Bartolomé Seguí, historietista: “Quizás la variedad de registros es la que me ha permitido una carrera sin encasillarme”


Por Noé Ramón //

Bartolomé Seguí, es un dibujante que por su larga trayectoria forma parte de ese grupo de autores situados más allá del bien y el mal en el panorama del cómic español y la prueba sería la concesión en 2009 del Premio Nacional del Cómic por su obra Las Serpientes Ciegas. Nació en Palma de Mallorca pero el inicio de su carrera la desarrolló en la Barcelona en plena ebullición de la época de la Transición, donde dejó su huella en publicaciones míticas como El Víbora o El Jueves, bien es cierto que en la época menos underground de estas revistasCree que no tiene un estilo concreto, lo que ha traído la ventaja de haber podido huir del encasillamiento inevitable en este mundillo. Su niñez la pasó leyendo los cómics de Bruguera y es creador de obras significativas como Boomers y del detective “desagradable y faltón”, Simón Feijoo, inspirado en la figura de Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán y que a la vez sería un antecedente del Torrente de Santiago Segura. Él mismo nos resume su trayectoria.


-Publiqué mi primera historieta en Senda del Cómic allá por 1982 sin aspiraciones de que esta fuera mi profesión. Desde entonces, puedo decir que siempre ha habido un editor interesado en publicar mis trabajos y, cuatro décadas después, me siento afortunado de haber conseguido vivir de lo que más me gusta: dibujar. 


-Es dibujante pero también ha hecho guiones alguna vez.

-Hice los guiones cuando explicaba mis historias de juventud. Después tuve claro que, si quería madurar como autor, era mejor recurrir a guionistas profesionales capaces de explicar buenas historias. Mis mejores cómics han salido de la mano de talentosos guionistas con los que he tenido el honor de trabajar: Felipe Hernández Cava, Gabi Beltrán, Hernán Migoya… Con Boomers volví a escribir el guión, porque retomaba esos mismos personajes de juventud para explicar, a través de ellos, las dudas y anhelos de quienes hemos superado la barrera de los 60 años.


-¿Cómo definiría su estilo?

Mi estilo, durante muchos años, ha sido que no tenía un estilo definido. En los 90 colaboré a la vez en publicaciones tan diversas como El Víbora, Cairo, Madriz, El Jueves…además de hacer mucha ilustración infantil. Me ha gustado siempre adaptar el dibujo a lo que la historia me pedía en cada momento. Quizás esta variedad de registros es la que me ha permitido una carrera sin encasillarme.


-Por edad comparte la preocupación de otros autores de su época por la ley de Memoria Histórica. Supongo que no tendrá muy buenos recuerdos de la época de la dictadura.

-Mis recuerdos de esa época son más bien infantiles, en los que la mirada de un niño es capaz de encontrar espacios de diversión hasta entre las ruinas de una guerra. Más que vivir la dictadura, diría que viví los años de aperturismo tras ella. Fueron años de efervescencia cultural y de todo tipo tras 40 años de opresión. Pienso que la Transición no fue tan modélica como nos vendieron, que no supuso la reconciliación que pudo haber sido y de ahí todas las deficiencias de verdadera justicia -que no revancha-, que siguen aflorando. Efectivamente, la efervescencia de las ultraderechas me preocupa y me hace temer que no aprendemos y que los males que pensábamos superados, pueden repetirse.


-Formó parte de El Víbora una revista mítica ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

-Yo entré en El Víbora a finales de los 80 como un autor que poco tenía que ver con la línea “chunga” representada por los fundadores: Nazario, Max, Gallardo, Mediavilla, Pons, Martí… Mis historias tenían más en común con el costumbrismo que con el underground. Guardo muy buenos recuerdos de esa época, pues en las páginas de El Víbora pude formarme como profesional. Eran tiempos en que las colaboraciones se pagaban dignamente y el coste de la vida no se había aún disparado y uno podía vivir bien de las páginas que publicaba mensualmente.


-Ha trabajado en el elitista mundo del cómic francés. ¿Qué diferencia ve con el español?

-Primera y principal, es que ellos tienen una industria que funciona como tal. Las tiradas y las ventas superan de largo las que tenemos aquí, y eso redunda en unas mejores condiciones económicas que hacen que uno pueda vivir de su dibujo. Aquí no tenemos nada que envidiar en cuanto a la calidad de las propuestas, a veces más audaces al no sufrir las presiones del mercado; ni tampoco respecto al talento de los autores y autoras, como prueba que exportamos dibujantes tanto al mercado francobelga como al americano de superhéroes. Nos falla la precariedad que impide desarrollar una carrera sin sobresaltos.


-Le conceden el Premio Nacional 2009 por Las serpientes ciegas, una obra que parece marcar un antes y después en su obra. Todo el mundo dice este reconocimiento supone un espaldarazo muy importante ¿Fue así en su caso o ya estaba consolidado?

