La ciudad que no quería sus museos

Michel Jorge Millares

Cuatro masái (Kenia/Tanzania) visitaron el Museo Pitt Rivers, o etnográfico, de Oxford. Y la sorpresa que se llevaron fue tremenda. Encontraron objetos funerarios que sólo se transmitían de padres a hijos y otros objetos de los que apenas tenían información o era inexacta. Esta visita forma parte de un programa que se extiende por los museos de las antiguas potencias coloniales, denominado ‘Descolonización cultural’, que permite a los británicos y a los propios masáis reconocer que su cultura está viva y es un proceso en el que el pasado se une al presente a través del relato de los objetos y, cómo no, de la necesaria reapropiación de los mismos por el pueblo al que le fueron arrebatados por un concepto colonialista y saqueador. Por ello se estudia cómo iniciar el proceso de ‘reparación’ que no sólo afecta a bienes materiales. Nadie olvida la historia de la esclavitud generalizada en África, el genocidio en países como el Congo (bajo el dominio del rey Leopoldo de Bélgica), o las migraciones forzosas como la vivida por los masáis principios del siglo XX, cuando a punta de pistola fueron trasladados desde una de las llanuras más fértiles de Kenia hasta una zona más seca de Tanzania.

El acuerdo para la repatriación de bienes culturales desde los museos a sus países de origen, si estos los piden, ha sido también aceptado por el gobierno francés de Macron e incluso se está produciendo un proceso similar, aunque bien diferente, en las islas, con la petición del Cabildo de Fuerteventura al Museo Canario (principalmente) y a Museos de Tenerife la devolución de cerámica prehispánica de la isla, para poder exhibirlo en el Museo Arqueológico de Betancuria cuando culminen las obras en el mismo. En concreto, son 22 vasijas con un nivel de elaboración muy detallado que tienen un alto valor histórico y por su método de elaboración y elementos decorativos, así como restos óseos procedentes de enterramientos de los antiguos majos y una colección de 12 fragmentos de vasijas y cerámicas, entre otras. Eso sí, reconocen la labor de conservación y cuidado que han tenido las instituciones para con el patrimonio de las demás islas cuando en la isla majorera no existían recursos (ni museo, ni director conservador) para el cuidado de los bienes históricos.

No estoy contra la reivindicación del presidente majorero, Marcial Morales, sino todo lo contrario. Pero me planteo la reflexión acerca de si en todo este tiempo los museos de Gran Canaria (o de Tenerife) han creado o logrado el relato insular y de archipiélago de nuestra historia, sin prejuicios, del proceso de colonización, de la esclavitud, el mestizaje , el poblamiento y los procesos migratorios… Un relato o discurso que los canarios y canarias todavía esperamos, al igual que el de nuestro papel en la globalización que emprendió Colón (aunque ahora le acusen de un complot genocida precisamente por la ausencia del relato real) y que hizo que La Luz fuera la proyección europea en el Atlántico y el Pacífico, con sus aspectos positivos y negativos, además de su papel en los transportes transoceánicos y, por supuesto, en el turismo…

Pero ya que hablamos de museos, de relatos y de turismo… ¿Qué ha hecho esta ciudad por la actividad museística? Parece que bastante, pero no suficiente y menos si habláramos sólo del Ayuntamiento. Ahí tenemos en esta capital insular instalaciones com la Casa de Colón, la Casa Museo Pérez Galdós, el espacio cultural San Martín (próximo Museo de Bellas Artes de Gran Canaria), o las salas del CAAM, el GC Espacio Digital San Antonio Abad, todas del Cabildo Insular. Del Gobierno de Canarias podemos citar el Museo Elder de la Ciencia o La Regenta. Y privados tendríamos Museo Canario, el Museo de Arte Diocesano, elMuseo Naval y el Museo Poeta Domingo Rivero. O sea, que del Ayuntamiento quedan el (por fin en restauración) Museo de Néstor/Pueblo Canario, el Castillo de la Luz (que es sede expositiva de la obra de Martín Chirino) y el Castillo de Mata ‘Ciudad y el Mar’, sin director ni un discurso o relato claro en un edificio que acabó convertido en un pastiche.

Y dicho esto ¿qué tiene este Ayuntamiento y sus sucesivas Corporaciones y alcaldes en contra de los museos? ¿Por qué el Ayuntamiento capitalino se desmarcó de apoyar la culminación del Museo Canario? ¿Y su pasividad ante el deterioro del Museo de Néstor? ¿Y dónde el Museo a Manolo Millares? Estas y muchísimas otras preguntas se deben formular para una ciudad que se jacta de su potencial e historia turística pero que tiene los días festivos el 90% de sus instalaciones cerradas aunque haya miles de turistas en los cruceros del Puerto o desplazados desde el sur. Pero claro, sale el Belén de Las Canteras en la revista National Geographic y tiramos voladores mientras seguimos preguntándonos por ese proyecto, discurso o relato cultural, turístico y museístico que precisa la capital grancanaria en el que, además, se coordinen todas las instituciones y entidades privadas, porque las cosas por separado siempre acaban de esa forma: descoordinada.

El Pueblo Canario en obras…

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