La escritura de la vida

Santiago Gil  //

 

La vida es una improvisación constante, no sabemos nunca qué va a suceder en el segundo siguiente, y sin embargo vivimos pensando continuamente en los meses o en los años que nos aguardan. Hay consecuencias de lo que uno hace y circunstancias que se presentan sin que hagamos nada por atraerlas. Varían los mapas cada minuto que pasa, y por encima de todo es una suerte inmensa respirar y caminar cualquier mañana por la calle. Toda esta metafísica surge cada vez que corrijo las pruebas de una novela. 


La novela, siendo una gran mentira, nos cuenta mejor que lo que lo hacemos nosotros cuando nos acercamos a nuestros recuerdos y a nuestra memoria siempre selectiva.


Solemos escribir de un tirón, corrigiendo un día lo que escribimos el anterior, y tratando de buscar nuevos caminos en la trama o en el devenir de los personajes. Siempre tiene que pasar algo: si no sucediera nada no sería novela y dejaría, por tanto, de parecerse a la vida. 


Yo soy de los que improvisa cuando escribe. Sé lo que quiero contar y hacia dónde quiero llegar, pero en cualquier renglón puedo variar los caminos previstos y las existencias de los personajes. La diferencia con la vida es que al final, o al paso de algunos meses, puedo retornar al texto y ordenar o corregir todo lo que está mal, o lo que puede contarse con más emoción e intriga. Puedes variar los puntos de vista o contar en tercera persona lo que alguien ha ido contando en un monólogo día tras día, y así poner distancia entre lo narrado y lo vivido.


Puedes cambiar una escena, trastocar el final o el principio, pulir el estilo o evitar las contradicciones o los anacronismos. También logras mucha más coherencia, porque ya sabes el final cuando empiezas a repasar desde el principio, al mismo tiempo que juegas con la ventaja de poder ajustar lo que falla en ese destino que tú conoces como si fueras un poco Dios en lo que escribes. 


En la vida no podemos hacer lo mismo. O no siempre. Sí podríamos mirar lo que nos rodea desde distintos puntos de vista para no extraviarnos y para saber cómo lo están viendo los demás. Seríamos más tolerantes y menos impulsivos a la hora de defender lo que creemos que es cierto o lo que no somos capaces de ver desde otra perspectiva. Cuando haces algo parecido en una novela, o cuando la lees escrita por otro, te das cuenta de que casi todas las interpretaciones tienen sentido, y también de que lo que nos rodea puede ser mirado desde muchos puntos de vista.


El principio no podemos cambiarlo, tampoco el pasado. La trama nos va llegando como llegan los días, con todo ese escenario vacío hasta que despertamos y comenzamos a actuar, hasta que llega el amor o la muerte, o hasta que nos sentimos eternos delante del mar o mirando hacia un cielo estrellado en el que quizá alguien nos esté escribiendo ahora mismo.

 

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