Esther Peces, ilustradora: “Si pintara ‘Las Meninas’ igual que Velázquez, mi labor carecería de sentido”


Por Noé Ramón //

Han pasado dos años desde que Esther Peces se dio a conocer a través de un original y exitoso proyecto que consistió en realizar stickers sobre obras del Museo del Prado. A partir de entonces ha mantenido su colaboración con la  catedral de la pintura y también con la Galería de las Colecciones Reales, el proyecto museístico español más importante de los últimos años, siempre con la idea de dar a conocer de forma distendida sus impresionantes fondos. En esta línea ha realizado dos vídeos sobre las reinas Isabel de Farnesio, Cristina de Suecia y Mariana de Austria, en los que se reconoce el apabullante y desconocido papel que estas monarcas tuvieron a la hora de convertir el Prado en lo que con el transcurso de los siglos se ha convertido. También editó el libro Mi  Librería y Yo con el fin de reivindicar estos espacios en su formato más tradicional y reconocer su lucha por sobrevivir a la vorágine digital, ganó el Premio Villa del Melgar de Ilustración   y mantiene su inamovible oposición a dejarse devorar por la Inteligencia Artificial (IA). En la actualidad acaricia la idea de publicar una novela gráfica totalmente suya tanto en contenido como en imágenes. Si la industria se lo permite, claro. En definitiva esta autora se ha convertido en un inesperado puente entre el arte en su versión estrictamente académica y sesuda y la ilustración, más cercana.


-Hace ya dos años de nuestra última entrevista. ¿Qué ha pasado en tu carrera desde entonces?

-Han pasado muchas cosas muy bonitas. Publiqué un nuevo álbum ilustrado titulado Mi librería y yo. También realicé dos nuevos vídeos en colaboración con el Museo del Prado, el último se estrenó en marzo y se llama Las Tres Reinas, en homenaje a las mujeres que dieron vida y forma gran parte de lo que hoy es el museo y colaboré con la Galería de las Colecciones Reales. Además, gané el Premio Villa del Melgar de Ilustración con dos piezas inspiradas en las leyendas de Toledo. Sigo compaginando mi faceta de ilustradora con la docencia en la Escuela Minúscula y en un instituto y ya preparo nuevos proyectos para este verano.


-¿Nos puedes hablar de tu último álbum ilustrado, ‘Mi librería y yo’, editado por Iglú junto al escritor Fran Nuño? ¿Cómo lo definirías?

-Lo definiría como una dedicatoria a los cuentos y a las librerías de toda la vida. Es una invitación a visitarlas y a cuidarlas frente al consumo digital o las compras masivas en plataformas que son las que más les hacen daño. No creo que las librerías vayan a desaparecer nunca, pero sí tienen que luchar más que antes. Ahora deben competir organizando actividades y buscando alternativas para mantenerse vivas, no debería ser así, pero así es. 


-¿Has experimentado algún cambio en su estilo o en las temáticas que abordas en estos años?

-Las temáticas varían según el proyecto, como el enfoque de resistencia cultural de Mi librería y yo. Más allá del álbum ilustrado, últimamente me he adentrado en el mundo del cómic, preparando bastante material para mi dossier y explorando nuevas narrativas. Me gusta meterme en líos artísticos y probar formatos. También me encanta escribir mis propios texto y me gusta irme formando en esa dirección.


-Por lo que se ve continúas colaborando con el Museo del Prado y de ahí surge la Galería de las Colecciones Reales. ¿Qué buscas aportar a estas instituciones?

-Estas instituciones manejan mensajes históricos y artísticos muy complejos. El objetivo de mis vídeos e imágenes es simplificar esos conceptos, hacerlos atractivos y accesibles para todo tipo de públicos. Busco que la gente entienda el origen y el valor de estas colecciones de una forma visual y bella.


-¿Por qué crees que estas grandes instituciones te eligen para comunicar sus mensajes?

-Creo que influye mi experiencia en visual thinking (pensamiento visual). Sé cómo sintetizar una idea compleja y transmitirla con claridad al espectador. Además, manejo una línea de dibujo sencilla y este formato de vídeo divulgativo no es tan común. El hecho de haber trabajado juntos antes y comprobar que los proyectos funcionan con éxito ayuda a que sigan confiando en mí.


-¿Has recibido críticas por simplificar obras de arte tan importantes como las del Museo del Prado?

