- El Festival Internacional de Cine de Realidad de Canarias invita a su público a dialogar con creadores de ambas cintas, Miguel Eek y Lara Sousa
El Festival Internacional de Cine de Realidad de Canarias estrena en las islas este miércoles, 9 de septiembre —en la Sala Timanfaya de Puerto de la Cruz—, las películas Amílcar (87’/2025/España, Portugal, Francia, Suecia, Cabo Verde), de Miguel Eek (a las 18.00 horas), y Nós, povo das ilhas (80’/2025/Portugal, Cabo Verde, Mozambique), de Elson Santos y Lara Sousa; la presentación de esta última a las 20.30 horas es, además, el estreno de esta cinta España.
El archipiélago hermano de Canarias, la única república de la Macaronesia, es el país invitado en esta edición de DOCanarias, que se propone con la presentación de estas dos películas acercar al público del festival a la cinematografía de un país tan cercano como desconocido para la mayoría de la sociedad canaria. Las proyecciones van seguidas de coloquios con sus directores, Miguel Eek, para el caso de Amílcar, y Lara Sousa, como codirectora de Nós, povo das ilhas. Las entradas pueden reservarse a un coste de 3 euros, a través del sitio del festival en la plataforma tickety, localizable en el enlace https://tickety.es/grouping-event/DOCanarias-festival-internacional-de-cine-de-realidad.
Ambas historias son una oportunidad especial para conocer el proceso de constitución de Cabo Verde como nación. La cinta de Miguel Eek aborda la biografía de Amílcar Cabral, líder del movimiento anticolonial de Guinea-Bissau y Cabo Verde frente a Portugal, hasta su asesinato en 1973. La película está filmada en 16mm y construida con archivos inéditos y recrea un diario imaginario a partir de los escritos íntimos de Cabral, atravesado por los derechos humanos, utopías, amor interracial, ambición, guerra y traición.
Por su parte, Elson Santos y Lara Sousa parten de una fotografía olvidada de guerrilleros caboverdianos entrenados en Cuba para reconstruir la historia silenciada de la lucha anticolonial impulsada por Cabral. El que es el primer largometraje documental de Santos se mueve entre pasado y presente, dialoga con los protagonistas de la independencia y reflexiona sobre los sueños, las contradicciones y los desafíos de Cabo Verde, en un viaje entre la memoria, la utopía y el olvido.
Al hablar del cine de realidad africano, el cineasta caboverdiano Elson Santos asegura que “es importante que nuestras historias y narrativas estén acompañadas por un lenguaje cinematográfico propio, una manera de mirar y de hacer mirar que inspire y trascienda nuestras fronteras”, al tiempo que propone “entender el cine como una herramienta pedagógica que estimula la producción de pensamiento crítico y contribuye a cuestionar y desmontar el imaginario y la imaginación coloniales, un proceso de deconstrucción que ocurre tanto a nivel local como internacional”.
Para Santos, “el cine también puede ser un creador de huellas que revela y expone los archivos coloniales. Nuestras luchas por la independencia costaron muchas vidas y estuvieron marcadas por un enorme sufrimiento, cuyas consecuencias perduran hasta hoy. En este sentido, el cine surge como una herramienta que funciona como un archivo vivo para recuperar y preservar memorias que con frecuencia fueron borradas o marginadas. Muchas historias ocultas sacan a la luz la resistencia al colonialismo, las luchas sociales y los movimientos culturales locales”.
La perspectiva de Miguel Eek, nacido en Madrid, criado entre Mallorca, Estocolmo y Barcelona, es muy cercana a la de Santos. A su juicio, ““el cine ofrece una oportunidad extraordinaria para abrirnos a otras maneras de mirar el mundo y cuestionar las creencias y los prejuicios que todos arrastramos”. Eek también utilizó archivos históricos en su cinta y, al respecto, subraya “el coste extraordinariamente elevado de los archivos fílmicos”.
La película, destaca, conlleva “una paradoja”: es un proyecto cinematográfico “con financiación procedente de países que fueron potencias coloniales”, a lo que se suma el que se hace “desde Europa, con un equipo mayoritariamente blanco”; así, “aunque Amílcar es una película claramente anticolonial, también es, en cierto modo, una película neocolonial; este es un tema para mí esencial a discutir. Desde el principio intentamos asumir esa contradicción en lugar de ocultarla”. Eek abordó esta situación “en diálogo constante con el equipo”, que aportó “perspectivas muy diferentes, fundamentales para cuestionar continuamente nuestra mirada y discutir cómo construir la película de la manera más honesta posible. Creo que esa conversación permanente sobre quién mira, desde dónde mira y cómo mira es tan importante como la propia película”, destaca el director madrileño.
El empleo de archivos conlleva desafíos y contradicciones; en eso coincide Santos, quien señala que “la mayoría de los archivos sobre las luchas de liberación permanecen guardados en los antiguos países colonizadores y, muchas veces, el acceso a ellos es difícil y costoso. Al utilizarlos, el cine permite ampliarlos y extenderlos más allá de los espacios donde permanecen confinados”.


