El museo TEA presenta cuatro exposiciones que revisan el arte contemporáneo y el legado de la vanguardia en las islas


  • ‘Cándido Camacho. Ritos del deseo’, ‘Para que podamos vivir. La Laguna, 1968-1983’, ‘Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry’ y ‘Jugueteando’ se inauguran mañana (viernes 27), a las 19:00 horas

El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes inaugura mañana (viernes 27), a las 19:00 horas, cuatro nuevas exposiciones que abarcan diversas trayectorias y lenguajes artísticos: Cándido Camacho. Ritos del deseo, comisariada por Alejandro Castañeda y Marta SeséPara que podamos vivir. La Laguna, 1968-1983,exposición comisariada por el equipo de TEA, coordinado por Néstor Delgado y Vanessa Rosa Serafín, Juan Albarrán, Daniasa Curbelo y Servando Rocha; Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferrycomisariada por Isidro Hernández; y Jugueteando, en un renovado Espacio MiniTEA y realizada en colaboración con el artista Sema Castro y la artista Elena Galarza.

Con este conjunto de aperturas, el museo ofrece una visión plural que combina la recuperación de figuras clave del arte contemporáneo en Canarias, la puesta en valor de los fondos artísticos y los archivos documentales del museo y el inicio de un ciclo de colaboraciones entre el departamento de educación del museo y artistas contemporáneos. La entrada a estas cuatro muestras, que podrán visitarse de martes a domingo y festivos, de 10:00 a 20:00 horas, es libre y gratuita.

El consejero de Cultura y Museos del Cabildo de Tenerife, José Carlos Acha, y el director artístico de TEA, Sergio Rubira, presentaron estas nuevas muestras acompañados de los comisarios de las cuatro muestras. En este acto, Acha puso en valor la ambición de esta nueva programación, señalando que la oferta actual del centro permite proyectar el talento insular hacia el exterior mientras se refuerza el compromiso pedagógico de la institución a través de sus nuevos ciclos de colaboración. El consejero también subrayó el papel del museo como un espacio de pensamiento y encuentro, señalando que “TEA no solo es un lugar para la exhibición, sino un centro vivo donde se investiga y se educa, permitiendo que el patrimonio artístico sea accesible y comprensible para toda la ciudadanía”.

Sergio Rubira señaló que este nuevo programa expositivo “responde a una voluntad de pensar el museo como un espacio de articulación entre tiempos, prácticas y contextos diversos, donde la investigación, la exhibición y la mediación se entrelazan de forma orgánica”. En este sentido, destacó que las cuatro exposiciones “no solo recorren distintas trayectorias y lenguajes, sino que proponen modos complementarios de aproximarse a la producción artística y a sus contextos de sentido”.

El director artístico de TEA subrayó asimismo que esta programación “combina la revisión defiguras clave del arte en Canarias con una activación crítica de los fondos y archivos del museo, entendidos no como depósitos estáticos, sino como materiales vivos desde los que producir nuevas lecturas y relatos”.

Rubira incidió también en la dimensión pedagógica del proyecto, destacando “el inicio de nuevos ciclos de colaboración entre el departamento de educación del museo y artistas contemporáneos, que nos permiten expandir el museo como espacio de aprendizaje compartido y de experimentación colectiva”.

Finalmente, apuntó que “con este conjunto de exposiciones, TEA refuerza su vocación como un lugar de pensamiento y de encuentro, donde la práctica artística se conecta con las transformaciones sociales, culturales y políticas de su contexto”.

Marta Sesé,comisaria deCándido Camacho. Ritos del deseo, explicó que “esta exposición es, sobre todo, una oportunidad para volver a mirar y repensar la figura de Cándido Camacho. Aunque fue un artista con una producción constante entre finales de los sesenta y principios de los noventa y estrechamente vinculado a la Sala Conca y su órbita, posteriormente, su trabajo, no ha tenido la visibilidad que merece para gran parte de los públicos. Treinta años después de su última exposición antológica, reunir estas 60 piezas hoy, significa hacer un ejercicio de memoria con él y con su entorno, mostrando cómo su arte estaba totalmente unido a su experiencia de vida”.