-No, en absoluto, al final se entiende que mi trabajo no consiste en hacer una copia exacta. No se trata solo de simplificar. Si yo pintase Las Meninas igual que Velázquez, mi labor no tendría sentido, solo puede haber un Velázquez. El trabajo de un ilustrador es hacer un ejercicio de síntesis, aportar su propia personalidad a una imagen que ya existe y darle un aire nuevo para transmitir un mensaje diferente, pero respetando siempre la obra original. El cuadro Las Meninas siempre va a ser reconocible y mi intención es que así sea. Sin embargo, tenemos que seguir dándoles una vuelta para que el público la perciba de una manera diferente, mantenga su cariño y continúe visitando el museo.


-Creo que también realizaste un proyecto relacionado con las monarcas que han tenido un papel fundamental en que el Prado se haya convertido en lo que es en la actualidad.

-Sí, en el último año he realizado dos vídeos: el de Las tres reinas y uno específico sobre Isabel de Farnesio. El primero hace alusión a Mariana de Austria, Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio, cuyas obras y retratos forman parte del Museo del Prado. Cristina de Suecia, por ejemplo, reunió una gran colección que posteriormente adquirió Isabel de Farnesio. 


-Precisamente el museo le dedicó una importante exposición a esta última.

-Por esa razón hicimos un vídeo exclusivo a Isabel de Farnesio coincidiendo con la exposición que el Prado organizó sobre su colección. 


-¿Qué particularidad tiene esa muestra?

-Como detalle curioso, esta reina marcaba cada uno de sus cuadros con una flor de lis para indicar que le pertenecían. Es un detalle que observé, quizás por casualidad, en su retrato pintado por Louis-Michel van Loo en 1737, y en el vídeo se representa esa constante de marcar las obras.


-¿Este proyecto nació como un encargo directo del Museo del Prado, al igual que los otros?

-El Museo del Prado organizó esta maravillosa exposición para rendirles homenaje. Ha tenido éxito porque, al fin y al cabo, son figuras claves que el público general no conoce tanto. La colección del museo es inmensa gracias a que hubo personas detrás, como Isabel de Farnesio, que se dedicaron a coleccionar, conservar y ampliar este patrimonio.


-De todo lo que te han dicho sobre estas colaboraciones con el museo, ¿qué es lo que más te ha halagado?

-Me halaga que la gente aprecie el trabajo, especialmente cuando valoran que sea mi propia voz la que narre la historia en vez de tratarse de vídeos generados con IA. Les gusta saber que hay una persona real detrás del proyecto y percibir que existe una labor previa de documentación y comprensión de lo que estoy contando, cuando eso se aprecia, el trabajo vale aún más la pena.


-¿Significa eso que prefieres no utilizar la Inteligencia Artificial en absoluto en tus creaciones?

-No la utilizo. No tengo nada en contra de quien la emplee como una técnica más, pero no es mi forma de trabajar. Creo que faltan muchas regularizaciones a nivel legal para que yo pueda considerar utilizar la IA generativa. Tal y como está planteada ahora, la verdad es que no me interesa. 


-¿Qué proyectos tienes previstos a medio plazo?

-Actualmente estoy muy enfocada en el álbum ilustrado. Quiero seguir creciendo en esa dirección, creando cuentos que sirvan de consuelo y transmitan esperanza a los más pequeños. También me interesa avanzar paulatinamente hacia la novela gráfica.


-¿Tienes alguna idea en marcha dentro del ámbito de la novela gráfica?

-Tengo varios proyectos con las ideas y los guiones bastante cerrados, pero todavía son secretos. Ojalá encuentre pronto una editorial que apueste por ellos para poder compartirlos formalmente. Además de ilustrar, disfruto mucho escribiendo mis propias historias. Es un terreno en el que quiero expandirme, cuando eres la autora completa del libro, las posibilidades se multiplican. La página te pertenece por completo: decides si incluir una sola frase o cinco,  manejas el ritmo de la narración.


-¿Cómo es el día a día de una creadora que se tiene que mover dentro de los límites que te marca la industria?

-Es una montaña rusa. Hay días maravillosos en los que el trabajo fluye y recibes mensajes de cariño, o te escribe alguien contándote que su hijo se ha leído tu libro cuarenta veces y por otro lado, también surgen días de dudas e incertidumbre. Nos enfrentamos a una industria compleja, con anticipos bajos y dificultades para mantener vivos los libros en las librerías. No es un sector donde se pague bien ni donde abunde el empleo, hay que luchar mucho por publicar y permanecer en las estanterías. Es una batalla constante, pero a la vez hermosa, llena de sensibilidad, de historias emocionantes y de oportunidades para dejar huella.

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