a nuestras propias osamentas.

CICLOTIMIAS

No solo vives una sola vida todo el tiempo.

 

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