Gerardo Vilches, crítico e investigador de cómics: “Las revistas satíricas suponen una crónica irreverente, alternativa y un análisis muy novedoso de la Transición”


Por Noé Ramón //

Profesor de la Universidad Europea de Madrid, tras licenciarse en la Complutense en Historia, Gerardo Vilches es de los contados docentes que ha decidido dedicarse a la investigación y crítica de cómics y especialmente de los ajetreados tiempos de la Transición española. Ha sido autor y coordinador de varios libros que se centran en este período de la historia reciente por el que se siente atraído seguramente debido a ese lado convulso y contradictorio que según considera puede ser comprendido y descifrado mejor a través de los cómics satíricos. En sus propias palabras relata la forma en la que ha desarrollado esta original labor investigadora. 


-Empecé a escribir de manera más o menos asidua y profesional sobre 2012 en mi blog y en una web que se llamaba Entrecómics que era bastante importante y cerró hace tiempo. También he publicado en Rock Deluxe y diversos medios como Revista Cactus. Actualmente llevo ya unos años en diario.es y luego paralelamente tengo mi carrera académica en la Universidad, donde he publicado bastante. Mi tesis se centró en las revistas satíricas durante la Transición y luego también he coordinado algún volumen en inglés, lo que noi quita que a veces abarque otros campos. 


-No es muy habitual en la Universidad que un profesor tenga interés por el mundo del cómic. ¿Cuándo crees que empezaron a tomarlo en serio?

-Pues, no sabría decirte. No creo que haya una fecha concreta y además depende de cómo lo veas. Si te refieres a investigación sería antes pero impartir como tal hay muy poquita cosa, incluso todavía. En cuanto a asignaturas existió hasta hace un par de años, un máster de la Universidad de Valencia donde impartí clases junto a Álvaro Pons y Noelia Ibarra. Últimamente también ha habido varias tesis doctorales pero digamos que todavía falta una entrada más sólida, que existan realmente asignaturas como tales y claro, lo deseable y lo ideal es que haya un título propio y específico. Aunque veo muy difícil que algún día exista un Grado por la propia naturaleza del cómic, porque no es una disciplina en sí misma, sino que la puedes estudiar desde muchas vertientes como la comunicación, la lengua, Historia del Arte… 


-En tu caso lo abordas desde el punto de vista histórico. 

-Sí, sin duda porque soy historiador pero también tengo abiertas varias vías más. Mi tesis va sobre las revistas satíricas en la Transición y mi enfoque ahí es claramente como historiador. Pero sí es cierto que también he abarcado más campos como analizar cuestiones de lenguaje del cómic o de otros elementos, desde el punto de vista del mercado. No me limito solo a la historia sino que al final intento abordar esta materia desde distintas perspectivas. 


-Está claro que tu período preferido y en el que te has especializado es la Transición. 

-Es una época que me interesa mucho y la prueba es que la elegí para mi tesis doctoral y además he escrito varios artículos siguiendo la misma línea. Es un período que me despierta bastante la curiosidad, la verdad.


-¿Y qué es lo que te ha atraído tanto?

-Es una época de muchos cambios y que en los últimos años ha sufrido una serie de juicios o valoraciones sociales y políticas muy maximalistas en uno u otro sentido. Desde las versiones digamos más edulcoradas o las más triunfalistas que lo han convertido en un tiempo modélico sin ningún tipo de fisura, a las visiones que van en sentido contrario y lo condenan como un período que en parte significó un continuismo del franquismo sin más matices. A mi lo que me interesa mucho es profundizar en ese tiempo real para intentar encontrar una verdad histórica. En ese contexto la visión que pueden dar las revistas satíricas que investigo van en esa línea, son una especie de crónica alternativa e irreverente de ese tiempo y mirarlo a través de esas publicaciones me parece un análisis muy novedoso. O al menos así lo vi cuando hice la tesis.


-En general parece existir la idea de que justo después de morir Franco hubo un boom de las libertades pero lo cierto es que pasaron bastantes años hasta que se pudo hablar de una eliminación de la censura, al menos como hoy lo entendemos. Y además que en ese tiempo ocurrieron cosas bastante desagradables, por lo que en realidad hubo una libertad pero más o menos entre comillas. 

