Gran Canaria, el parque temático del viaje de la Humanidad

Michel Jorge Millares  //

Con Cristóbal Colón empezó todo…

Dentro del programa de las IX Jornadas Aeroespaciales de Gran Canaria que organiza la Real Sociedad Económica de Amigos del País impartí la conferencia titulada ‘La Odisea viajera de Gran Canaria. De la literatura de Homero al mensaje de Neil Armstrong desde la Luna’, durante la cual planteé un recorrido sobre la historia de la navegación en sus distintas formas y aquellos hitos que relacionan a nuestra isla y archipiélago con el desarrollo de la navegación, desde la marítima a la aeroespacial. Se trataba de mi segunda intervención en la citada institución ya que en marzo de 2016 hablé de ‘Sociedad civil y turismo en Gran Canaria’, y tuve el honor de ser presentado por Juan Andrés Melian, fallecido recientemente. También agradecí la invitación a estas Jornadas a Manuel Ramos Almenara, quien destaca en compromiso con la sociedad y complicidad en la fascinación por los acontecimientos vividos en esta isla que han transformado el mundo.

Esta conferencia habla del viaje, de su evolución a lo largo de 4000 años, y su contribución al progreso de la humanidad. Una historia con participación destacada de esta isla en hitos, no suficientemente conocidos, recordados y divulgados. Motivos de orgullo enmudecidos. Una vivencia en primera persona que no debemos dejar caer en el olvido sino mostrarla como algo único y extraordinario sucedido en Gran Canaria. Por ello comencé con una imagen de la Rosa de los vientos junto a la torre de Belém y al Monumento a los Descubrimientos, en Lisboa. La circunferencia de la Rosa de los vientos está en el suelo y mide unos 50 metros dentro del que podemos ver un mapamundi en cuyo centro se sitúan nuestras islas.

No debe extrañarnos ése protagonismo, ya que Gran Canaria es el emplazamiento fundamental de muchas historias que tienen que ver con el viaje que ha realizado la humanidad -en constante y creciente desplazamiento como necesidad, oportunidad y experiencia del ser humano-. Desde que Homero publicó las dos primeras grandes obras de la literatura universal -y primeros textos de viajes-, ‘La Iliada’ y ‘La Odisea’ (s. IX a/c), ya señala a las Islas Canarias como el lugar donde residían los dioses, la Macaronesia, las Islas Afortunadas, una designación que ya nos distingue respecto al resto de islas y archipiélagos del planeta, como lugar de gran atractivo natural y climático, lo que dice mucho de este territorio insular en un planeta con más de 2150 islas.

A partir de ahí, las islas entraron a formar parte de la mitología, con leyendas extendidas por otras culturas como San Borondón o la Atlántida. Hay otras descripciones de Canarias como los Campos Elíseos, el Jardín de las Hespérides o las Islas de los hombres felices. Y así se extiende a lo largo de los siglos como queda de manifiesto con la inclusión del símbolo botánico canario, el drago, como el árbol junto al que Adán y Eva dialogan con Dios en el tríptico del ‘Jardín de las delicias’ de Hieronimus Bosch ‘El Bosco’ en el Museo del Prado.

Homero no conoció las Islas Canarias, como tampoco lo hizo Piteas (400 a/c), el navegante griego que buscó ámbar en el Atlántico Norte y describió unos paisajes helados y sorprendentes de un “fuego siempre brillante”. Su obra desapareció, pero quedan referencias a la misma de otros autores que dudan de la realización del viaje, calificándolo de mentiras o locuras, pero lo importante es que hay quien titula la obra como “La primera vuelta al mundo”. Un mundo que es convertido en mapa por Ptolomeo (s. II) y que acababa en las Islas Afortunadas, el confín de la tierra.

La obra del Bosco está fechada entre 1490-1500 (en el Renacimiento) y coincide con el momento en el que Cristóbal Colón parte desde Canarias -repara sus naves en nuestra isla- con destino a Cipango (China) por una ruta más corta, pero descubre el Nuevo Mundo (1492) y abre las rutas para descubrir y dar la vuelta al mundo por mar y el comienzo del gran intercambio global –expolio incluido- de productos y especies.

Los canarios fueron pioneros en el uso del globo.

Tras Colón, y utilizando Canarias como plataforma, pasarían Hernán Cortés, Pizarro, Bartolomé Díaz, Américo Vespucio, Magallanes, El Cano y un largo etcétera, al igual que despertaría el interés de otras potencias que enviaron a piratas como los británicos Drake, Hawkins y el holandés Van der Does, quienes participaron en la flota que armaron Gran Bretaña y las Provincias Unidas frente a la Armada Invencible.

Julio Verme, el escritor por excelencia de literatura de viajes anuncia que el ser humano llegará a la Luna. Pero también sitúa a Gran Canaria y Tenerife en el origen del negocio de la turoperación en su obra ‘Thompson & Co.’ (1905) y profetiza un turismo de masas para el que debe prepararse el destino.

