Por María Victoria Padrón Martinon //
El viernes 4 de octubre tuvo lugar en la Casa-Museo Antonio Padrón la presentación de Antonio Padrón. El silencio de sus soledades, obra de ficción donde Manuel García Morales da voz a los debates internos con los que todo creador ha de lidiar.

El hecho de estar ante el último libro dedicada al pintor Antonio Padrón me ha recordado que el pasado 22 de mayo se conmemoraron 70 años de su primera exposición individual, en El Museo Canario. Y es que aquel 1954 guarda un gran significado dentro de su trayectoria pictórica, debido al inmediato interés que la muestra suscitó, traducido en las primeras entrevistas realizadas a Padrón, portadoras de una valiosa información, dado que este género informativo recoge fielmente el pensamiento del entrevistado, sin estar mediatizado por el criterio del reportero. Como ejemplo de ello, a través del diálogo establecido entre el periodista Luis Jorge Ramírez y Antonio Padrón, descubrimos que “estar en continua inconstancia” constituye su mayor virtud y defecto.
Medios de comunicación como “Diario de Las Palmas” y “Falange” cubrieron el acontecimiento, convirtiéndose en las primeras fuentes documentales para el estudio del artista. De este modo, corresponsales como Guzmán, Luis Jorge Ramírez, Luis García Jiménez o Antonio de la Nuez, entro otros, llevaron a cabo el primer análisis de la pintura de Padrón, unido a la reseña redactada por el periodista y escritor Servando Morales en el catálogo de la exposición, cuya extensión contrastaba con la escueta nota autobiográfica del creador.

Las salas de El Museo Canario, abiertas aquel 22 de mayo de 1954, mostraron al público 36 obras, trabajadas con diferentes técnicas, bajo el indiscutible predominio del óleo.
La visión de los redactores confluía en el protagonismo del color, confirmado por el propio artista. Asimismo, incidieron en la fuerte personalidad del autor quien, a lo largo de una de las entrevistas, a cargo de Luis Jorge Ramírez, se desmarca de cualquier supuesta corriente pictórica al afirmar: “Me encuentro en eterno estado de evolución”. Esta idea es sostenida a su vez por Servando Morales: “Es toda la obra de Padrón Rodríguez un ciclo pictórico”, anticipándose a los futuros 14 años en los que Antonio Padrón interpretaría el mundo rural grancanario.
El interés por el entorno va parejo a la preocupación por la conservación de nuestro patrimonio, como puede derivarse de las declaraciones recogidas por Luis García Jiménez en 1960, en las que manifiesta su malestar ante el desinterés y abandono sufrido por la cultura material prehispánica, que intenta rescatar mediante las siete figuras de barro cocido incluidas en su segunda exposición individual, en el Gabinete Literario. Curiosamente, siete años más tarde, confesaría al periodista Orlando Hernández que la exigencia técnica requerida para el trabajo cerámico le había obligado a dejarlo, demostrando con ello un enorme sentido autocrítico, aunque es indiscutible el valor artístico de su pequeña producción.
Precisamente una de estas obras fue regalada a la periodista Margarita Sánchez Brito, como muestra de su satisfacción ante la entrevista realizada, en la que reitera su pesar por la pérdida de tradiciones populares canarias, como era el caso del molinillo de las fiestas, uno de sus iconos pictóricos.
La alusión al rescate del pasado con referencia a la infancia es recogida tanto por Margarita Sánchez Brito como por Luis García Jiménez puesto que ambos, desde diferentes medios periodísticos, cubrieron la información correspondiente a la segunda exposición individual de Padrón, donde juegos infantiles, tales como trompos y cometas, forman una nueva temática. Asimismo desvela su preferencia por entornos tranquilos, como la Gáldar de entonces, rodeada de un verde mar de plataneras, a la hora de superar la “batalla” que implica la elaboración de un cuadro, idea que retoma en 1967, al ser entrevistado por Orlando Hernández, donde admite que todo proceso creativo exige desgarrarse.

Si en 1960 Antonio Padrón calificaba su obra como “pintura figurativa”, al responder a la pregunta de Pedro González Sosa referente a su estilo artístico, años más tarde concretaría esta definición con el concepto “dramatismo sereno”, siendo de nuevo Orlando Hernández el depositario de una revelación que, sin duda, nos remite a la frase “me encuentro en eterno estado de evolución” y, por tanto, a la muestra de 1954.
Generalmente, los periodistas centraban sus entrevistas en aspectos técnicos de la obra de Padrón, fuentes de inspiración, su opinión personal acerca de otras corrientes pictóricas…Ante ello, el trabajo de Pedro Perdomo Azopardo constituye una novedad al inquirir a Padrón sobre los aspectos académicos de su formación, mientras se inauguraba la tercera exposición individual del pintor, en la Casa de Colón, en 1965. De este modo nos acercamos al profesorado de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y al nombre de Vázquez Díaz, citado en la exposición de 1954, se unen los de Julio Moisés y Ramón Stolz, el profesor de técnica, de quien resalta la calidad docente.
La información periodística supone el inicio de las fuentes documentales referidas a Padrón. Estas, a su vez, se han ido enriqueciendo desde los años 70 con monografías, encabezadas por la labor del escritor Lázaro Santana, amigo del artista y pionero en la investigación y difusión de su obra pictórica, despertando el interés de nuevos estudiosos. Sin embargo, artículos, memoria de licenciatura, ensayos, no habrían podido ser realizados sin el trabajo previo de redactores como Luis García Jiménez, Luis Jorge Ramírez, Margarita Sánchez Brito, Antonio de la Nuez, Pedro González Sosa, Guzmán, Pedro Perdomo Azopardo, Orlando Hernández, Enrique Lite.


