Por Noé Ramón //
Alfonso Casas acaba de publicar hace escasos días una novela titulada Rosa, un doloroso pero a la vez terapéutico relato sobre la muerte de su madre tras una grave enfermedad que le ha servido de catarsis. Para llevar a cabo esta tarea nada mejor que recurrir a sus habituales monstruos y fantasmas, unos seres que habitan en sus obras y le sirven para personificar un amplio abanico de emociones, que van desde el miedo hasta el humor.
Casas es de Zaragoza y lleva unos 12 años en el mundo de la ilustración compaginándolo con otros trabajos pero dedicándole a su pasión todo el tiempo libre que sea posible. Paso a paso se ha construido una carrera, lo que no es poco, y dedicado casi en exclusiva al cómic, un sueño irrenunciable que ya ha tomado forma.
Su obra suma una decena de tebeos, libros infantiles y novelas gráficas de los que ha sido autor completo en títulos como Monstruosamente, Todas las Personas que fui y ahora Rosa. También incluye una obra de teatro y una biografía ilustrada del cantante Freddie Mercury. El hilo conductor de la serie protagonizadas por monstruos no es otra que escenificar emociones como el miedo, ansiedad, el síndrome del impostor, crisis de todo tipo o como en el último libro la ausencia y el duelo por la muerte de un ser querido.
-¿Por qué recurres a los monstruos y fantasmas? ¿Qué significado tienen?
-Los fantasmas se asocian a los que ya no están con nosotros y por lo tanto son una parte de ellos que se queda aquí, una especie de forma de no soltar a la persona que quieres, de atraparla durante un poquito más de tiempo a tu lado. Me parecía muy interesante hacer mi propia versión de los monstruos, a veces más grandes y otras más pequeños, pero usándolos siempre para acompañar a los personajes en diferentes situaciones. Eso era lo fundamental, que estén presentes en todo momento.
-¿Crees que el uso de esos personajes se ha convertido en tu principal característica? ¿Piensas que ya tienes un estilo?
-El estilo inevitablemente va cambiando a medida que haces páginas. Yo he sido siempre un lector de cómics y por esto tengo muchas influencias que intento pasar por un filtro para crear algo que sea algo propio y reconocible como mío. Pero todos cambiamos con el tiempo y entiendo que a eso que se llama estilo le ocurre lo mismo, inevitablemente vamos evolucionando a la vez. Aunque los libros con monstruos son parecidos creo que la forma va cambiando y se adapta a cada uno de los personajes.
-¿Cuáles son esas influencias de las que hablas?
-Pues el manga, el cómic europeo, el americano… todo lo que he ido leyendo durante mi vida que ha sido muchísimo.
-Supongo que por edad te cogería de pleno la fiebre del manga.
-Mi generación vivió el primer boom, me gustó mucho en su momento, fue mi puerta al mundo de los cómics, dibujé un montón en ese estilo porque me inspiró totalmente cuando era adolescente y me abrió las puertas a otro tipo de corrientes. Toda la asignación semanal me la gastaba en comprar cómics, así que efectivamente, comencé con el manga y lo sigo consumiendo. De todas formas existe una confusión por que la gente piensa que es sólo fantasía y acción pero también hay romance y emociones o metaficción. Para mí cualquier tipo de cómics no es tanto un género sino más bien un medio y como tal lo he intentado utilizar.
-De ti se dice que recurres al dibujo como una forma de terapia. Y la prueba más clara sería tu última obra en la que, como ya dijimos, abordas la muerte de tu madre tras una dura enfermedad.
-Siempre he hecho ilustraciones para intentar entender y descifrar una situación, para darle un poco de forma a lo que estaba sintiendo en cada momento y en este último caso le tocó el turno a la ausencia de mi madre. Me di cuenta de que dibujar sobre esta cuestión me evitaba sentir esa pérdida, me impedía sufrir.
-¿Entonces, cómo definirías a esta novela titulada Rosa?
-Pues diría que abordo la historia de una persona que no quiere estar triste, que huye de una ausencia y busca todas las maneras para evitar hundirse, aunque inevitablemente hablamos de un proceso como el duelo en el que la tristeza siempre te va a alcanzar. Aunque lo intentes evitar de todas las formas posibles, al final te das cuenta de que es una parte del camino. El libro gira sobre la muerte de mi madre y en el fondo de lo que se habla es de una persona que no quiere estar triste y lo evita de todas las formas, tanto conscientes como inconscientes. La conclusión es que en estos acontecimientos el dolor siempre te va a acabar asaltando, no te puedes saltar esa etapa.
-Esta corriente un tanto intimista está siendo bastante popular en el panorama actual del cómic. Ahí tenemos a la Premio Nacional, Bea Lema que habló sobre la enfermedad mental de su madre o a un artista llamado Iván Art que hizo lo propio con su abuela.