Esos comienzos del siglo XX son los de iniciativas para convertir la capital grancanaria en un destino turístico de moda. Al estilo de St Tropez, Niza o Mónaco con un casino y hoteles de lujo en la zona alta, cerca del primer Club de Golf creado en España. La ciudad contaba con 13 hoteles, varios de ellos de gran calidad, y ya era reconocida como un gran destino para el turismo de salud que huía de los estragos de la polución de la revolución industrial. El tren, icono del desarrollo industrial, no tuvo trascendencia para las islas, pero llegaron las víctimas de climas y contaminación insalubres, los ‘invalids’. Y crearon el turismo de salud fortaleciendo la marca de un territorio con el clima más saludable del planeta.

Pero las guerras (Primera y Segunda Guerra Mundial, Guerra Civil, Crack del 29) frenan el turismo en un territorio sin batallas. Las guerras hundieron la economía isleña, pero desarrollaron los transportes por mar, por aire e incluso la navegación espacial. Aunque la aviación aérea tenía como reto acortar distancias y cruzar océanos, cuando en esta isla ya teníamos la experiencia del intercambio global: enviamos el vino, el plátano, el azúcar, el aloe, y recibimos la papa, el maíz, el tomate, tabaco, cacao… De ahí que en Canarias viviéramos -con altibajos- de los monocultivos y su exportación, conectando (mientras se respetaran nuestros fueros y nuestra realidad) con los mercados de Europa y, también, del nuevo mundo. El cuadro ‘El burgomaestre de Amberes‘ refleja la llegada de un buque azucarero de Canarias. Shakespeare habla del vino Canarias que “perfuma la sangre”, y ahí queda el Canary Wharf, los muelles londinenses de descarga de productos canarios hoy reconvertidos en gran centro de negocios.

Paseo de Mejías por Nueva York

Pero el sueño del ser humano era volar, y dos canarios realizaron los primeros vuelos en globo que tuvieron lugar en España: José de Viera y Clavijo, y Agustín de Bethencourt (s. XVIII). Uno viajero destacado para su época que llegó a codearse con los líderes de la revolución francesa, y el otro ingeniero fundamental para el desarrollo de la Rusia zarista. Ilustrados que anticipaban el romanticismo y el surgimiento del ‘gran tour’ que sienta las bases del viaje moderno y del propio término de ‘turismo’.

También es la época de los científicos que intentaron conocer y comprender el mundo y que encontraron en Canarias un paraíso para la investigación: Feulille, Verneau, Humboldt, Berthelot, Webb, Bory de Saint-Vicent, Bannerman… Incluso Charles Darwin que no pudo desembarcar en las islas por imponerse la cuarentena en el HMS Beagle. Luego les seguirían los viajeros (Charles Barker, Von Buchh, Burton, Olivia Stone, Maximiliano de Austria, Charles Edwardes, Cronin, Latimer…) toda una biblioteca para dar a conocer la isla que se consolida con las primeras guías (Brown Baedecker).

Las navieras Yeoward, Union, Castle, Cunnard (el apogeo británico sobre los mares) tendrían en La Luz uno de sus principales puertos, comunicando de forma periódica la isla con los continentes, pero también fue el lugar de escala de los pioneros de la navegación aérea: Gago Countnho y Sacadura Cabral (Lisboa-Río de Janeiro), el Plus Ultra (Palos-Buenos Aires), el Zeppelin o Saint Exupèry…

Armstrong, Aldrin y Collins con sus ‘canes de plata’

Entre barcos y vuelos hay un grancanario que también destaca, Jerónimo Mejías, quien entre sus múltiples viajes fue uno de los pasajeros que dio la vuelta al mundo en el crucero ‘Franconia’ y formó parte del exclusivo grupo que realizó la primera vuelta al mundo en una aeronave con pasaje: el Graf Zeppelin (1929).

Tras la Segunda Guerra Mundial el planeta quedó dividido en bloques en lo que se denomina la ‘guerra fría’ en la que los excedentes de embarcaciones aéreas y navales dieron lugar al auge del turismo popular o de ‘masas’ (en 1936 el gobierno del Frente Popular francés de León Blum estableció las vacaciones pagadas que se extenderían a otros países), que provocaría entre los años 50 y 70 una profunda transformación económica en Gran Canaria (35000 turistas en 1911; 58000 en 1961, cuando el Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria; y 243000 en 1968). Yuri Gagarin realiza el primer vuelo espacial tripulado en 1961, el mismo año que los norteamericanos impulsan el ataque de Bahía Cochinos en Cuba, tras la victoria de los revolucionarios en la isla caribeña, y se agudiza la ‘carrera espacial’.

