Por Noé Ramón //
Carles Ponsí, dibujante con una trayectoria de 25 años, repasa en esta entrevista una carrera que abarca desde sus inicios con Quim Bou, como profesor hasta la consolidación actual en El Jueves. El autor nació en la localidad de Figueres vinculada con la figura de Dalí, aunque como referentes domésticos prefiere a la primera concejal trans, Manuela Trasobares, sobre todo porque cree que Dalí ya ha sido bastante reconocido. En cuanto pudo marchó a una Barcelona que vivía la resaca del underground, corriente que admira y en la que surgieron algunos de sus inevitables influencias como Nazario. En estos años ha sido objeto de campañas, amenazas de querellas e incluso de llamamientos a darle “un susto”, siempre por parte de la extrema derecha y especialmente por sus chistes sobre la religión.
-Tu carrera se inició en Barcelona, supongo.
-A los 17 años me fui a estudiar Bellas Artes a Barcelona. Pero durante mi adolescencia en Figueres estuve yendo a clases de cómic y al final Quim Bou me ofreció participar en un proyecto para la revista Cáñamo. Él terminaba una serie y quería empezar una nueva conmigo y con otro guionista que también venía del mismo curso, la empezamos y ese sería mi primer paso profesional. Fue hace 25 años, ¡me siento super viejo!
-Fuiste muy precoz entonces. Has estado metido de lleno en revistas importantes como El Jueves, Cáñamo, Zero…
-Sí, empecé con Cáñamo, pero al cabo de un año nos cancelaron la serie. Como nos gustaba mucho el proyecto, se lo presenté a la revista El Jueves para continuarla allí. En ese momento la propuesta no cuajó, pero el editor Albert Monteys me preguntó si tenía otro tipo de material. Yo estaba desarrollando un proyecto de temática gay, se lo mandé, les gustó y así empecé en 2007. La serie se llamó Sauna Paradise y duró unos tres años. Gracias a eso comencé también en la revista Zero y en Odisea Men.
–Y aún sigues en El Jueves.
-Sí, sigo trabajando allí. Tras finalizar Sauna Paradise, he seguido como colaborador. En la revista he hecho prácticamente de todo: actualidad política, humor gráfico, fotomontajes, tiras… He formado parte del Consejo y he estado en la propia redacción haciendo sustituciones. He pasado por casi todos los papeles.
-¿Y qué prefieres? ¿El formato mensual actual o el semanal de antes?
-Cambia mucho el concepto. A mí el semanal me gustaba mucho, sobre todo cuando estaba la web activa y se hacía todo al momento. Pasaba una noticia, la escuchabas en la radio a las ocho de la mañana y a las nueve ya tenías un chiste preparado para subir. Sin embargo, la actualidad se ha vuelto tan inmediata con las redes sociales que el modelo clásico de esperar una semana para ver qué decía El Jueves sobre un tema ha perdido fuerza. Por eso creo que este formato mensual es una evolución natural para adaptarse a cómo se comunica la sociedad en la última década.
-Algunos dibujantes dicen que ahora sufren menos estrés a la hora de trabajar. ¿Es ese tu caso?
-Eso sí, claro. Aunque no tenemos una semana entera, a veces contamos con un máximo de diez o quince días para la entrega. Sigue siendo un ritmo apremiado, pero siempre es un reto y eso es lo bueno.
-Trabajaste en Minoría Absoluta, la productora del programa Polònia en TV3, que es muy conocida por sus parodias políticas. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Sí, estuve trabajando en su web en un momento en el que la estaban promocionando. Hacía viñetas gráficas diarias sobre la actualidad política durante un año.
-Dada tu línea rompedora ¿Has sufrido muchas polémicas por el contenido de tus viñetas?