Por su parte, Alejandro Castañeda afirmó que lo que más les “interesa de Camacho es cómo su imaginario, lleno de referencias a la religión o la mitología, se adelantó a debates que hoy tenemos muy presentes. Cuestiones como la identidad de género, el cuerpo o las disidencias son temas que él ya exploraba desde una posición muy personal y libre, y sin tener cerca todas las referencias que podemos tener ahora. A través de materiales poco comunes, técnicas como el uso del fuego y un dibujo extremadamente refinado, creó una obra que rompe con las estructuras rígidas y que conecta con muchas de las preocupaciones y problemáticas contemporáneas”.

En relación con Para que podamos vivir. La Laguna, 1968–1983, los comisarios destacaron que “la exposición propone leer La Laguna como un caso de estudio en el que se cruzan procesos culturales, políticos y urbanos de gran intensidad, alejándose de una visión patrimonial estática para atender a su condición de espacio vivo”. En palabras de Juan Albarrán, “la muestra pone de relieve la actividad magmática y heteróclita de la ciudad en aquellos años, entendida como un territorio en constante transformación, donde convivieron prácticas artísticas, formas de movilización social y nuevas sensibilidades críticas”.

Los comisarios han señalado que “la exposición toma como punto de partida la propia colección del museo -tanto los fondos fotográficos como los plásticos, entre ellos los vinculados a la Sala Conca- para reinscribir estas obras en el contexto histórico en el que fueron producidas y exhibidas”. En este sentido, apuntan que “más que reconstruir un relato cerrado, el proyecto activa materiales y documentos que permiten entender La Laguna como un ecosistema cultural complejo, atravesado por tensiones, desplazamientos y formas de experimentación que desbordan los marcos institucionales”.

Asimismo, Néstor Delgado, comisario y conservador de exposiciones del museo, añade que “esta aproximación permite no solo releer la colección, sino también abrirla a nuevas interpretaciones, conectando las prácticas artísticas con los procesos sociales y políticos que las hicieron posibles”. Además, dice “esta exposición, que tensiona el mito patrimonial con el pasado de rebelión cultural y artística de La Laguna, reinterpreta, activa y reconstruye la historia de la ciudad desde el comisariado colaborativo y la memoria colectiva”.

Por su parte, la también comisaria Vanessa Rosa Serafín destaca que “el proyecto colectivo Mural 76, es un fiel reflejo del espíritu de colectividad y colaboración propio de este momento. Capitaneado por Raúl de la Rosa, desde la sección de arte del Ateneo de La Laguna, esta instalación colectiva reúne un total de cuarenta y ocho artistas que trabajaron en una pieza común, un gran mural inspirado en la obra Nacimiento de Venus de Boticelli”. “Se trata de una obra ecléctica que retoma la diversidad de lenguajes y de materiales de cada uno de los artistas. Esta investigación ha permitido la recuperación de obras de algunas de las artistas mujeres que en revisiones posteriores han quedado por lo general excluidas del canon”, afirma.

El Gabinete Óscar Domínguez estará destinado a la exposición permanente de Óscar Domínguez y permitirá realizar investigaciones sobre momentos precisos de la trayectoria del pintor surrealista, propiciando, además, la conservación de este fondo. Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry, comisariada por Isidro Hernández Gutiérrez, es el resultado de una investigación de largo recorrido con uno de los fondos documentales de la Colección TEA.

Esta muestra -señala Hernández- “está dedicada a varios años cruciales en la vida de Domínguez, entre 1935 y 1938, momento de su idilio con la poeta surrealista Marcelle Ferry, del que dan testimonio sus cartas de amor apasionado y, a veces, desesperado. Es el período, además, del último viaje de Óscar a Tenerife”. Por otra parte, Acha valoró que “con el Gabinete Óscar Domínguez, abrimos un lugar dedicado al estudio profundo de su figura, lo que nos permite no solo conservar mejor nuestra colección, sino investigar con mayor precisión el legado de este referente del surrealismo”.

