Guillermo Saavedra, historietista: “Visto lo visto, prefiero que las cosas buenas sean las que no me puedo imaginar”


Por Noé Ramón //

El dibujante grancanario Guillermo Saavedra permanecerá desde marzo a junio en la Meca del cómic europea, la localidad francesa de Angoulême gracias a una beca de Ficomic que le permitirá trabajar en una nueva entrega de la serie Jesulito Jesulín, titulada en esta ocasión Recreo. En realidad ya había conseguido el compromiso de que una editorial se lo publicara a finales de este año pero la gran novedad es que ahora no tendrá que compaginar este trabajo con la ilustración, como norma básica de la supervivencia a la que tienen que recurrir los dibujantes. Saavedra lleva una década viviendo en Madrid. Pese a las miserias habituales del mundo del cómic, sigue siendo un defensor radical de la autoedición y de la libertad creativa para lo que inevitablemente debe marcar una distancia razonable de las grandes empresas. 


-Supongo que estarás muy contento con que te hayan dado  la beca. ¿Cómo se ha gestado todo?

-Es una oportunidad que me ofrecen para trabajar en Angoulême durante tres meses en los que se harán cargo de mis gastos, lo que sin duda supone una gran ventaja para centrarme en el proyecto personal que presenté.


-¿Y en qué consiste ese proyecto?

-Se llama Recreo, y forma parte de la serie Jesulito Jesulín


-¿Y cómo explicarías ese personaje a la gente que no lo conozca?

-Son unas tiras cómicas protagonizadas por una niña de doce años y su mejor amigo, la figurita de Jesucristo del Belén. Suelen ser historias autoconclusivas, cada número con su propia línea argumental. Normalmente tierna, de humor blandito y creo que con tintes irónicos. Siempre desde la ternura, me parece a mí. Al menos, es lo que intento plantear.


-¿Ha habido algún autor en Canarias al que le hayan dado esta beca o algo parecido?

-Esta en concreto no, porque es nueva, pero Rayco Pulido sí que estuvo ya en Angoulême, trabajando en el libro que le valdría el Premio Nacional de Cómic en 2017.


-¿Estas becas tienen alguna relación con el festival que precisamente no atraviesa su mejor momento con la cancelación de la edición de este año por una serie de historias extrañas entre los organizadores?

-En principio no hay ninguna relación, más allá de que se celebra en Angoulême. La Maison Des Auteurs es una entidad que está allí todo el año y acoge a gente de muchos lugares del mundo. Cuando el festival se celebra, sigue habiendo residentes en La Maison, pero en principio es una cita muy concreta.


-Angoulême está considerada la capital del cómic en Europa, como mínimo, así que supongo que estarás muy ilusionado con esta beca y el tiempo que vas a pasar allí. 

-Estoy ilusionadísimo, claro. Por dondequiera que pasas tienes recordatorios visuales de lo importante que es allí el cómic. Es como el Disneyland del tebeo.


-Supongo que ya has estado antes.

-Sí, estuve el año pasado y la primera vez creo que fue en 2023.


-¿Has podido vivir exclusivamente de dibujar o lo compatibilizas con otros trabajos?

-Vivo de esto y de ilustrar libros, sobre todo juveniles o infantiles. Pero sí, he podido dedicarme exclusivamente de dibujar.


-…Lo que no suele ser muy habitual. 

-La respuesta corta es que no porque es un mundo muy precario, por eso considero que he tenido mucha suerte. Afortunadamente puedo vivir con muy poquito y sacándome las castañas del fuego.


-¿Se podría decir que estás influenciado por el manga? Por edad te habrá cogido bastante de lleno. 

-Creo que podría decirse que sí pero por una cuestión generacional. No me considero un gran lector de manga. Explícitamente no me ha influido, ni creo que sea uno de mis principales referentes. 


-¿Y cuáles serían entonces? ¿El cómic europeo?

-Quizá el cómic norteamericano. Dicen que se nota mucho en Jesulito-Jesulín por el tono underground que tiene. Mis cómics favoritos son humildes y sin pretensiones, me gusta el tono naif. Ahora mismo mi mayor referente es Andrés Magán, que es de La Coruña. Me gustan mucho las temáticas que aborda.


-¿Y el underground de Barcelona de los años setenta y ochenta? Es casi lo mismo. 

-Sí, sí que me atrae ese espíritu, claro. Se acerca también. Me gusta la idea de crear sin ningún intermediario y sacar un poco lo que te venga en gana. Eso es lo que me parece más especial. 