-Siempre ha habido voces que han convertido sus historias personales en un vehículo al que los lectores nos podíamos subir y hacerlas un poco nuestras. Hay una parte de nuestro trabajo que es un intento de sacar lo que tienes dentro, de exorcizar un poco tus emociones y plasmarlas en un papel. Cuando lo consigues es una especie de catarsis. En todo momento ha habido autores que lo han hecho, lo que ocurre es que tal vez ahora hay más lectores abiertos a apoyar este tipo de propuestas, a explorar sentimientos y emociones a través de las experiencias de otras personas.
-Lo raro y un tanto desconcertante es que tú mismo confiesas que utilizas el humor para tratar estos relatos que en teoría son de todo menos graciosos.
-Sí, porque el humor forma parte de la vida y no puedes delimitar un espacio en el que sólo estés triste. En todos los momentos más oscuros también hay siempre algo de luz, así que entiendo el humor como una manera de comprender la existencia y por lo tanto a la muerte porque al final es algo a lo que no puedes darle la espalda. Me parece una manera muy sana de entender la vida y encontrar esos destellos en medio de la tristeza.
-También hiciste una obra de teatro. ¿Cómo fue la experiencia?
-Uno de mis cómics fue adaptado al teatro y resultó muy curioso porque cuando estás solo en tu casa dibujando y creando tus personajes nunca te imaginas qué voz tendrán o cómo serían si fueran de carne y hueso. Así que encontrarme con la posibilidad de hacerlos reales fue un viaje muy especial. La experiencia me pareció súper bonita, además de inesperada porque nunca pensé que me iba a ocurrir. La obra estuvo bastante tiempo en el Teatro Lara de Madrid y luego la compañía hizo una gira por distintas ciudades de España. Es un recuerdo muy querido que tendré siempre.
-Llama también la atención tu biografía sobre Freddie Mercury. Una pregunta ¿fue un encargo o lo hiciste porque te gusta este cantante?
-Fue una intersección de ambos. Por un lado era un encargo de la editorial y a la vez es una persona que me interesaba, había escuchado su música en solitario y con Queen y a veces lo veía como un personaje. Ese encaje me permitió bucear en su historia y su vida. Fue muy estimulante separar a la persona del artista.
-¿Hiciste algún descubrimiento llamativo?
-No soy muy mitómano ni suelo seguir la vida de los artistas que me gustan y por eso nunca lo había investigado. Lo que más me atraía de la vida personal y artística de Freddie era hacer un recorrido vital de sus experiencias a través de la música. Entonces entiendes mejor las canciones cuando las sitúas en cada una de las etapas por las que pasó. Recuerdo haberlo visto de joven en aquel concierto que se llamó Live Aid en el que participaron más cantantes y grupos y que coincidió con su momento más duro, eso fue lo que me resultó impactante.
-¿Te interesa la Inteligencia Artificial?
-Hay muchas opiniones al respecto, llegando ya a convertirse en meme, en una broma. Al principio nos vendieron que las máquinas iban a ocuparse de las labores básicas y así nosotros tendríamos más tiempo para pensar y crear pero al final resulta que dejan en sus manos la creatividad y a los humanos nos toca hacer lo básico. A mí no me interesa una película o un cómic sin saber quién está detrás, quién le ha llevado a escribir sobre esa historia o a componer una canción. Los libros que hablan de amor son de personas que han vivido la experiencia y creo que eso nunca lo conseguirá una IA. Me parece que el mundo de la creatividad al final está compuesto de emociones que te llevan a contar historias que sólo tienen sentido si hay alguien real detrás.
-Tal vez lo que ocurrirá es que aunque no sientan pueden aparentarlo y que al público le dé igual.
-La verdad siempre se nota y sale a flote. Cuando las cosas tienen un origen artificial lo ves claramente. Creo en el poder crítico de los lectores y de quienes se acercan al arte y por eso mantengo la esperanza de que sabrán diferenciar entre una emoción verdadera y una interpretación de la misma. La honestidad y la verdad siempre acaban saliendo a flote y eso distinguirá a una obra hecha por la IA a otra que hagan los humanos.
–Rosa acaba de publicarse hace muy pocos días. ¿Cómo han sido las primeras reacciones?
-Es muy pronto todavía para conocer cómo van las ventas o hablar de números. Mi intención era hacer una novela que le gustara a mi familia y a mis amigos, que sirviera como un homenaje a todas las ausencias que hay en cada casa. En estos días ha habido gente que me ha escrito y la verdad es que estoy super agradecido por sus palabras amabilísimas contándome lo que les parece porque aseguran que he conectado con sus propias experiencias. Ese es el principal valor de mi trabajo, que sirva como puente entre vivencias, poder conectar de alguna forma con los lectores que no tengan esa capacidad de poder explicarlas.