En cuanto al ámbito educativo, el Espacio MiniTEA inaugura una nueva etapa con el proyecto Jugueteando, que permanecerá abierto hasta el próximo mes de septiembre. Este particular espacio del museo, dedicado a la educación artística y al fomento de la creatividad, comienza un nuevo ciclo en el que la novedad fundamental es la colaboración con diferentes agentes vinculados al arte y a la educación (artistas, docentes y profesionales de la pedagogía). La propuesta es que cada uno de los proyectos que a partir de ahora se implementen en MiniTEA surja de la conversación y el intercambio entre el Departamento de Educación del museo y dichos agentes.

“Este primer programa gira en torno al universal concepto de juguete, en relación al que el Departamento de Educación de TEA ha colaborado con dos artistas de Canarias, Sema Castro y Elena Galarza. Invitados a participar en este proyecto por las particulares características de sus respectivas obras, ambos han transformado el Espacio MiniTEA para invitar a los visitantes del museo a adentrarse en él y reflexionar sobre un elemento tan universal como imprescindible y tan cotidiano como poderoso para un feliz crecimiento de las personas. Durante esta nueva etapa que ahora se inaugura MiniTEA mantendrá su idiosincrasia, y su filosofía y modo de funcionamiento seguirán siendo los mismos que lo han caracterizado desde su apertura hace casi una década”, detalla Paloma Tudela, responsable del Departamento de Educación de TEA.


Cándido Camacho. Ritos del deseo

Cándido Camacho. Ritos del deseo, que podrá visitarse hasta el 14 de junio,reúne por primera vez desde 1995 –año en el que tuvo lugar su última exposición antológica– la obra del artista Cándido Camacho (Tazacorte, La Palma, 1951-Jaén, 1992). Ritos del deseo responde a la propia metodología del artista, a su trabajo por series, a su insistencia en una repetición variada y en un trabajo cíclico cuyos temas y formas no se agotan, sino que se transforman, surgen y resurgen, revisados y reinterpretados una y otra vez por el artista. Como un rito que, en este caso, viene empujado por el deseo en todas y cada una de sus formas.

La presente exposición reúne trabajos del artista desde 1969 hasta 1992, año de su repentina muerte. En este periodo de más de dos décadas, Camacho llevó a cabo una producción artística muy fructífera en la que destacan series tan reconocibles como El mito de los cuerpos o La Palma, pero también trabajos que, aunque quizás gozaron de menor reconocimiento, resultan fundamentales para comprender la complejidad de su trayectoria y de su personalidad. Camacho estableció una relación de simbiosis con su propia obra; tenía la voluntad de que su arte estuviera alineado con su verdad, con el goce, con el deseo, pero también con el sufrimiento, todo ello con la pretensión de que su vida y su realidad pictórica fueran una misma cosa.

Guiada por el denso erotismo que inspira toda la trayectoria de Cándido Camacho, Ritos del deseo -apuntan Castañeda y Sesé- “ahonda en las iconografías y materialidades de su obra con el anhelo de reclamar, hoy, aquellas estrategias que al artista le sirvieron para insistir en la ruptura de los binarismos, como la organicidad, el travestismo y las temporalidades circulares. La exposición irá acompañada de un catálogo con textos de diferentes especialistas, con el objetivo de ampliar el acceso y el conocimiento de su obra entre públicos diversos, más de tres décadas después de su última exposición antológica”.

La exposición irá acompañada de un catálogo con textos de diferentes especialistas, con el objetivo de ampliar el acceso y el conocimiento de su obra entre públicos diversos, más de tres décadas después de su última exposición antológica.

