Isaac Sánchez, historietista: “Prefiero la energía a la perfección, el impacto al refinamiento”


Por Noé Ramón //

Curioso personaje el historietista catalán, Isaac Sánchez. Ejerció de youtuber con el seudónimo Loulogio cuando ese concepto casi no existía, trabajó en la tele y se expuso abiertamente a la opinión pública para no albergar ahora duda alguna de que lo suyo es encerrarse en su casa y escribir novelas gráficas. En concreto, una por año en medio de un enfiebrado proceso creativo, más concentrado en la energía y el impacto que en la perfección y el refinamiento. El resultado son unas figuras casi grotescas, reflejo del concepto al parecer no demasiado positivo que tiene la naturaleza humana, seguramente después de haberse sobreexpuesto en las redes y medios. Desde poco antes del pasado verano está en la calle su última obra Buena Gente que ya va por su segunda edición, las críticas han sido rotundamente positivas y de hecho en las inevitables listas de las mejores obras de 2025 figura en un lugar destacado. La novela gira sobre los intentos de los habitantes de un pueblo para ser considerados como “buenos”, requisito impuesto por un cacique muerto sin descendencia para recibir su herencia.


-¿Cómo resumirías este último trabajo tuyo?

-Va sobre la bondad humana o más bien sobre la necesidad que tenemos de parecer buenos por encima de serlo. De cómo competimos, muchas veces de forma cruel, para ser mejor que los demás y sobre todo parecerlo.


-Diría que los dibujos son no sé si exactamente expresionistas pero desde luego muy chocantes. Que exageras mucho los gestos, las expresiones…

-Busqué un estilo que fuera visualmente potente. Incluso más que las propias caras o gestos, que reflejara el tipo de personajes un tanto grotescos que aparecen en esta historia. Me parecía que el estilo era el adecuado para acompañar el tipo de historia que estaba haciendo. 


-¿Puedes dar algún ejemplo en el que se refleje gente que pretende pasar por buena o por lo menos, como dices, parecerlo?

-El ejemplo más claro es lo que se ve todos los días en las redes sociales que se han convertido en un lugar de exposición pública, de demostrar ser virtuosos más allá de lo que somos. Es decir, en las redes mostramos la cara que queremos que se vea de nosotros y luego en la vida real podemos ser unos auténticos demonios porque creemos que nadie se va a dar cuenta. Esa es una cuestión que siempre me ha llamado mucho la atención, que me ha parecido interesante y que es un poco como el emperador desnudo. Todo el mundo sabe lo que pasa pero no se habla claramente, tan sólo se da por hecho. Pero yo pienso que es algo de lo que podemos hablar porque se trata de una cuestión que está muy patente en la sociedad actual.


-De todo ese mundo sabes mucho porque en tus comienzos te diste a conocer como uno de los primeros youtubers españoles y te moviste mucho por las redes. 

-Sí, es cierto tanto para lo bueno como para lo malo es algo que he conocido porque estuve muchos años viviendo en esa realidad. Algo con lo que nunca pensé que iba a convivir. Estar en el ojo de mucha gente, de sentirte vigilado o más bien de recibir una atención superior a la de una persona corriente. Y sí, es cierto que ahí uno se da cuenta de muchas cosas y también acabas conviviendo con gente que está en el mismo paradigma porque al final todos los entornos se comparten y digamos que acabas viendo la jugada desde otra perspectiva. 


-Parece que de esa experiencia saliste un poco escaldado.

-No diría tanto escaldado porque en realidad tengo un buen recuerdo y creo que ya estoy en paz con todo aquello, pero sí te das cuentas de que no era yo del todo, aunque hacer contenidos para el entretenimiento fue gratificante y lucrativo, e incluso te ilusiona y hace reír. Pero donde realmente soy feliz es con un papel y un lápiz, estando solo, siempre había apreciado mucho la soledad y por fin he conseguido estar solo. 


-O sea que al final te has decantado totalmente por el cómic. 

-Sí, claramente sí. De hecho hace ya casi diez años que me dedico totalmente a dibujar. 


-¿Entonces tu faceta en la tele, incluido tu pase por Sálvame como lo recuerdas?

-A ver, estuve con Buenafuente, en La Dos de televisión española y en algunos programas de Santi Millán que se hacían en el canal Neox y en varios sitios más. Lo de Sálvame fue una tontería, simplemente en una ocasión estuve haciendo la narración de una carrera benéfica pero no pasó de ahí aunque lo considero importante en cuanto que fue lo primero que hice en televisión. Luego vinieron colaboraciones mucho más divertidas o de las que al menos tengo mejor recuerdo.


-¿Te gusta la tele? ¿Te sentías cómodo?

-Hay algo que uno aprende en la tele y es a trabajar en equipo. Eso me resultó fascinante porque yo era una persona acostumbrada a hacerlo todo, incluso ahora con el cómic y antes con los videos de youtube. Después me di cuenta de que en la tele para todo hace falta una forma de trabajar que sea precisa, que un foco no se puede cambiar de sitio porque el foquista dice que debe estar ahí, que el encargado del sonido es un especialista, que ha trabajado y estudiado mucho para estar donde está. Así que sobre todo lo más que aprendí fue a valorar el trabajo en equipo. Luego hay otras cuestiones personales que me ponen muy nervioso y por eso me dio la impresión de que todo era muy ficticio. El programa que hice en La Dos sobre internet recibió un poco más de críticas y entonces me dije que igual al final aquello no molaba tanto como creía pero así y todo me siento muy agradecido de lo que viví en esa etapa.


-Entonces tus planes ahora pasan por dedicarte exclusivamente al cómic. 