-En la revista El Jueves tuve un par de polémicas con la extrema derecha. También viví un episodio con una cofradía de Badajoz. Hice un chiste sobre el exministro Fernández Díaz, que le había otorgado una medalla a la virgen. Como el ministro sufrió un ataque al corazón, el chiste era que le retiraba la medalla a la virgen por no haber cuidado su salud. Eso les molestó mucho. Fueron a medios como la Cope y el ABC diciendo que me iban a poner una querella. Al final algún abogado les debió decir que aquello no tenía base legal. Como no pudieron proceder por la vía judicial, organizaron siete misas para rezar por la provocación a la virgen. Eso fue lo máximo que logré, ¡que fueran a misa! Si así se entretienen ¡Pues adelante!
-Al estar en Barcelona y vista tu línea seguramente tuviste relación con el ambiente underground
-No son ambientes en los que me solía mover habitualmente. Cuando llegué a Barcelona aún quedaba cierta parte viva de esa escena, pero con la crisis de 2008 desapareció y aquella generación quedó un poco en el aire. El underground actual pertenece a una gente mucho más joven. Aún así, soy un gran admirador de todo lo relacionado con el movimiento artístico y de cómic de la Barcelona del siglo XX. En los años setenta y ochenta figuras como Ocaña o Mariscal hicieron un trabajo muy rompedor. Fue una idea muy disruptiva para irrumpir en la escena cultural desde una perspectiva absolutamente diferente.
-También hiciste un vídeo para una canción de Eurovisión.
-Sí, exacto. Fue hacia el año 2009. En esos ambientes conocí a un cantante de un grupo llamado Electronikboy. Me pidieron un videoclip y después se presentaron al concurso para elegir la canción que iría a Eurovisión. Ellos no ganaron pero de ahí salió el videoclip.
-Por eso quería preguntarte por la polémica actual con Eurovisión y la negativa de España a presentarse e incluso retransmitir el concurso como protesta por la presencia de Israel.
-Me parece una decisión acertada, tanto no participar como no emitirlo. Eurovisión está blanqueando a Israel al permitir su participación. No sacarlo en la televisión pública me parece consecuente con la propia decisión de no ir.
–¿Te has sentido víctima de la censura a lo largo de tus 25 años de carrera?
-Nunca he sufrido censura como tal. Tuve una polémica cuando saqué mi segundo cómic, que era una autobiografía sexual mía con todos los desastres y fracasos que había padecido. Una web de reseñas asumió que la temática gay no era adecuada para sus lectores y se generó mucho ruido en twitter (ahoraX). También hace unos años, por un chiste sobre Semana Santa, algunos fascistas de Madrid hicieron circular mi foto para animar a la gente de Barcelona a que me dieran un «susto» mientras firmaba en Sant Jordi. En esa ocasión sí tuve que denunciar.
-Por lo que veo te tomas con ironía los actos contra la homofobia al estilo de los que se hacen en el fútbol. ¿Crees que hay un avance real o solo apariencia?
-Vivimos en una constante lucha respecto a los derechos LGTBI, de migrantes, personas racializadas y mujeres. Muchas empresas e instituciones usan estas causas como un lavado de cara para conectar con el público y hacerse “las modernas” pero el objetivo final es ganar dinero. Hice un cómic sobre la homofobia en el fútbol y la conclusión es esa: hay demasiados intereses en juego como para que realmente les preocupen los derechos humanos, más allá de simular que les importa.
-¿Sientes que estás encasillado en la temática LGTBI?
-La verdad es que no. Empecé con esa temática y he hecho ese contenido divulgativo tanto en El Jueves como en mis redes. Pero he tenido mucha libertad. El 50% de mis lectores son del colectivo LGTBI y el otro 50%, simplemente es gente a la que le gusta mi tipo de humor.
-¿Te consideras un autor más centrado en los personajes o en las historias?
-Buena pregunta. Soy más de chistes. Me gusta hacer humor, que es lo que más disfruto. Toco muchos palos: humor negro, sátira política y cómic infantil. Hago un poco de todo, pero siempre desde mi perspectiva y dibujando lo que me hace gracia a mí. Supongo que esa esencia y honestidad es el hilo narrativo que la gente nota y por lo que me siguen, independientemente de la temática.