Cándido Camacho. Tras trasladarse a Tenerife para estudiar Bellas Artes, Camacho estableció una metodología de trabajo basada en series y variaciones cíclicas. En sus primeras obras, como la serie Cuerpos (1971-1975), exploró la figura humana mezclándola con elementos de la naturaleza y paisajes lávicos. En esta etapa ya se percibe una de las constantes de su producción: el uso de la fragmentación y el ensamblaje de organismos que se funden entre sí. Al regresar a Tazacorte en 1975, su trabajo evolucionó hacia El mito de los cuerpos. En estas piezas, Camacho empezó a romper los límites del marco tradicional, integrando bastidores y marcos fragmentados dentro de la propia composición, a modo de collage con un marcado relieve material.

El periodo entre 1976 y 1979 fue el más productivo del artista, coincidiendo con su vinculación a la Galería Sala Conca. En series como La Palma o Religiosus, Camacho consolidó una técnica experimental donde la materia cobraba un protagonismo absoluto. Utilizó materiales diversos como óleos, barnices, ceras, colas, plásticos e incluso fuego para quemar superficies. Un rasgo distintivo de este periodo fue la incorporación de insectos y elementos orgánicos en sus cuadros. Esta práctica se relaciona con el concepto de de “lo abyecto”; de Julia Kristeva: aquello que perturba las reglas y el orden establecido. Para Camacho, el uso de estos materiales viscosos y descompuestos no era una alusión a la muerte, sino una forma de vincular su arte con la realidad física, el goce y la inconformidad ante las estructuras rígidas.

En la década de los ochenta, con series como Blanca, Flores o Siemprevivas, su estilo se volvió más fluido y los formatos crecieron. Aunque estas obras se han leído a menudo como abstractas, mantenían elementos figurativos explícitos relacionados con la sexualidad y el erotismo. En sus dibujos de esta época, más íntimos y detallistas, solía representarse a través del alter ego de Marlene, explorando un imaginario homoerótico más directo. En sus últimos años, retomó la iconografía religiosa y el cuerpo masculino en series como Trípticos, Cabezas o La Piedad, con una pincelada más densa y expresionista.

Cándido Camacho dejó por escrito su voluntad de que su obra fuera destruida tras su fallecimiento, un deseo que hoy resuena en la propia fragilidad de sus piezas, cuya compleja mezcla de materiales plantea importantes retos de conservación. Su legado permanece como el de un artista que buscó que su vida y su práctica pictórica fueran, en esencia, una misma cosa.


Para que podamos vivir. La Laguna, 1968–1983

La muestra Para que podamos vivir. La Laguna, 1968-1983, comisariada por el Equipo TEA, Juan Albarrán, Daniasa Curbelo y Servando Rocha, estará abierta hasta el 5 de julio. La exposición reúne trabajos de Pepa Izquierdo, Mari Carmen del Toro, Ernesto Valcárcel, Pedro González, Juan Luis Alzola, José Socorro, Leopoldo Emperador, Juan José Gil, Rafael Gurrea, Francisca Délano, Andrés Delgado, Luis Fuentes, Gonzalo González, Rafael Monagas, Lola del Castillo, Dácil de la Rosa, Ventura Alemán, José Martín, Tomás Carlos Siliuto, Loly Iñiguez, María Jesús Pérez Vilar, Elena Lecuona, Domingo Vega, José Abad, Antonio Zaya, Arminda del Castillo, Raúl de la Rosa, Alejandro Togores, Maribel Nazco, Luis Alberto Hernández, Walter Meigs, Fernando Álamo, Rubén Darío Velázquez, Cloty Acosta, Among Tea, Alfredo Abdel Nur, Juan Gopar, Juan Luis Dalda, Carles Martí, Lluís Pau, Juan José Valencia, Nacho Criado, Octavio Zaya, Fernando Álamo González, Juan Hernández, María Belén Morales, Maud Bonneaud, Paloma Polo, Juan Bordes, Ramón Díaz Padilla, José Luis Fajardo, Equipo Crónica, Tony Gallardo, Juan de la Cruz, José Luis Medina Mesa, Pedro Garhel, Martín Chirino, Óscar Domínguez, Cristino de Vera, Juan Hidalgo, Lola Massieu, Carlos A. Schwartz, Antonio González Calimano Pérez, Manuel López, José Luis de Pablos, Efraín Pintos Barate, Rafael García Plaza, Leopoldo Cebrían Alonso yJorge Perdomo Moreno.