España se posiciona al lado de los EEUU en 1953 con el Pacto de Madrid y en 1959 Dwight D. Eisenhower visita España para cerrar el acuerdo de las bases militares y la colaboración en la Red de Vuelos Espaciales Tripulados (NASA) que da lugar a la creación del Centro Nacional de Investigación del Espacio (CONIE), gracias al cual se establece la estación de Maspalomas (en terrenos cedidos por el Conde de la Vega Grande que se convierte en uno de los primeros europeos en disponer de un teléfono de comunicaciones vía satélite), desde donde se comunican con las misiones Mercury (John Shepard es el primer astronauta norteamericano que viaja al espacio) que esperaba amerizar cerca de la isla y ser rescatado por la tripulación del ‘Bristol‘ aunque la cápsula no llegó tan lejos, por lo que Krushev lo denominó “un salto de pulga”. Esta campaña realizó 11 misiones entre 1960/63 con el primer vuelo orbital USA (John Glenn en 1962, el mismo año en que se produciría la ‘crisis de los misiles’ en Cuba), y sus siete protagonistas (Scott Carpenter, Walter Schirra, John Glenn, Virgil I. Grissom, Deke Slayton, Alan B. Shephard, Gordon Cooper) obtuvieron un gran impacto mediático, aunque sería el programa Gemini (12 misiones entre 1964/66) el que daría un gran impulso técnico a las aspiraciones de llegar a la Luna. En este programa se realizarían los paseos espaciales, los acoplamientos de naves y la participación, entre otros, de los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins.

Durante 1968 se pone en marcha la estación de Montaña Blanca (ubicación actual de la estación del Instituto Nacional de Tecnología Aeroespacial, INTA) que participaría inicialmente en el programa Apollo, con su edificio de operaciones, antenas de seguimiento y telemetría, observatorio solar y antenas de observación de la ionosfera y radares. Hubo 20 misiones del Apollo (1966/1975), de las cuales la más destacada fue la del Apollo XI que recorrió los 384.400 kilómetros para que Armstrong pudiera decir “Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la Humanidad” al pisar el suelo lunar. Una frase que recogió la estación de Maspalomas.

El ‘Bristol’ en el Puerto de La Luz

De aquel acontecimiento mundial, nos queda el recuerdo de la visita de los tres astronautas a la isla y la recepción que se les dio con la entrega del Can de Plata del Cabildo insular por Díaz Bertrana, acompañados por Alejandro del Castillo, Alberto Isasi y las autoridades isleñas, con paseos en camello por el Hotel Maspalomas Oasis y el Centro Helioterápico. Una época de gran presencia del turismo USA en la isla.

Una época en la que Gran Canaria trascendía por la celebración del Congreso Internacional Skal Clubes (1963), sede de la conferencia de unión de las agencias de viaje del planeta FUAAV – UFTAA (1968), la creación de la Feria del Atlántico (1966), a lo que se sumaba la creación del primer aeropuerto turístico en el sur, cerca del primer templo ecuménico de Europa, o el primer parque temático de España (Sioux City).

En ese siglo XX, se redujeron las distancias para moverse por el planeta. En 1914 se podría tardar más de 40 días en llegar desde Europa a los puntos inexplorados, con todo tipo de riesgos. Hoy día los destinos más complicados se encuentran a sólo un día y medio de trayecto. La navegación marítima o aérea llega prácticamente a todo el mundo y las conexiones por internet tejen una red que cubre prácticamente todo el planeta.

La conclusión de esta charla me lleva a reivindicar las palabras de Néstor Martín-Fernández de la Torre“hacer de la vida una obra de arte”Nuestro artista re-creó un Pueblo Canario para mostrar la isla como un conjunto artístico. Contó al mundo una historia, creó una experiencia inolvidable para miles de turistas que hicieron de Gran Canaria el destino mundial con mayor índice de repetición. Y uno de sus discípulos, Néstor Álamo, contó la historia de Colón en el edificio que hoy acoge el museo del Almirante de la Mar Océana.

No hay otro lugar que pueda mostrar la historia del viaje.

No hay otro lugar que pueda mostrar la historia del viaje.Por ello, planteo que nosotros hemos de añadir a esa fase marítima del viaje y el turismo, los acontecimientos trascendentales ocurridos en la isla y que la convierten en referencia fundamental en el desarrollo de la navegación aérea y espacial. Por ello invito a apoyar la creación de un centro de interpretación, Museo o gran espacio temático en la isla donde se cuente y disfrute El viaje de la Humanidad. Una iniciativa que debe acompañarse de un proyecto divulgativo y pedagógico para turistas y para la población local.

Sin olvidar la declaración de Bien de Interés Cultural de la parcela donde se ubicó la primera estación espacial en Maspalomas, junto al BIC del paso de Cristóbal Colón, lo que sería un caso único en el mundo en el que se encuentran Colón y el viaje a la Luna. Aprovechando el lugar para la colocación de una reproducción del módulo lunar y la antena que recibió el mensaje desde la Luna, en una rotonda en la misma carretera y muy próxima a la figura de Colón. Si estos hechos se hubieran producido en otro lugar del planeta, probablemente, ya estarían ofertando esta historia a sus visitantes. Sin embargo, nosotros tenemos millones de visitantes, los hechos históricos y debemos exigir a las instituciones asumir que podemos ofrecer un nuevo atractivo turístico único y global.

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