Festival de Música Religiosa de Canarias: veinte años son muchos


  • El programa impulsado por el director de orquesta Gregorio Gutiérrez recorrió el archipiélago con su propuesta musical

El Festival de Música Religiosa de Canarias cerró su vigésima edición este domingo, 22 de marzo, en Icod de Los Vinos, con un concierto que fue recibido con emoción por el público en la parroquia de San Marcos. A la salida de la iglesia, los comentarios elogiosos no se hicieron esperar: “lo mejor que hemos oído aquí”, dijo un vecino de Icod a quien lo acompañaba, una frase que también se pronunció, casi idéntica, en Santa Brígida unos días antes. 

La música que propone escuchar el Festival de Música Religiosa de Canarias “invita a la introspección”, había asegurado su director, Gregorio Gutiérrez en la presentación de esta edición. “Con este arte puedes intentar llegar al individuo. Seguramente la música, y este tipo de música, puede colaborar algo a mejorar el estado de las personas; ahí está la intención de nuestro trabajo. Si, desde que empieza sonar la primera nota hasta que termina la última, la gente se olvida de sus problemas, me siento satisfecho; nuestro trabajo está hecho. Si, además, siente algo… llora, ríe o lo que sea, mejor”, apunta el director de orquesta canario.

Han sido 16 conciertos a lo largo de cuatro semanas, con los que distintas formaciones musicales e intérpretes han recorrido siete islas del archipiélago, con todo lo que conlleva no solo de aportación cultural a la ciudadanía de las islas, sino también, de esfuerzo de organización y producción para garantizar que se llega a todos los públicos posibles y que la programación cultural se descentralice, algo imprescindible en el territorio insular, según la perspectiva de Gutiérrez.

“Aquí no se improvisa nada, ni la asistencia de público ni la calidad del programa”, subraya el director. El público se ha ido consolidando a lo largo de 20 años, de los que, al menos 15 han incluido ese periplo insular que caracteriza al Festival. “Excepto las ciudades, que ya tienen cierta tradición, en los otros sitios la gente ha ido llegando, se ha ido creciendo poco a poco hasta llegar a encontrarnos con las iglesias repletas”, apunta Gutiérrez, un director conocido por la importancia que da al encuentro de la música clásica con públicos poco habituales. De ahí que los conciertos se celebren en iglesias, espacios que atraen a personas no sometidas al protocolo habitual de los auditorios.

En cuanto a la programación y los intérpretes participantes, el director también se muestra satisfecho: “la calidad tampoco se improvisa”, insiste, para enfatizar que, por segunda vez, “hemos podido hacer encargo a un compositor, compositora en este caso, Dori Díaz Jerez; hemos podido dar estabilidad a una orquesta y, desde hace tiempo, podemos traer grupos y artistas de fuera, lo que aporta un toque de internacionalización y es de más interés para el público, porque escucha nuevas voces y repertorios distintos”.  

En este sentido, para esta vigésima edición ha sido posible construir un programa “muy interesante”, con Capella de Ministrers, un grupo valenciano de música antigua, “con un repertorio y un programa muy bien trabajado”; el organista de La Orotava Juan Luis Bardón, “de gran valor”, con el que el órgano entró por primera vez en el programa del festival; la Agrupación Vocal Reyes Bartlet, “un coro que tiene una trayectoria larguísima, que hace también mucho trabajo en su municipio” y, en el cuarto programa, los cantantes Alexandra Flood (soprano, de Australia) y Paul Armin Edelmann (barítino, de Austria) –“creo que para el público es interesante traer voces nuevas, y, si son muy buenas como estas, más aún”–, junto a la Orquesta del Festival y el Coro de Cámara Ainur, ampliamente reconocido en las islas.

El gran reto de este año fue el estreno absoluto de Nuntia a María Magdalena, la obra de la compositora tinerfeña Dori Díaz Jerez creada por encargo del festival, que ofreció una imagen de esta figura bíblica adecuada a una composición religiosa del siglo XXI, basada en textos del evangelio apócrifo atribuido a la que se dice que fue una de las discípulas más significativas de Jesús de Nazaret.

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