Las cartas que el tiempo no consiguió borrar


  • La escritora y Premio de Canarias, Cecilia Domínguez, presenta ‘Cartas de Cilce y el doncel de Guerea’, un diálogo poético con el poeta Arturo Maccanti que recupera la memoria de una amistad y reivindica la palabra como patrimonio cultural dentro del XIII Campus de Etnografía y Folclore de la ULPGC

Hay amistades que continúan hablando incluso cuando una de las voces ya no está. Basta abrir una carta, volver a leer un poema o escuchar de nuevo unos versos escritos hace más de veinte años para comprobar que algunas conversaciones nunca terminan. Permanecen suspendidas en el tiempo, esperando el momento de ser recuperadas. Eso es, precisamente, ‘Cartas de Cilce y el doncel de Guerea.’ Mucho más que un libro de poesía, es la historia de un diálogo que la escritora Cecilia Domínguez Luis y el poeta Arturo Maccanti comenzaron a finales de los años noventa sin imaginar que, décadas después, acabaría convirtiéndose en uno de los testimonios literarios más íntimos y singulares de las letras canarias.

La escritora tinerfeña, académica numeraria de la Academia Canaria de la Lengua y Premio Canarias de Literatura, presentará esta obra el día 15 de julio, a las 20:00 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de la Villa de Ingenio. La actividad forma parte del XIII Campus de Etnografía y Folclore de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, integrado en la programación del XXXI Festival Internacional de Folclore Villa de Ingenio.

La publicación tiene, además, un profundo significado personal. Durante años, aquellas décimas permanecieron guardadas hasta que la Academia Canaria de la Lengua impulsó su edición, haciendo realidad un deseo que Arturo Maccanti había expresado en vida. «Sentí que, al final, había conseguido cumplir el deseo de Arturo Maccanti de ver publicadas estas décimas. Eso compensó el tiempo de espera», explica Cecilia Domínguez, consciente de que el libro trasciende el mero ejercicio literario para convertirse también en un homenaje al amigo y al poeta.

Todo comenzó como un juego. Maccanti firmaba sus versos como el Doncel de Guerea; Cecilia respondía bajo el nombre de Cilce. Dos personajes que dialogaban desde un universo poético propio y que permitían a sus autores explorar el lenguaje desde la ficción. La escritora insiste, sin embargo, en que nunca hubo intención de ocultarse tras aquellos nombres. «Me gusta aclarar que eran personajes literarios. Ya al comienzo del libro explico cómo nació ese juego entre un doncel y una doncella renacentistas, con una personalidad propia que Arturo y yo interpretábamos.»


Diálogo en décimas

Aquella correspondencia, construida íntegramente en décimas, pone también el foco sobre una de las formas poéticas más arraigadas en la cultura canaria. Cecilia Domínguez recuerda que la décima nació en la literatura culta del Siglo de Oro antes de convertirse, con el paso del tiempo, en una de las grandes expresiones de la tradición oral en Canarias y en buena parte de Hispanoamérica. «Su riqueza temática y el trabajo de tantos decimistas han hecho que siga viva. Puede hablar del amor, de la ironía, de la crítica o de la vida cotidiana. Por eso ha arraigado tanto entre la gente.» No es casual que este encuentro tenga lugar dentro del Campus de Etnografía y Folclore. Si durante estos días se reflexiona sobre los oficios tradicionales, la música popular o las manifestaciones culturales que han dado forma a la identidad de los pueblos, Cecilia Domínguez recuerda que la literatura también forma parte de ese patrimonio invisible que pasa de una generación a otra. «La palabra siempre ha sido la principal defensora de nuestra existencia. Somos de la especie humana gracias a ella. ¿Cómo no va a ser también la que preserve nuestra memoria?»

En ese diálogo aparece constantemente Guerea, el nombre con el que Arturo Maccanti rebautizó literariamente a La Laguna. Más que una ciudad, era un refugio emocional. «Aguere le sirve de refugio y lo acompaña tanto en los días grises como en los luminosos. Es un testigo mudo de su paso por la vida», explica la autora. El libro estaba pensado para concluir con una última décima escrita conjuntamente. La muerte de Maccanti hizo imposible aquel final previsto. Cecilia decidió entonces escribir sola la despedida que faltaba. “No fue tanto un cierre como una manera de prolongar una conversación que la muerte había interrumpido demasiado pronto. La literatura tiene precisamente esa capacidad: conservar aquello que el tiempo parece dispuesto a borrar.”.

Quizá por eso, la escritora tinerfeña observa con cierta serenidad el debate sobre los hábitos de lectura. No cree que hoy se lea menos que antes. «No cambia la forma de leer, sino los instrumentos que utilizamos. Antes fueron los libros y las cartas; ahora son las pantallas. Lo que sí me preocupa es la velocidad con la que vivimos. La inmediatez ha reducido nuestra capacidad de concentración. Ese es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.»

Más inquietante le parece, sin embargo, el escaso conocimiento que los propios canarios tienen de su patrimonio cultural. «No solo ocurre con la literatura; sucede con nuestra cultura en general. Hay un desconocimiento que no creo que sea inocente. Y todos sabemos que lo que no se conoce tampoco se valora.» Por eso defiende que el contacto con los libros debe comenzar desde la infancia, pero no como una obligación escolar, sino como un descubrimiento. «Tenemos que acercar la literatura a niños y niñas desde el disfrute. El entusiasmo siempre termina contagiándose.»

Cuando la conversación vuelve a Arturo Maccanti, la respuesta se hace breve. Basta imaginarlo sentado entre el público de Ingenio para comprender que el diálogo entre ambos nunca llegó a romperse. ¿Qué le diría antes de comenzar la presentación? Cecilia sonríe. «Simplemente lo invitaría a leer sus décimas.»

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