Porque

Santiago Gil  //  

Porque vale más que una mirada. Porque el trazo lleva un silencio de siglos en cada una de sus letras. Porque no hace falta alzar la voz. Porque llegado el momento solo quiso dejar algo escrito. Porque decía que la vida se vive mucho antes. Porque había jugado su única carta muchas veces. Porque no lo entendieron cuando fue osado. Porque rompió con todo las veces que hizo falta. Porque jamás nadie le robó la sonrisa. Porque viajó. Porque amó. Porque lo amaron. Porque cuidó flores que brillaron en jardines que andaban sombríos. Porque regó árboles que hoy se asoman por encima de los muros de su casa. Porque leyó y se creyó las ficciones sabiendo que eran algo más que sueños para salvarse.

Porque cuando le dijeron que le quedaba poco tiempo no se arrepintió de nada. Porque su única pena era separarse de quienes amaba. Porque la belleza le regaló días inolvidables. Porque la música resonaba a todas horas en su cerebro. Porque no tenía que hacer nada nuevo. Porque hacía años que había dejado de ambicionar la gloria mendaz de la calderilla. Porque solo competía con su propia conciencia para que no le impidiera seguir avanzando. Porque escribir en esos momentos era lo único que le pedía su alma. Porque siempre creyó en la fuerza de la voluntad. Porque supo perder dignamente. Porque cuando ganaba jamás se jactaba de sus logros. Porque siempre decía que al día siguiente todo comenzaría de nuevo. Porque jugó con sus hijos y sus nietos como si fuera un niño más que rodaba por el suelo. Porque nunca dejó de buscar imágenes entre las nubes que transitan efímeras por el cielo. Porque vivió en ciudades que hizo suyas al amanecer. Porque caminó por muchas orillas con mareas bajas. Porque se bañó con pleamares y con marejadas. Porque siempre miró al tiempo como ese tránsito que nunca hay que dejar que pase de largo. Porque estaba seguro de que cualquiera que se cruza en nuestro camino es importante para aprender algo.

Porque no había montaña que no le pareciera un gran milagro. Porque siempre llevaba dibujada en sus labios una media sonrisa que le hacía saltar por encima de todos los malvados. Porque la poesía era para él algo más que un juego de palabras y metáforas. Porque no entendía de etiquetas si algo le emocionaba. Porque se distanciaba de la mediocridad aun estando rodeada de ella tantas veces. Porque jamás se quejaba. Porque lloró muchas veces viendo películas. Porque sus carcajadas casi hacían retumbar las paredes de su casa. Porque creía que podía cambiar el mundo cambiando su propio semblante. Porque fue un ejemplo para todos sin haberse subido nunca a uno de esos estrados en los que gritan los que no tienen que decir nada. Porque quien escribe no hace más que regresar adonde solo se escucha el eco de todo lo vivido. Porque escribió para irse un poco más despacio.

CICLOTIMIAS

Los años llevan números para no extraviarse entre palabras imposibles.

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