Es significativo que La Laguna, uno de los principales focos de agitación cultural y política de Canarias durante los últimos años de la dictadura y la Transición, haya sido interpretada sobre todo desde perspectivas patrimoniales y turísticas. Esta mirada privilegió la imagen de ciudad colonial histórica, asociada a su trazado y a su valor arquitectónico. Sin embargo, esa representación contrasta con la intensa vida urbana que la convirtió en un escenario de movilización política y creatividad cultural. La Laguna simboliza una mitología colectiva, un lugar de memoria marcado por el conflicto generacional y el cuestionamiento de las estructuras heredadas, donde la dictadura franquista daba sus últimos estertores mientras lo nuevo emergía.

Esta contradicción invita a reconsiderar la ciudad no solo como conjunto histórico, sino como un territorio vivo atravesado por procesos sociales, políticos y culturales complejos. Esta memoria cultural, política y social de La Laguna permite inscribir algunas de las obras de la colección del museo en el contexto en el que se produjeron o exhibieron, un ecosistema urbano definido por la experimentación artística, la participación ciudadana y la transformación del espacio público.

El recorrido se inicia en 1968, año de especial relevancia histórica a escala global, cuyo eco también alcanzó Canarias. Ese año, además de los ecos de las revueltas estudiantiles del conocido como “Mayo del 68” francés, ocurrieron los sucesos de Sardina del Norte, convertidos en símbolo de la conflictividad obrera en el archipiélago y de la creciente politización social durante los últimos años del franquismo. La fecha se inscribe además en un contexto internacional de descolonización y reconfiguración geopolítica, marcado por acontecimientos como la independencia de Guinea Ecuatorial o el auge del panafricanismo para el que el Festival de Argel de 1969 fue un acontecimiento fundamental.

En las islas, estas transformaciones se combinaron con un desarrollo económico que intensificó las tensiones entre planificación urbana y crecimiento demográfico. El aumento demográfico y la ampliación hacia las periferias impulsaron la aparición de nuevos barrios y rebosaron los límites del casco histórico lagunero, transformando la antigua ciudad no fortificada en un espacio desbordado.

Durante esta etapa, La Laguna se convirtió en un territorio atravesado por dinámicas aparentemente opuestas, de repliegue y expansión. Por un lado, fueron tiempos de exilio, movilización política y encierros entendidos como gesto de protesta. Las ocupaciones universitarias, las huelgas obreras, las luchas vecinales y otras formas de resistencia convirtieron el repliegue en una estrategia colectiva frente al poder. La Universidad de La Laguna se consolidó como escenario de esta tensión, funcionando simultáneamente como centro de organización política, confrontación con el aparato represivo y formación de nuevas sensibilidades críticas a través de sus actividades.

Por otro, la intensa actividad política y cultural impulsó la circulación de iniciativas musicales y artísticas que superaron los límites del casco histórico y de las instituciones tradicionales. En este contexto, la ciudad se transformó en objeto de imaginarios provocadores y críticos. El grupo Escorbuto Crónico, surgido a finales de los setenta como parte del punk canario, condensaba ese malestar generacional en la consigna: “La Laguna debe morir para que nosotros podamos vivir”.

Más que una negación literal, la frase expresaba la necesidad de romper con una imagen petrificada del pasado y abrir paso a nuevas formas de vida urbana.

