Otra vuelta a las Fiestas del Pino y a la ofrenda (I)

Por Santiago García Ramos  //

            Dice el refrán que la esperanza es lo último que se pierde. Y así debe ser porque la desesperación de cualquier meta trascendente, razonable y legítima es el mayor mal que pueden sufrir los hombres. “Pedid y se os dará” dijo Jesús, y la Santa de Ávila corroboró que “la paciencia todo lo alcanza”.

Dándole vueltas al caletre sobre la manera de acometer la súplica reivindicativa que acostumbro a escribir todos los años en estas calendas, ayer pasaba por la carretera de Barrial de Gáldar, cuando me fijé en el esgrafiado escrito en una pared blanca. Es el manifiesto de una esperanza ninguneada, expresado, sin duda, por un contumaz y paciente enamorado que está dispuesto a no cesar nunca en su pretensión: “Si no tardas mucho, te espero toda la vida”. Me sentí oportunamente identificado.

Alguien podrá pensar que estoy poseído de un arrebato iluso. Pero no, porque hace tiempo que me encuentro realmente desilusionado de predicar en el desierto, y con ello he aprendido que el sentimiento efímero de la ilusión es completamente distinto a la esperanza racional y razonada.

No sé hasta cuando va a soportar el periódico estas retahílas; ni si las autoridades del Cabildo Insular y algunos ayuntamientos isleños seguirán leyéndolas con la atención que me han confesado, parece que sinceramente pero sin decidirse a solucionar casi nada. No sé cómo concatenar los argumentos repetidos año tras año sin atosigar el texto con lugares comunes Lo que sí sé es que no renuncio a persistir en el empeño y aquí estoy una vez más.

Remito a los responsables verdaderamente interesados a consultar la hemeroteca de este periódico (y otros) en estas mismas fechas de los años pasados. O si lo desean, me ofrezco a facilitarles copias desde que me lo soliciten. Allí encontrarán prolija argumentación en defensa de estas fiestas religiosas entrañadas en la canariedad; avalada por textos de sesudos historiadores, folkloristas y artistas que supieron interpretar con fidelidad la idiosincrasia de nuestras gentes e intentaron revivir y enriquecer las tradiciones.

Entre la bibliografía que hemos citado en otras ocasiones, queremos, una vez más, resaltar un texto de Sebastián Jiménez Sánchez (Sucinta Historia de la devoción del pueblo canario a Nuestra Señora del Pino, Patrona de Gran Canaria. Tip. Alzota Las Palmas de Gran Canaria, 1955. Pág. 102) que estimamos imprescindible para proceder a la debida restauración de la Ofrenda. Es necesario leerlo con atención para establecer la diferencia entre lo que fue y lo que es:

El plausible patronazgo del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria sobre el llamado `Día de la Ofrenda´, a base de desfile de comisiones y conjuntos típicos de cada pueblo, con ofrendas de los  productos y aires de la tierra, ha permitido revalorizar los festejos populares, proporcionando una cierta unidad dentro de la variedad de motivos típicos y folklóricos de la Isla.

            En esa bella fiesta del `Día de la Ofrenda´, que precede al día de la Virgen, debe tenerse en cuenta que la romería, como expresión de lo popular, ha de ser una viva y pujante manifestación de la secular tradición, con el calor y ritmo, canción y música, emoción y devoción, fe y liturgia que les son propios. En la romería, y, de manera particular en la fiesta del día de la ofrenda, ha de conjugarse y amalgamarse todos esos factores citados y que se polarizan en rito externo y de color en un incesante y vistoso desfile de amor y devoción del pueblo canario a su Patrona. Si ese desfile quiere representar la Isla es rigurosamente necesario que en él tengan presencia las más puras y bellas tradiciones insulares, apartando siempre todo espectacular snobismo y todo brote que no ajustándose a la tradición y al folklore desvirtúe lo ancestral y vernáculo en su bello desorden y natural expresión, ya que la romería y desfile del día de la ofrenda no puede ser sino tradición misma, debidamente encauzada, con un acusado fondo religioso y popular. Como tal ha de ser un rosario de plegarias y un real exponente del sentir, del hacer, del querer y del pensar del pueblo sano, con todo el aroma y la poesía del pasado y con todos los atractivos de los pueblos de tierra adentro.

Resulta paradójico que estos textos reivindicativos que invocaban el espíritu de la más pura canariedad se desarrollaran y publicaran libremente en tiempos de un dirigismo centralista que funcionaba por decretos oficiales, extraño por completo a la tradición política antigua; y que sus autores fueran más que libres, liberales y no precisamente tradicionalistas. Todo lo cual indica que el preciso concepto de tradición, ya empezaba a confundirse con conservadurismo. Esa es, ni más ni menos, la causa de  la degeneración de las tradiciones que sobrevino después y ahora vivimos. No obstante, en el texto reproducido aún se hace patente una clara advertencia al exclusivo origen religioso y devoto de la Romería, la Ofrenda y la Fiesta del Pino en general.

Tengo por cierto que la pérdida, el enfriamiento o en cualquier caso el olvido de la Fe religiosa devenido en los más de 60 años transcurridos de aquél escrito, es la primera causa de los despropósitos festivos que tanto hemos cuestionado. Aquí es ineludible –por más que nos duela- responsabilizar a los hombres de la Santa Madre Iglesia de haberse amoldado al devenir pagano de los tiempos y de no atinar, pastoralmente al menos, a la conservación de los principios básicos de la Tradición. Lo cual hace dificilísimo la restauración original del espíritu de la Fiesta de Ntra. Sra. del Pino.

Santiago García Ramos

Periodista, pregonero de 1993                                                                                         

Hijo Adoptivo de Teror.

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