Primeras letras

Santiago Gil

Aprender a leer. Muchos no aprendieron nunca. Ese era el dominio. Porque leer es pensar, es soñar, es no conformarte con lo que te cuentan los otros ni con lo que tienes delante. Olvidamos cómo aprendimos a leer, el proceso dificultoso del abecedario, la construcción de palabras, los sonidos, los significados, los signos de interrogación o de admiración, el punto y la coma o el punto y aparte: el punto final nunca llega, eso lo descubrimos más tarde, que todos los finales son abiertos mientras continuemos leyendo.

Alguien se sentó con nosotros pacientemente y nos ayudó a conocer el trazo de cada letra, y empezamos a entender que el pensamiento se crea a partir de las palabras, y que la lectura nos hacía cada día más sabios y más conocedores del mundo que estábamos descubriendo a diario. Ese mundo era un galimatías hasta que no aprendimos a nombrarlo y a leer lo que ponían en los escaparates, en los medicamentos o en los periódicos que leían nuestros padres.

Estos días he recuperado ese milagro, el esfuerzo de ver cómo alguien lee cada día más rápido y con más entendimiento, la curiosidad de ir preguntando por el significado de cada palabra que no se entiende. Yo voy a veces al diccionario a buscar palabras que no conocía o que ya no pronunciamos. Cada vez que descubro una palabra nueva vuelvo a la infancia, a la divina ignorancia de saber que eres un eterno aprendiz, y que por mucho que te esfuerces siempre te quedarán por leer miles de libros o de descubrir otras tantas palabras que no llegaremos a pronunciar o a conocer en los años que vivamos. Y hablo solo de nuestro idioma.

Cuando aprendes otro idioma se abre de nuevo una gran puerta para el pensamiento y, sobre todo, para la tolerancia. Por eso no entiendo que, habiendo aprendido a leer, haya mucha gente que no se acerque a un libro, o que no quiera conocer otro idioma para comunicarse con otros seres humanos. Creo que se es ingrato con los que llegaron antes y con los maestros que nos enseñaron si no se persevera en la búsqueda de nuevas palabras, de nuevas lecturas y de nuevos caminos para seguir buscando mucho más allá de lo que tenemos delante.

Si no se lee, no se piensa, y si no se piensa son las vísceras las que actúan en lugar de las neuronas, y muchas tripas y muchas vísceras juntas acercan a los sátrapas, a los extremistas y a los violentos, y lo peor es que nosotros podemos llegar a ser uno de ellos si nos alejamos del pensamiento.

No fue fácil el camino. La libertad era la educación y la cultura que nos dieron. Otros en el pasado no tuvieron esa suerte. No entiendo cómo pudiendo ser libres e inteligentes, hay quienes eligen la ignorancia y el estruendo. Pensar requiere un esfuerzo, como cuando memorizaste el abecedario o desentrañaste el significado de las primeras frases. Casi todo lo demás es una pérdida de tiempo.

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