Por Michel Jorge Millares //
Pocas instituciones pueden presumir de haber resistido tanto como el Centro de Iniciativas y Turismo de Gran Canaria (CIT), fundado en 1934 y afincado desde 1956 en los torreones del Pueblo Canario. Allí ha permanecido, activo e impulsando el desarrollo de las islas, mientras a su alrededor cambiaban gobiernos, modelos turísticos e incluso la imagen de la isla.
Conviene subrayar un dato que refleja la importancia del CIT de Gran Canaria, ya que es la tercera entidad más antigua de España dedicada al fomento del turismo, solo precedida por Fomento del Turismo de Mallorca (1905) y el Sindicat d’Iniciativa i Turisme de Tarragona (1910). Ese linaje histórico lo sitúa entre los pioneros que impulsaron la idea de un turismo organizado cuando viajar era un privilegio de una élite muy reducida.
El CIT nació como parte del proyecto que impulsó la sociedad grancanaria liderado por Néstor Martín-Fernández de la Torre junto a su hermano Miguel y Domingo Doreste, heredero de aquellas tempranas sociedades de propaganda que, a finales del XIX, soñaron con atraer viajeros cuando casi nadie hablaba de “industria turística”. Y aunque el franquismo obligó a rebautizarlo, la entidad nunca perdió su vocación original: promover, vigilar y educar sobre el turismo desde una perspectiva nestoriana, esa idea casi mística de “hacer de la vida una obra de arte”.
Igualmente, el Pueblo Canario -al igual que el Parador de Tejeda- fue una iniciativa que lideró Néstor. En este caso, inspirado en el ‘Poble Espanyol’ que se diseñó con el objeto de concentrar la esencia arquitectónica y cultural de España para impresionar a los visitantes de la Exposición Universal de Barcelona en 1929.
Durante décadas, el CIT sostuvo desde su sede en el Pueblo Canario buena parte del pulso cultural y promocional de Gran Canaria: impulsó la revista ISLA, colaboró en grandes eventos, animó el Pueblo Canario y mantuvo vivo el legado de Néstor y Miguel Martín-Fernández de la Torre, auténticos visionarios que concibieron el conjunto arquitectónico como un centro de interpretación total o un parque temático de canariedad: arte, identidad, ocio y turismo en un solo espacio.
Sin embargo, la llegada de la modernización institucional en los años 70 relegó al CIT al segundo plano. Perdió apoyos, pero no la constancia. Siguió pagando alquiler, sosteniendo la Oficina de Información Turística y guardando un archivo documental de 90 años que hoy es memoria viva del turismo canario que incluye el archivo documental del Skal Club de Gran Canaria.
El resultado del esfuerzo de esta entidad de la sociedad civil se ha reconocido por todas las instituciones con la Medalla de Plata del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (1998), Premio Nacional de Centros de Iniciativas y Turismo, Placa al Mérito Turístico del Ministerio (1966), Roque Nublo de Plata del Cabildo de Gran Canaria (1998).
Sin embargo, el Pueblo Canario no recibía la atención y mantenimiento necesario para que pudiera continuar siendo un espacio emblemático de la ciudad, una situación que afectaba de manera preocupante al propio Museo de Néstor. A pesar de ello, fue declarado por el Gobierno de Canarias como Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento -a instancias del Cabildo de Gran Canaria- hace 12 años.
Así lo describía el Boletín Oficial de Canarias de 14 de octubre de 2013, en el Decreto 101/2013, en cuyo ‘Anexo I’ encontramos el siguiente párrafo: “Dentro de este recinto se ubican el Museo Néstor, la Plaza de Las Palmas, la Ermita de Santa Catalina, el Bodegón y su patio, pequeños comercios de artesanía y productos típicos y la Oficina del Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) de Gran Canaria; una de las primeras entidades en la promoción turística de Gran Canaria que inició su andadura en 1934 y se ubica, desde 1955, en uno de los torreones del Pueblo Canario, junto al acceso principal”. Queda claro que el CIT es una pieza original del Pueblo Canario y que no es casual su presencia y su actividad. Para Néstor era esencial la implicación de la sociedad para convertir en realidad el modelo turístico que plasmó en sus Visiones.
Y aquí llega el punto crítico: mientras avanza la inminente rehabilitación del Pueblo Canario -la primera gran intervención desde su apertura y una obra que marcará un antes y un después-, la sociedad grancanaria sigue sin conocer el proyecto del conjunto del BIC y qué será del CIT dentro del nuevo diseño. ¿Dónde quedarán sus archivos? ¿Qué uso tendrán sus dependencias? ¿Cómo encajará en un conjunto monumental y cuyo espíritu nació, precisamente, de la colaboración entre instituciones y ciudadanía? Esas son las preguntas planteadas a los responsables municipales que recientemente han conocido nuestra situación y han abierto sus puertas a la búsqueda de soluciones y de la colaboración que ha mantenido el CIT con todas las instituciones desde hace más de 90 años.
Conviene recordarlo ahora que la figura de Néstor vuelve a brillar en el Reina Sofía y el TEA: el CIT no es un intruso ni un vestigio incómodo, sino parte esencial del proyecto original. Representa el vínculo social que permitió que Gran Canaria transitara de una economía basada en el sector agropecuario al turismo mundial, de la subsistencia a la modernidad.
Hoy, cuando el debate turístico se agita entre incertidumbres y pulsos sociales, resultaría un error histórico dejar en la penumbra a quienes ayudaron a imaginar desde sus inicios -y a construir- la isla que conocemos. El CIT espera la rehabilitación como quien regresa a casa después de una larga travesía. Ojalá la nueva etapa no olvide que esta entidad “inquilina” ha sido, durante 91 años, mucho más que un huésped: ha sido parte del alma del Pueblo Canario y del proyecto de Néstor que continuaría César Manrique adaptándolo a su momento. Porque el CIT tiene iniciativa para la isla, para la defensa de su paisaje y patrimonio, para dinamizar el Pueblo Canario y volver a hacer de este espacio una obra de arte que enorgullezca a toda la isla.
- Enlace para ver el documental ‘El éxito turístico de la sociedad grancanaria. 90 aniversario del CIT’


