- El director tinerfeño retrata como nunca antes la lucha canaria en el cine, en un drama en el que un padre viudo y su hija buscan refugio en el deporte frente al duelo
- El veterano luchador Tomasín Padrón debuta en el cine en un film que también queda definido por el paisaje de Fuerteventura
La lucha canaria como nunca antes se había retratado en el cine: en una historia dramática, inundada por los colores del paisaje majorero y con el héroe más auténtico posible como protagonista. Así es La lucha | Dance of the Living (España, 2025, 92 min.), el largometraje con el que el realizador tinerfeño José Alayón compite en el apartado de largometrajes de Canarias Cinema. Esto es, la sección que el 25 Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria vuelve a dedicar al cine con sello isleño.
Alayón, buen conocedor del festival, en el que además de varios cortos ya presentó años atrás su largo Slimane (2013), propone un relato en el que el final inminente de la competición ejerce de peso decisivo para un veterano luchador al límite de sus fuerzas, justo después de perder a su esposa. Su hija, también luchadora, le plantea el desafío definitivo: volver a conectar con ella. Viaje Films y Blond Indian respaldan el título, que ha contado con Marina Alberti como productora. Alberti, además, firma el guion junto al propio Alayón y Samuel M. Delgado.
La lucha se proyecta, en pase para jurado y público, en la Sala 4 de Yelmo Cines Las Arenas este sábado 25 de abril, a las 10:15 horas. En el mismo día y en la misma sala se ha programado un primer pase oficial, a las 18:00 horas. El último pase está fijado para el martes 28 de abril, en la Sala 8 de los multicines, a las 20:15 horas.
Héroe de casualidad
Miguel, bregador en el ocaso de su carrera, es el protagonista central de la historia, junto a su hija Mariana, que encarna la joven Yazmina Estupiñán. Interpretar al héroe terrenal fue cosa de un auténtico luchador que sigue en activo, el herreño Tomasín Padrón, que en estas temporadas ha seguido compitiendo en Fuerteventura. A sus 49 años, el asunto de ser actor se ha convertido en toda una aventura inesperada.
“Todo surgió de forma casual”, explica el inopinado debutante en el cine. “Estaban buscando a la niña para la película. No creo que tuvieran idea de ponerle a un padre, la verdad. Pero me vieron a mí entrenando con las niñas de mi equipo. José me pregunto si estaría interesado en una prueba. Dije que sí porque me trincó de buen humor ese día, y no tenía nada que hacer. Fui más por curiosidad que por otra cosa. ¡En la vida se me habría ocurrido!”.
Alayón buscaba, sobre todo, una pátina de autenticidad esencial para vestir la historia. Padrón apunta que “una de las condiciones que tenía al aceptar era que no recibiese formación, ni que tomásemos clases. Si es verdad que tuvimos bastantes ensayos y pruebas, y en esos momentos te dan tu tiempo para concentrarte”. Pero nada de guía profesional. Ni siquiera para interpretar el duelo de su viuda en pantalla. “Ahí”, cuenta el luchador, “tiras de recuerdos para llegar a las emociones. Aunque lo más complicado es mantener ese estado en el tiempo”.
Vaya oficio para el veteranísimo bregador de Valverde, más cuando admite que eso del séptimo arte “era un mundo que desconocía. Ni siquiera veo la tele en mi casa”. Hoy, está bien presente en pantalla grande, como eje de un trabajo que entre sus haberes puede contar con el mérito de retratar la lucha como nunca antes, enmarcada en plena tensión competitiva, al modo de los grandes dramas deportivos del cine.
La lucha, de cine
“Sinceramente la mejor manera de ver la lucha es así”, dice Padrón, que en esto sí que ha sido todo un experto. “Creo que han dado en el clavo. Y es más, me han enseñado a mirar la luchada como espectador. Es como un baile, una danza, como dice el director”. Así, «en nuestras caras no solo se refleja el esfuerzo, que eso es algo que se expresa más menudo en documentales o en las retransmisiones, sino también las muchas emociones que están ahí”.
Dicho de otro modo, la lucha se presenta de manera cinematográfica, con toda la intencionalidad.
Para Tomasín, “creo que esta es la mejor ventana que hay para sacar el deporte fuera de Canarias, que hay que hacerlo para que la lucha siga creciendo».
La aparición de Yazmina
Entre las razones por las que Padrón luce en pantalla se encuentra su contendiente: su hija de mentira, con la que mantiene una relación difícil después de perder a la madre. La aparición de Yazmina Estupiñán en el casting estuvo cargada de química, como recuerda el actor protagonista. “Al primero que eligieron fue a mí, pero el primer día con Yazmina ya hubo una conexión media rara. Y lo vieron. Y sigue habiéndola. Mucha gente ha terminado por creer que era mi hija de verdad”.
Fuera del rodaje, Tomasín contó con el apoyo familiar. “Mi mujer”, subraya, “me apoyó desde un principio, aunque no pensamos que la película tuviese tanta proyección. Estuvimos esos meses muy ocupados, pero había que aprovechar esta oportunidad”.
Oportunidad
Oportunidad es, justo, el término que define como se ha terminado por tomar Padrón su inesperada eclosión como intérprete, que incluso se ha visto ya en la alfombra roja de San Sebastián. En el terrero, “con 49”, admite, “se van notando los años. Mi cabeza ya empieza a ir por un lado y mi cuerpo por otro.
Curiosamente Miguel y Tomasín se parecen en ese aspecto: él tiene operaciones en las rodillas y yo en las mías no tengo cartílagos”. Cosas de la lucha. «No he hecho otra cosa en mi vida. Es muy sacrificado, te quita mucho tiempo”. Pero claro, «siempre hay cosas nuevas que me gustaría hacer, a ver si me dan la oportunidad en el cine”.
Y es que Padrón estaría encantado de repetir delante de las cámaras. “Me gustó mucho este mundillo”, cuenta. Aun sabiendo que “todos los productores no serán iguales, pero con Alayón hubo una empatía desde el primer día. Nos han tratado de lujo. Y seguimos manteniendo el contacto”. También porque La lucha sigue con su recorrido en el circuito, ahora, en Las Palmas de Gran Canaria.