-Sí, sí en eso estoy, es lo que me hace feliz y además ahí siento que es desde dónde puedo ofrecer más de mí. Espero que mi legado se quede sobre todo en las páginas, no me gusta ser protagonista y en el cómic consigues que lo sean otros. Prefiero evitar ser el foco de atención a pesar de que por la vida que he llevado puede parecer lo contrario.


-En los cómics los protagonistas son otros pero más bien funcionan como una especie de marionetas para expresar lo que cada autor quiere. Es como si se escondieran detrás de ellos.

-Más que esconderse diría que es una forma de que sea tu obra lo que mole, no tú. Esa es la apreciación que más me llena.


-Sería algo así como que los autores utilizan la trama y los personajes para explicar su mensaje, claro.

-Al final cada uno tiene sus obsesiones, sus pensamientos y una serie de historias que de algún modo son cíclicas.


-Has hecho ya varios cómics, incluso te llegaron a dar un premio en el Salón de Barcelona, el más prestigioso del país. 

-Sí, fue en 2009, hace mucho tiempo ya. Llevo como ocho obras, según las cuentes porque hay una que está dividida en varias partes. Ya es casi una década intentando sacar una al año que sea sólida y con muchas páginas, mucha prestancia. 


-Desde luego Buena Gente es una edición muy bien cuidada. 

-Sí, el trabajo de la editorial Dolmen ha sido espectacular, no puedo quejarme en absoluto, al contrario no hay sino que alabar y agradecerles la atención que ponen en todo lo que hacen, porque se esmeran mucho y eso es algo que tiene sus efectos en la narrativa y en la experiencia que viva el lector.


-Esa quizás sea la mejor manera de luchar contra la piratería. 

-Pues fíjate, la piratería funciona más bien en el cómic americano ahí sí que es verdad están muy pirateados pero el mercado español no da ni para eso. Me explico, es tan limitado y precario que ni siquiera se piratea.


-Pero en tu caso has conseguido vivir exclusivamente del cómic. 

-Sí, totalmente. Tengo la suerte de vender lo suficiente como para vivir sólo de este trabajo, lo que me parece un privilegio. La vida me ha hecho el regalo de poder seguir aquí, lo que es más complicado aún si se tiene en cuenta que después de tantas obras el suflé se podía haber desinflado ya. Pero al revés, parece que cada vez todo lo que hago tiene más impacto.


-¿De todos tus trabajos cuál te hace sentir especialmente orgulloso y consideras más llamativo? 

-Pues diría que es Baños Pleamar, que salió en el en 2022 y es una obra que ya se ha hecho internacional, está publicada en varios países y de hecho ya va por las once ediciones, ni más ni menos. Me gustas porque ha roto el círculo del estricto mundo de los cómics y ha llegado a muchísima gente.


-Supongo que al hacer casi una novela por año ya tendrás pensada cuál va a ser la próxima. 

-Tengo varias ideas sobre la mesa y ahora estoy justo en el punto de empezar a ponerme a elegir una de ellas y a trabajar. Siempre me paso mucho tiempo preparando lo que hago y siento que eso luego repercute en que la historia tenga solidez, pero cuando me lanzo lo hago al doscientos por cien. Así que ahora me lo pienso mucho porque cuando tomo la decisión luego sé que no voy a salir de casa durante mucho tiempo.


-¿Pero no hay alguna idea de las que tienes que te guste más que otras?

-El problema es que tengo demasiadas pero la que me está atrayendo es hacer algo en torno a la figura de los monstruos, porque es algo que siempre me ha fascinado, de cómo se convierten en una herramienta para retratar lo que en realidad somos. Desde pequeño siempre he estado más del lado de las criaturas y la gente terrible que de las personas que parecen, al menos honestas. Así que igual tiro por ahí. 


-¿Cómo dirías que es una jornada normal de trabajo cuando estás en plena creación?

-Depende. Cuando estoy metido al cien por cien como con Buena Gente me levantaba a las siete de la mañana, trabajaba un poco, luego paseaba a no ser que hiciera mucho calor, volvía a trabajar al mediodía, daba otro paseo para descongestionar, dibujaba de nuevo hasta la noche, cenaba y quizás antes de acostarme daba algunos retoquitos. Así que en resumen diría que estaba trabajando prácticamente todo el día. Cuando hice Buena Gente, tenía tantas ganas de sacar adelante la historia que estuve así durante siete u ocho meses de lunes a domingo. Sin descansar. Pero eso no es una queja, sino una forma de vivir que he elegido y que me apasiona tanto como el primer día. 


-Supongo que esa es la manera de sacar una obra al año, lanzándote de lleno y hasta el fondo. Otros autores tardarán más porque son menos apasionados.

-Sí, en ese tiempo desaparezco. Cada autor tiene su ritmo y yo soy especialmente rápido, sé sacarle partido a las horas, le echo muchísimo tiempo pero más o menos creo que estoy en la media para las páginas que hago. El volumen de trabajo para un cómic americano es diferente, uno pone la tinta, otro el color, otro hace los textos y uno más los dibujos, mientras que yo lo hago todo. Estoy en la media europea, diría. 


-¿Dirías que prefieres la inmediatez a la perfección?

-Diría que prefiero la energía a la perfección, el impacto al refinamiento. Me parece que hay una parte en la corrección que resta esa energía y a mí me gusta más centrarme en el impacto, en la atmósfera, la gestualidad, en la vibración porque muchas veces me ha pasado que me pongo a retocar y siento que cuando más arreglo, menos es lo que quiero transmitir. Si perfeccionas el trabajo tal vez queda más bonito pero al final el lector pasará las páginas volando.

Si continúa navegando, acepta nuestra política de cookies    Más información
Privacidad