Isaac Castellano devuelve la tranquilidad al Festival de Música de Canarias, que en 2018 retomará su línea tradicional

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Este viernes tuvo lugar la primera reunión de la Comisión Asesora del Festival Internacional de Música de Canarias de la era Isaac Castellano, recientemente nombrado como consejero de turismo, cultura y deportes del Gobierno de Canarias.

EL CULTURAL DE CANARIAS ha contactado con varios de los miembros asistentes y todos han coincidido en la cordialidad con la que transcurrió la reunión, en la que se abordó el programa del Festival para 2018.

La primera conclusión que cabe extraer de esta sesión del órgano asesor del Gobierno es que el Festival Internacional de Música de Canarias se mantiene, disipándose así las dudas existentes en torno a una posible suspensión del mismo.

A la reunión asistieron, entre otros, Jerónimo Saavedra, José Luis Rivero (director de cultura del Cabildo de Tenerife), Miguel Ángel Linares (director del Conservatorio), Rosario Álvarez, Carlos Ruiz (consejero de cultura del Cabildo de Gran Canaria), Pedro Schlueter (presidente de la Sociedad Filarmónica de Gran Canaria), Leandro Martín (COSIMTE), además del consejero, que preside la comisión, el viceconsejero Aurelio González, y la directora general de cultura, Aurora Moreno.

Además de garantizar la supervivencia del Festival, Isaac Castellano mostró un talante que se encuentra en las antípodas de su predecesora, Mariate Lorenzo, quien será recordada como la consejera que infligió al evento el mayor daño que nadie le irrogó en sus ya casi 34 años de existencia.

Conviene recordar que a la exconsejera, animada por el loable propósito de fomentar la música clásica en los pueblos de Canarias, no se le ocurrió crear un proyecto nuevo destinado a ese fin, paralelo al Festival, con su dotación correspondiente.

De eso nada. No tuvo ocurrencia mejor que darle la vuelta al evento como si fuera un calcetín y, aprovechándose de una marca consolidada y un importante presupuesto público, dado precisamente porque está consolidada, lo desnaturalizó por completo, convirtiéndolo en otra cosa. Ni ella misma sabía hacia dónde iba. Según nos comentan los miembros de la Comisión Asesora, hasta el último minuto decía que esta, la de 2017, era una edición de transición hacia otro modelo que estaba por definir. Mentía descaradamente. El modelo nuevo ya lo había instaurado, con la ayuda inestimable de un colaborador, también de triste recuerdo, Nino Díaz, un gran desconocido que después de dejar el Festival como un solar, acaba de constituir nada más y nada menos que una fundación con su propio nombre.

Lo relevante es que esta pesadilla parece que toca a su fin. Todos los asistentes, los que hasta ahora se agrupaban en dos bandos claramente diferenciados, “han depuesto las armas” con la llegada de Isaac Castellano, hombre inteligente, con mucha mano izquierda y con ganas de recuperar un festival moribundo, sin rehuir la innovación.

Castellano dejó claro que hay que recuperar al “público de toda la vida”, en gran parte perdido tras la desastrosa edición de 2017, para luego ir captando nuevos públicos. La intentona de Mariate consiguió perder gran parte del público tradicional, no ganar nuevos adeptos, a pesar de presumir de 88 conciertos, y dejar un déficit que ronda los 500.000 euros.

Con la mitad del déficit dejado por la edición de Mariate (como deberá ser recordada), podría haberse acometido ese proyecto paralelo al que nos referíamos antes. De esa manera, se habría salvaguardado la esencia del Festival y no se habría producido un quebranto de este tamaño al erario.

En fin, parece que las cosas vuelven a su sitio. En los próximos días, Castellano hará público el programa de 2018, aplaudido unánimemente por la Comisión Asesora.

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