-No sé si supuso un espaldarazo como dices, pero sí un antes y un después en mi trayectoria porque con Las serpientes ciegas pude entrar a publicar en Francia de la mano de una editorial tan prestigiosa como Dargaud. La nuestra es una profesión en la que la vanidad tiene poco sentido. Quiero decir que el Premio Nacional sirvió sobretodo para que, una vez conseguido, pudiera olvidarme de reconocimientos futuros y concentrarme en intentar que cada nuevo trabajo fuera mejor que el anterior.


-Su biografía oficial dice que sus principales influencias de niño fueron los cómics de Bruguera y luego dio el salto a otro autores, por decirlo de alguna manera, más maduros. Todavía sigue viva la influencia de los primeros creadores que leyó. 

-Eso queda ya muy lejos en el tiempo, y a muchos de ellos los recuerdo ahora más por el placer que tuve al leerlos entonces que por las posibles influencias que tuvieron en mi estilo. Algunos siguen siendo modelo para mi trabajo, pero también han aparecido nuevos autores cuyo estilo me parece igualmente interesante.


-De hecho en su momento regresó al cómic infantil a finales de la década de los noventa y primeros dos mil.

Bueno, esas incursiones vinieron motivadas sobretodo por la vinculación personal con la revista infantil Esquitx que Sonia Delgado y yo editamos, y en la que también colaboraron muchos autores de Mallorca: Pere Joan, Max, Álex Fito, Vaquer, Guillem March, Tomeu Morey, Balaguer…


-Un personaje que marca su carrera es el detective Simón Feijoo. ¿Cómo creó este personaje, en qué se inspiró y cómo lo intentó plasmar?

Simón Feijoo fue influencia directa de las lecturas de Pepe Carvalho. El personaje creado por Vázquez Montalbán rompió los esquemas del género negro e hizo posible un detective al estilo de los clásicos Sam Spade o Marlowe pero ambientado en la España de nuestro tiempo. Carvalho se movía por la misma Barcelona que descubrí cuando llegué a la ciudad para estudiar dibujo. Imaginé un personaje un poco desagradable y faltón -lo que después acabaría perfeccionando Santiago Segura en su Torrente-, para desarrollar unas historias más de género que las costumbristas que dibujaba en El Víbora. Me divertí mucho dibujándolo.


-Además de a Vázquez Montalván también adaptó obras literarias del periodista Manuel Jabois ¿Esamos ante una nueva fase en su carrera?

-La propuesta de adaptar a Carvalho fue un regalo, y la oportunidad, aparte de homenajear a un personaje querido, de volver a dibujar una ciudad que he disfrutado. De Carvalho se han hecho dos series de televisión y varias películas, pero era la primera vez que iba a adaptarse al cómic.Tanto Hernán Migoya como yo teníamos claro que no queríamos revisitar el personaje para hacerlo amable a los nuevos tiempos, sino intentar ser fieles al espíritu del personaje. La adaptación de Malaherba fluyó de una manera más sencilla. No soy muy fan de las historias infantiles, pero sí siento cierta debilidad por las que hablan de la infancia. La novela de Jabois es de las que emocionan y fue fácil dejarse llevar por lo que les sucede a Tambu y a Elvis en esos últimos días de niñez. Además Manuel fue muy generoso al darme libertad total para pasarlo a viñetas.


-¿Cuáles son sus próximos proyectos?

-Actualmente estoy trabajando en la adaptación de una novela negra de R. J. Ellory titulada Vendetta, para la editorial francesa Phileas. El guión lo escribe Fabrice Colin. Serán unas 120 páginas, verá la luz a finales de 2025 y espero que también en esas fechas aparezca la edición en España.


-Cómo definiría el momento en el que se encuentra en la vida?

Diría que estoy en un momento en el que puedo mirar hacia atrás sin excesivo rubor hacia lo que he hecho, y sin excesivas exigencias hacia lo que está por venir.


-¿Qué piensa de las IA?

-Pienso que es una tecnología imparable que se llevará por delante muchos puestos de trabajo; no solo artistas visuales y audiovisuales, sino también traductores, escritores, periodistas… Midjourney, por nombrar alguna de las IAs generativas, no crea nada, simplemente regurgita imágenes a partir de la vastísima colección de obras de autores reales con las que se ha nutrido, de manera que reconocer y legislar los derechos de los creadores me parece fundamental.


-¿Conoce el libro blanco del cómic?

-Sí, me parece un estudio interesante y posiblemente servirá para visibilizar y dar a conocer a las instituciones y a la sociedad una realidad aproximada de nuestro sector.


-Usted nació y vive en Mallorca, una zona también tensionada por los efectos del turismo masivo como en Canarias ¿Cómo ve las propuestas para cambiar este modelo?

-Creo que hemos sobrepasado los límites de la sostenibilidad. Durante años nos han bombardeado con el mantra de que “vivimos del turismo”, pero solo unos pocos se han enriquecido mientras que la mayoría de la población sufrimos día a día las consecuencias de la masificación y malvivimos por culpa de la saturación turística. No se trata de turismofobia, sino de recuperar unos mínimos que hagan posible la sana convivencia entre ciudadanos y visitantes. 

Si continúa navegando, acepta nuestra política de cookies    Más información
Privacidad