-Sí, claro. Hay revistas que empiezan a publicarse antes de que muriera Franco y que tuvieron muchos problemas con la censura y fueron objeto de un montón de sanciones. En 1977 se deroga el artículo dos de la Ley de Prensa que era al que se recurría para imponer multas y a partir de entonces se relajan un poco las cosas, lo que en absoluto quiere decir que no se tuvieron que enfrentar a muchas dificultades hasta bien entrados los años ochenta. 


-En ese tiempo es cuando surgen los famosos altercados con la Casa Real de El Jueves, por poner un ejemplo. 

-Claro, pero en fechas más recientes también han ocurrido episodios parecidos y hemos visto como aún se puede ejercer censura. En España hay herramientas jurídicas que no se sabe muy bien por qué no se derogan a estas alturas, como el secuestro que se impuso a El Jueves, lo que a mí y a un montón de gente nos pareció muy sorprendente, tal vez porque me pilló muy joven. De hecho, creo que todavía no había empezado a hacer la tesis y me llamó mucho la atención porque pensaba que el secuestro editorial ya no existía en nuestro ordenamiento jurídico, que había desaparecido en la Transición. Pero no, lo cierto es que ahí estaba y aún existe. 


-¿Entraste a analizar el underground barcelonés y la movida madrileña que marcaron ese período?

-No, me centré exclusivamente en las revistas satíricas como El Papus, El Jueves, Por favor, Hermano Lobo… ese tipo de publicaciones de distribución nacional y ahí no cabe ninguna del underground porque éstas se situaban al margen del sistema, mientras que El Papus lo publicaba el grupo Godó y Por favor, lo llegó a sacar el grupo Planeta. Entonces no las puedo calificar ni las considero underground.


-Si tuvieras que utilizar una frase para referirte a ese período ¿cuál elegirías? ¿Tal vez la del título de uno de tus libros, Del boom al crack?

-Ese libro abarca un periodo de tiempo más largo y de hecho, llega hasta los años noventa. En realidad esa expresión no es mía, sino que viene de uno de los capítulos que escribió Pepo Pérez y se refiere a cómo pasamos de un boom de publicaciones de cómic de finales de los setenta, al crack de principios de los noventa. Ahí es cuando cierran las revistas a bastante velocidad, desaparecen y el mercado se desinfla. Ese es el origen de la expresión: Del Boom al Crack.


-¿Conoces el Libro Blanco del cómic?

-Sí, claro. Me parece una iniciativa necesaria para hacer una radiografía del sector aunque creo que hay cosas mejorables. Es un primer paso y supongo que se irá completando pero si se tiene en cuenta el tiempo con el que se contó para hacerlo y las herramientas que tuvieron a mano, puede ser considerado un primer paso. 


-¿Cuántos libros has publicado?

-Cuatro, contados los que coordino y en los que hago la introducción y poco más. 


-¿Cómo llevas a cabo esa labor de coordinación? ¿Cómo eliges a los autores? Por ejemplo con el que ya hemos mencionado, Del boom al crack en el que participaron once especialistas, además de tú mismo?

-Fue en 2018, así que no me acuerdo muy bien de los detalles. Lo hicimos en una editorial diminuta que de hecho ya ha desaparecido y simplemente se basó en una idea que escogimos entre otras varias con el fin de tratar todo ese período que se conoce como el del boom del cómic adulto español. Me parecía interesante pero no me veía capaz de escribirlo yo solo porque no estaba tan especializado, ni había realizado una investigación en profundidad, entre otras razones por cuestiones de generación, de hecho nací en la década de los ochenta. Así que al final optamos por hacer un libro antológico contando con distintos especialistas de cada uno de los aspectos relacionados con ese período y también incluir entrevistas como a Miguelanxo Prado o a Emilio Bernárdez editor de La Cúpula, entre otros. Poco a poco fuimos armando el libro con colaboradores, algunos de los cuales son investigadores, otros críticos o simplemente personas relacionadas con este sector y que vivieron ese período. 


-¿Entonces te quedaste satisfecho con el resultado final?

-Me parece que quedó un libro interesante, muy variado en cuanto a  enfoques y también porque no es un volumen laudatorio sino analítico, de crítica. No todo fue positivo, por lo que no podíamos decir que aquello fue la edad de oro del cómic, sino que ofrecimos varios enfoques y a mí eso me pareció muy interesante y creo que es lo que le da mucho valor al libro. 


