Nacho Carretero: “El secuestro de ‘Fariña’ podría producir un daño muy grave a la editorial”

Entrevista de Heraldo al periodista Nacho Carretero (La Coruña, 1981), autor de ‘Fariña (Historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia)’, publicado en septiembre de 2015 por la editorial Libros del K.O.

Creo que sus abogados le han aconsejado que no hable mucho del secuestro de ‘Fariña’.

Es un consejo jurídico pero también de sentido común. Me limito a respetar la decisión judicial, aunque obviamente me sorprende. Confío en resolverlo lo antes posible y que el libro vuelva a la normalidad, que se quede en una anécdota, eso sí, significativa y motivo de reflexión.

¿Tanto jaleo por tres líneas? (“El coche, tal y como descubriría la investigación años después, estaba a nombre de Alfredo Bea Gondar: alcalde de O Grove, afiliado al PP (otro más) y procesado en 2011 por un alijo de dos toneladas de cocaína”).

Una persona se ha sentido dañada en su honor, pero cualquiera que lea el libro se dará cuenta de que lo que hay allí es un hecho probado judicialmente y que está plasmado sin más. El lector encontrará cientos de situaciones más llamativas.

¿Lo escandaloso es poner nombre y apellido a un sistema corrupto donde los narcotraficantes comparten mesa con políticos y guardias civiles?

En cualquier caso es algo que en Galicia ya fue publicado en su momento por periodistas que en los 80 y los 90 se jugaron la vida. ‘Fariña’ recoge todo aquel trabajo y lo pone en orden de forma atractiva, hablando con los personajes en primera persona. Pero no da ninguna exclusiva, no descubre nada nuevo para los que en Galicia estaban interesados por el tema. El miedo o el temor de quien se ve reflejado es por el impacto del libro.

Acrecentado por la televisión.

Antena 3 aprovechó el tirón de la polémica para estrenar la serie. Está bien porque es una historia merecedora de ser conocida.

¿Con el secuestro judicial le han hecho un favor?

No, porque más allá del ruido y del fuego de artificio que genera un márquetin involuntario hay una realidad. Primero, es una medida que tiene indignada a la gente. Segundo, podría prolongarse, y cuando termine este foco de atención, si el libro se queda siete u ocho meses secuestrado, podría producir un daño muy grave a la editorial. Que se haya convertido en una campaña de márquetin no compensa ni el jaleo ni el agobio ni la mala experiencia.

¿’Fariña’ ha oscurecido otros trabajos suyos, como el reportaje ‘El cementerio de arena’, valorado por el jurado del Premio Porquet?

El jurado destacó ‘El cementerio de arena’, un reportaje que hice el año pasado para ‘El País’, en la frontera entre Niger y Libia, la ruta de los inmigrantes subsaharianos para cruzar el Mediterráneo. Es una historia muy potente porque el Mediterráneo es como un cementerio que se lleva muchas vidas, pero el desierto se lleva las mismas o más. Los inmigrantes tienen que atravesar el Sahel y si se pierden, es una muerte segura. Que aquí al lado hay un arenal que se está tragando miles de vidas me parecía digno de contar.

¿En España se hace buen periodismo de investigación?

En España se hace buen periodismo en general. El periodismo peca muchas veces de autoflagelarse y nos tenemos que dar un respiro. Viene de una crisis muy fuerte, donde la falta de recursos  impide hacer muchas cosas que yo creo que la mayoría de medios de comunicación querría hacer. En general, goza de buena salud… En cuanto el periodismo se relaja o lo obligan a relajarse, el poder o quien quiere salir impune ocupa ese espacio. Tiene que estar muy alerta. Vivimos episodios que tienen que ver o que relacionamos con el recorte de libertades. No sé hasta que punto es o no una realidad, lo que sí tengo claro es que la gente está hablando de ello y debemos reflexionar. Si todo lo que está pasando invita a la reflexión, bienvenido sea.

¿Se refiere a que el secuestro de su libro ha coincidido con otros episodios de censura?

Son episodios distintos, porque el arte tiene la labor de provocar y de ir al límite. Ese no es el fin del periodismo, su fin es informar. No hay un ánimo de injuriar, si acaso se puede cometer una imprecisión o un error. El ruido se hizo común y formó un debate unánime, y bienvenido sea si sirve para recapacitar.


Fuente: Heraldo

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