- La alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias, recibe al cantante mexicano en las Casas Consistoriales para la firma del manifiesto de apoyo a la ciudad, finalista a Capital Europea de la Cultura 2031
- La incorporación del artista reivindica los vínculos históricos y culturales que conectan Canarias con América Latina y refuerza la dimensión tricontinental de un proyecto que tiende puentes entre África, América y Europa
La música también puede dibujar mapas, derribar fronteras y acercar territorios separados por un océano. El cantante mexicano Luis Villa, heredero de la gran tradición del bolero y de la música de tríos, ha sido recibido hoy jueves por la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias, en las Casas Consistoriales, donde ha firmado el manifiesto de apoyo a la candidatura LPGC’31 a Capital Europea de la Cultura.
Vinculado a formaciones históricas como Los Panchos, Los Tres Reyes y Los Tres Ases, Luis Villa, que actúa mañana viernes en el Auditorio Alfredo Kraus con su espectáculo ‘Como un bolero’, representa una tradición musical que ha acompañado la memoria sentimental de varias generaciones y que forma parte de un patrimonio cultural compartido a ambos lados del Atlántico. Canciones que viajaron entre países y continentes hasta convertirse en parte de la banda sonora de millones de personas, también en Canarias, donde la proximidad cultural con América Latina ha tejido durante décadas una relación de afectos, intercambios y reconocimientos mutuos.
Una candidatura tricontinental
Su adhesión a LPGC’31 conecta con el espíritu de Rebelión de la Geografía, una candidatura que propone cambiar el centro del mapa para mirar Europa desde su condición atlántica, insular y tricontinental. Desde Canarias, África, América y Europa dejan de ser territorios distantes para convertirse en espacios de encuentro, diálogo y creación compartida.
Las Palmas de Gran Canaria reivindica así su capacidad para inspirar a Europa desde la diversidad de sus culturas, sus mestizajes y sus vínculos históricos. Porque la cultura, como el bolero, no entiende de fronteras: encuentra su sentido cuando emociona, reúne a las personas y convierte las diferencias en una oportunidad para reconocernos.