-¿Qué más obras has hecho también como coordinador?

-Con una colega de la Complutense, María Porras, coordiné uno en inglés que se titulaba Precarious Youth in Contemporary Graphic Narratives: Young Lives in Crisis, (Juventud Precaria), que fue bastante más académico, más universitario.


-¿Crees que es posible comparar la época de la Transición con lo que ocurre actualmente? ¿Ves diferencias o similitudes?

-Habría que tener en cuenta dos cuestiones que se solapan de alguna forma. La Transición acaba en 1982, cuando el fenómeno de las revistas de cómics adultos aún era muy incipiente y a partir de ahí entramos en plena democracia. Así que las diferencias serían todas. Al principio el modelo era el de revistas que se leían por entregas o series de historias cortas, un material antológico digamos y sobre todo temático. Estaban las de terror, de ciencia ficción… quizás había un poco más de miscelánea pero todo eso se acabó y entonces surgieron una serie de revistas que tenían una distribución muy fuerte en los quioscos. Ahora el formato es el libro y la venta y distribución se hace en librerías especializadas y no tanto en las generalistas. 


-Entonces el mercado ha cambiado totalmente…

-No tiene nada que ver uno con el otro.


-Supongo que alguna novela gráfica habría entonces.

-A ver, había algún álbum, como se denominaban, que podía ser una historia de cuarenta páginas o sesenta, como mucho pero si te refieres a novelas como las que hoy saca Paco Roca y demás, no existían. La costumbre era serializar las historias que aparecían en revistas porque eran bastante cortas. 


-Una curiosidad y una duda. En esos años tan cercanos al fin del franquismo ¿existía tanto interés por la dictadura como al parecer hay ahora?

-Sí, lo había lo que pasa es que entonces la producción se orientaba a géneros como la ciencia ficción, la fantasía, el policiaco, erótico… Así que no era tan habitual encontrar cómics que trataran historias como las novelas gráficas o que no fueran de ficción y por eso resultaba difícil que abordaran asuntos como el franquismo directamente, pero más bien porque no existía ese formato. Podemos hablar de Paracuellos de Carlos Giménez, por ejemplo, que fue la gran excepción y es muy importante precisamente por eso, porque es la primera obra que aborda aspectos determinados del franquismo. Pero sin tener la vocación de hacer una crónica ni nada por el estilo y luego sí te puedes encontrar algunas cosas, trabajos incipientes y poco más. 


-¿Ni siquiera en El Víbora?

-Ya nos ponemos en 1979 y creo recordar que en esos primeros números hubo algo pero no existía un verdadero interés por esa parte de la historia. Más que nada por motivos de tradición, porque era un medio que se orientaba a otro tipo de narrativas y resultaba muy difícil romper con esas inercias por parte de los creadores pero también del público   


-En un momento como el actual en el que se da un resurgir de los movimientos de derecha y ultraderecha, ¿crees que se podría aprender alguna lección de lo que ocurrió en la Transición?

-Soy muy poco dado a creer que la historia nos da lecciones o que podemos sacar conclusiones, la verdad. Cada momento es diferente y es muy difícil hacer extrapolaciones o comparativas porque las circunstancias son complejas, lo que evidentemente no quita que nos pueda servir para estudiar como operan determinados elementos en un momento dado, por ejemplo todo eso de la derecha y la extrema derecha, pero poco más. Existe el típico adagio de que se debe conocer la historia para no repetirla, pero la verdad es que la historia nunca se repite de una forma exactamente igual y lo único que en realidad nos enseña es que no aprendemos nada de ella. 


-¿En qué proyecto estás enfrascado ahora mismo?

-Llevo mucho tiempo trabajando en un libro sobre las relaciones entre el cómic y la fotografía  y después de cinco o seis años ahora parece que ya lo tengo más cerrado aunque no puedo decir cuando lo voy a sacar y a tenerlo terminado. Pero sí, seguramente será mi próximo libro.


-¿Cómo coordinador o como autor?

-En este libro seré el autor.

Si continúa navegando, acepta nuestra política de cookies    Más información
Privacidad