-Veo que eres un defensor de la autoedición. 

-Se podría decir que sí. Considero que lo más novedoso se hace al margen de la industria. Por ahora no creo que esta tenga la posibilidad de hacer nuestro trabajo menos precario. Dibujar al margen de las empresas da libertad. 


-En España hay muchos compañeros tuyos que viven bastante bien trabajando para las grandes multinacionales norteamericanas de superhéroes. Aunque me da que creativamente es algo que no te atraería demasiado. 

-Hay gente que se dedica a dibujar cómics de superhéroes y realmente lo disfruta, pero la verdad es que también resulta muy demandante. Cuando he trabajado para el mercado estadounidense he comprobado cómo todo se hace mucho más rápido. Ganas más dinero en menos tiempo, así que entiendo que eso sea una forma de entender y enfocar tu carrera. Respeto muchísimo a la gente que dibuja superhéroes, y en general a quienes se dedican a nichos que les permiten mantenerse y ganar dinero, más la de que les guste o no. A mí me ha venido muy bien compaginar diversos tipos de proyectos, trabajando en cosas por rédito económico que me dejan tiempo para dibujar lo que me apetece.


-Supongo que seguirás manteniendo tus vínculos con Canarias.

-Sobre todo los creativos, porque los artistas de las islas me inspiran mucho. Veo proyectos con los que me identifico y a los que me gusta estar atento. Me cuesta imaginar como podría ser integrarme de nuevo allá, pero igualmente considero que en el panorama cultural se están haciendo cosas superpoderosas. 


-¿A qué edad te fuiste a vivir a Madrid?

-A los 17 años me mudé para estudiar y ya tengo veintiocho.


-Supongo que marcharías porque en Canarias es casi imposible desarrollar una carrera de peso, incluso lo es en España. En las Islas quizás el trabajo sea muy creativo pero económicamente no lo será tanto. 

-Me fui para estudiar. Puede que tengas razón, pero no creo que todo sea blanco o negro. En Canarias hay otro ritmo de vida. Está claro que no hay eventos grandes como en la Península, que reúnen el tipo de proyectos en los que trabajo y en los que ganar dinero vendiéndolos.


-También se te relaciona con el movimiento LGTBI. ¿Esa es una constante en todas tus obras o algo que aparece de vez en cuando? 

-Es algo intrínseco de mi persona. Siento que toda mi sensibilidad está un poco ligada a esas temáticas por cómo es y entiendo mi vida. En una visita de Rosemary Valero-O’Conell a Madrid, le preguntaron por la diversidad de sus personajes, y ella dijo que esa inclusión no es forzada. Esa es su realidad. Como “hablo de la vida tal y como la vivo”. Yo diría lo mismo. 


-¿Después de Angoulême tienes algún proyecto en mente?

-Cuando vuelva de Angoulême seguiré trabajando en mi proyecto, que en principio verá la luz a finales de año.


-Entonces se puede decir que al pagarlo la beca y la editorial vas a salir ganando más dinero. Lo que nunca está mal. 

-Podría verse así, claro. Durante tres meses la beca me permite trabajar despreocupadamente, y la editorial mantiene su compromiso de apoyar también mi trabajo. Lo que más me gusta de esta colaboración es que confío en ellos para crear un objeto bello más allá de su potencial lucrativo. Intento ganar dinero de otras maneras que compagino con mi faceta de autor. Publicar un libro de estas características me resultaría imposible sin su ayuda.


-El trabajo de ilustrador lo tendrás que dejar de lado durante un tiempo. 

-Sí, durante los meses en los que esté en Angoulême. La ilustración es un trabajo inestable, y lo he estado compaginando con el desarrollo de este proyecto. Eso es lo que seguiría haciendo si no me hubieran dado la beca, así que ahora tengo la inmensa suerte de poder dedicarme enteramente a Recreo.


-¿Por dónde crees que irá en el futuro tu trabajo?

-Me gustaría seguir como ahora, aprendiendo y siguiendo adelante como en realidad he hecho siempre. Mi sueño era ser residente en La Maison Des Auteurs y poder crear lo que quisiera sin que nadie me dijera cómo hacerlo. Cumplí ese sueño al editar mi primer fanzine, y ahora el de ir a Angoulême. No sé lo que me va a deparar el futuro, eso es algo muy misterioso. De hecho, nunca pensé que me dieran esta beca por algo que empecé a hacer por diversión. Visto lo visto, prefiero que las cosas buenas sean las que no me puedo imaginar.

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