En paralelo, instituciones de larga trayectoria, como el Ateneo de La Laguna o el Orfeón La Paz, coexistieron con la aparición de espacios que introdujeron dinámicas innovadoras. Destacó especialmente la Sala Conca, inaugurada en 1971. Su actividad se extendió pronto a otras islas, convirtiéndose en uno de los núcleos más activos de renovación artística del archipiélago. En torno a este espacio y al clima de efervescencia cultural se configuró lo que, de manera discutida, se ha denominado la “generación de los setenta”. Aunque el término sigue siendo objeto de debate historiográfico, designa a un conjunto heterogéneo de artistas y prácticas que compartieron un momento de experimentación y apertura estética. La actividad de Conca contribuyó decisivamente a visibilizar estas nuevas propuestas y a vincular Canarias con circuitos artísticos más amplios.

El arco temporal de la exposición concluye en 1983, en un contexto marcado por la consolidación del sistema autonómico en Canarias y la redefinición de las políticas culturales del archipiélago. Ese año también cierra un ciclo en la Sala Conca, con la marcha de los artistas vinculados al proyecto originario, poniendo fin a una etapa especialmente intensa de la vida artística y cultural lagunera.


Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry

La relación de Óscar Domínguez (Tenerife, 1906-París, 1957) con Marcelle Ferry (Normandía, 1904-Suresnes, Hauts-de-Seine, 1985) –a quien el pintor llama en su correspondencia a través de diversos apodos– tiene lugar entre finales de 1935 y 1938. El pintor le dedica una de sus pinturas más celebradas, Le dimanche o Rut marin (1935) -Colección de TEA-, cima de su imaginación poética al servicio de la pintura. La escena evoca el decorado ilusionista e infantil de un extraño tiovivo, aunque los animales, fragmentados por un espejo, parecen haber escapado a la carrera circular, inagotable e inmóvil, de la rueda del parque de atracciones. La cometa hecha con labios que sobrevuela la escena parece revelar el mensaje amoroso que la pintura encierra.

Muchas de estas cartas de Óscar Domínguez fueron redactadas durante su estancia en la capital francesa sobre papel de restaurantes y cafés parisinos con señas impresas de los establecimientos. Se trata, además de una delicada miniatura poética –de un exaltado texto en pos de una vida alcanzada a través del amor– , de un juego o puzzle que recompone el sentido del viaje de Óscar Domínguez por los vericuetos de la creación y la imaginación más desbordada. Estas cartas ofrecen un testimonio valiosísimo no sólo de la vida sentimental del pintor –activa, pasional y vivida con desenfreno–, sino de sus inclinaciones creativas y de sus motivaciones políticas. El conjunto muestra un amor vivido con frenesí, absolutamente pasional y que encuentra en la escritura una forma igualmente arrebatada de expresión, surrealista y erotizada, en el difícil intento de llevar al papel los impulsos del deseo.


Jugueteando

En cuanto al ámbito educativo, el Espacio MiniTEA inaugura una nueva etapa con el proyecto Jugueteando, que permanecerá abierto hasta el próximo mes de septiembre. Con motivo de la inauguración del nuevo MiniTEA, este particular espacio del museo, dedicado a la educación a la

educación artística y al fomento de la creatividad de los diferentes públicos del museo, particularmente del público infantil y familiar, comienza un nuevo ciclo en el que la novedad fundamental es la colaboración con diferentes agentes vinculados al arte y a la educación (artistas, docentes, pedagogos, educadores en general), con objeto de que cada uno de los proyectos que a partir de ahora se implementen, surjan no solo desde el museo sino fruto de la conversación y de la colaboración de este con dichos agentes.

Este primer programa gira en torno al universal concepto de juguete, en relación al que el Departamento de Educación de TEA colabora con dos creadores canarios, Sema Castro y Elena Galarza. Invitados a participar en este proyecto por las particularidades características de sus respectivas obras, los artistas transformarán el espacio MiniTEA para invitar a los visitantes a adentrarse en y a reflexionar sobre un elemento tan universal como imprescindible, tan cotidiano como poderoso en el crecimiento de las personas. Esta nueva programación mantendrá su idiosincrasia, filosofía y modo de funcionamiento.

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