Turismo psicotropical

Michel Jorge Millares  //

Amsterdam y Jamaica (aunque ilegal en la isla) ya no son los (casi) únicos destinos idílicos de la psicodelia y el buenrollismo. Uruguay, Canadá y varios estados norteamericanos ya permiten el consumo recreativo del cannabis y eso no sólo repercute en la población local, sino que atrae un creciente número de turistas relajientos (para relajarse o para el relajo, que tanto monta) o con fines terapéuticos, ya que el cannabis y sus derivados sirve para muchas cosas, incluso para piezas de vehículos Audi o BMW, o para producir uno de los alimentos más completos encontrado en una sola planta por su contenido en ácidos grasos esenciales Omega3 y Omega6, muy útiles en la prevención de artritis y reumatismos, entre otras afecciones.

Pero no se haga ilusiones, en Canarias no podemos aprovechar esta oportunidad. La legislación española sobre estupefacientes (1967) incluye el cannabis entre sus prohibiciones. Desde entonces, no se puede cultivar la marihuana o transformarla, salvo 6 empresas que cultivan actualmente 20.000 hectáreas en nuestro territorio con fines industriales para el sector médico. No así el cáñamo industrial que está permitido producirlo en España desde hace unos 15 años (RD 1729/1999), y que se diferencia de la marihuana por su menor contenido de tetrahidrocannabinol (THC) que es lo que ‘coloca’. Por ello, el cáñamo debe tener menos del 0,2% de contenido de THC, aunque dudo que alguien se atreva a plantarlo con fines industriales porque se arriesga a ser tratado como narcotraficante. Y eso que es el cultivo más polivalente y que sirve para todo: materiales de construcción, alimentos, ropas, cosméticos, forraje para ganado, combustible, aislantes, pinturas, barnices, plásticos biodegradables, muebles… Pero según algunos autores, la planta fue condenada para favorecer los intereses de las industrias del algodón y las fibras sintéticas que lograron quitarse de encima un competidor y vender su producto de menor calidad y más insalubre.

Si esto lo analizamos teniendo en cuenta que el sector agrícola e industrial de las islas apenas produce (con ayudas europeas) el 1,5% del PIB y el 2,1% del empleo -en el caso del sector primario- y el 3,7% del PIB y el 1,4 del empleo -en el sector industrial– nos podríamos plantear quitarnos la venda de la hipocresía moralista (recuerden la ‘Ley seca’) para analizar la situación. Y es que si no fuera por el sector turístico tendríamos que reinventarnos o reventar y el futuro es muy incierto.

Por ello, no podemos esperar a entrar en quiebra económica y social para buscar alternativas productivas para nuestro territorio, porque no se puede jugar el futuro apostando el empleo y el PIB exclusivamente al turismo. Y un posible recurso sería precisamente la recuperación de suelo agrícola para cultivos de cannabis y la creación de actividades en torno a este producto.

En Canarias hay buena tierra y variados climas, elogiados desde hace miles de años, para que este pequeño territorio produzca cannabis con la calidad reconocida de nuestra tradición agrícola y con posibilidad de una gran producción de diferentes variedades, así como sus procesados. Y me refiero al cannabis y al cáñamo. No sucede igual, ni mucho menos, en otros países. Por ejemplo, Canadá acaba de anunciar que no dispone de suficiente producción para abastecer la demanda tras la legalización del consumo recreativo.

Pero, Canarias no puede aprovechar esta ocasión por una legislación de hace medio siglo que impide dar un impulso a la agricultura, la manufactura, la industria farmacéutica y otras muchas oportunidades abiertas a la imaginación y el emprendimiento, incluidos los souvenires típicos de cualquier destino turístico que podrían tener su punto de ‘risa’.

Un negocio que cotiza en Bolsa.

Terrenos improductivos hoy podrían recuperarse para un producto tanto o menos dañino que otras sustancias legales (tabaco, alcohol…), de cuya planta se aprovecha todo y es además un floreciente negocio en países como Marruecos (principal productor mundial) que mueve 15000 millones anuales y su cultivo da empleo a 90.000 familias. Y no dudo de la capacidad de nuestra tierra para producir abundantes cosechas. Nunca olvidaré aquella imagen de portada de la prensa local en la que se vehía la finca de Osorio cuando -en los 70- se descubrieron centenares de plantas que fueron sembradas para obtener cañamo para los pájaros. Aquella excusa provocó grandes carcajadas. La plantación fue descubierta por la Guardia Civil cuando la selva de ‘maría’ había alcanzado la altura de personas adultas. Un paraíso terrenal para los ya numerosos consumidores que compraban yamba, congo, kiff… que tradicionalmente entraban por nuestros puertos.

Y bueno, ahora resurge el debate sobre si podría ser un buen negocio cultivar marihuana (y supongo que legalizar su uso recreativo). Pero enseguida se ha apagado el eco de esa idea, aunque queda su evidencia: crearía empleo, riqueza, oportunidades de negocio, reduciría las redes criminales que introducen la droga y la distribuyen a menores junto a otras sustancias más adictivas y más rentables. Y además, frenaría la corrupción y el dinero ‘negro’.

Y, no olvidemos el turismo. Si se normalizara y se planteara con sentido común, podría dar lugar a numerosos negocios turísticos, como ya sucede en varios países del mundo: ruta del cannabis (hoy día se realiza en Marruecos), festivales, espectáculos en Las Vegas, los ‘bud & breakfast’ (alojamientos cannabis friendly), los cannabus o weedbus (guaguas para rutas con consumidores de marihuana), ranchos de cannabis (Colorado Cannabis ranch) y Cannacamps, agencias de viajes especializadas, la recuperación de una fábrica de cáñamo de los años cincuenta al sur de Alicante por la Asociación de Cáñamo de Callosa del Segura, ofertas especiales para consumidores el día de San Valentín en hoteles de Denver… Preludio de un boom del turismo cannábico que ya presagia Arthur Frommer, escritor de viajes de turismo desde los años 50 en las guías Frommer y su revista Budget Travel

P.D. Algunos destinos del turismo de cannabis

  • Kingston, Jamaica
  • Portland, Oregon
  • Seattle, Washington
  • Nimbin, Australia
  • Christiana, Dinamarca
  • Oakland, California
  • Vancouver, Canadá
  • Praga, República Checa
  • Barcelona, España
  • Amsterdam, Holanda
  • Montevideo, Uruguay

Y la lista crece…

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