Maikel, historietista: «Jamás hemos tenido problemas para encontrar candidatos a los Premios Gilipollas»


Por Noé Ramón //

Miguel Ángel García Maikel es otro de los dibujantes míticos de la revista El Jueves donde lleva casi cuarenta años al frente de la sección Seguridadsociá, lo que da idea del éxito y aceptación que ha tenido su personaje el incompetente doctor Muñón. Pero también es el miembro del Consejo de Redacción de la revista que en estas fechas es noticia tras la condena que le han impuesto en primera instancia por elegir en 2024 a la presidenta de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos como Gilipollas del año. Un premio que también otorgan cada semana debido al elevado número de candidatos hasta el punto de que el verdadero problema en realidad es elegir al ganador. De nuevo El Jueves se enfrenta a lo más rancio del país pero como dato positivo sus aguerridos y militantes lectores se han vuelto a movilizar y son cientos los apoyos que han recibido aceptando una promoción que ayudará a pagar los 6.000 euros de multa, en el caso, esperemos improbable de que sea firme. Algo parecido a lo que ocurrió con una portada sobre los entonces Príncipes de Asturias que dió lugar a que las ventas se incrementaran en casi 200.000 ejemplares, pese a que el entonces director JL Martín siempre matiza que no quisieron aprovechar la condena para aumentar la tirada. Maikel ha estado estos días en Tenerife participando en la original iniciativa Viñas y Viñetas, en su trece edición extra de verano, organizadas por la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo. 


-Hablemos en principio de la condena que les acaban de imponer Creo que ya la han recurrido o por lo menos así lo han anunciado.

-Sí, sí, ya está presentado el recurso. El proceso exacto que se va a seguir no lo sé al detalle porque lo lleva directamente el departamento jurídico, pero la apelación es segura.


-He visto que hicieron una promoción especial para financiar el proceso, una especie de crowdfunding.

-No ha sido un crowdfunding. Lo que hemos hecho como promoción es ofrecer un regalo a los que se suscriban a la revista por un tiempo. Ahora mismo no recuerdo si es un mes gratis o el número concreto en el que salía Cristiano Ronaldo recibiendo el mismo premio.


-¿En sentido estricto la sentencia les prohíbe explícitamente volver a utilizar la palabra gilipollas?

-No la he visto en detalle, pero no creo que nos prohíban eso. “Gilipollas” es una palabra que existe en el diccionario y que significa terco, creo, o algo así. Además, en este país estamos acostumbrados a ver constantemente en televisión a políticos que se dicen entre ellos cosas muchísimo más graves.


-En realidad lo peor de la sentencia es tener que pagar, porque de alguna manera es financiar a esta gente, ¿no?

-Ya, pero yo creo que no acabaremos pagando porque es algo que no tiene sentido. En la legislación española existe la figura del animus iocandi, ánimo de bromear. Esto siempre se ha utilizado con las revistas de humor, explicando que el contexto permite ciertas sátiras y fiestas que le quitan fuerza penal a cualquier cosa que se diga. Se tiene que entender dentro de ese contexto. No es lo mismo decirlo en la revista El Jueves que ponerlo en la portada de El País o de un medio que no haga humor.


-El problema es que seguramente no es lo mismo que el personaje sea un cargo público que otro más privado, como ocurre ahora. 

-Debe haber alguna diferencia. En general, nosotros no hablamos de particulares, siempre elegimos a señoras presidentas, de políticos… de cargos públicos.


-Pero bueno, no es la primera vez que tienen problemas con la justicia, En su momento con la revista Puta Mili también tuvieron algún que otro encontronazo.

-Creo que con la revista Puta Mili en concreto no, pero en El Jueves sí. Ha habido un par de denuncias a título personal. Recuerdo el caso de un sargento que se sintió ofendido por una noticia que publicamos, aquella de que el ejército rebajaba el coeficiente intelectual mínimo para poder ingresar.


-Sí, el otro día lo recordaba su autor Pedro Vera.

-Exacto, fue Pedro Vera. Creo que por esa portada un cargo, un sargento de algún sitio que no recuerdo bien porque hace ya mucho tiempo, puso una denuncia a nivel personal porque se sentía ofendido. Pero bueno, a eso estamos expuestos. En El Jueves siempre estamos ahí, al límite, buscando la vuelta más sorprendente o llamativa a una noticia para forzarla un poco más. Que alguien se sienta ofendido por algo es absolutamente libre. Cualquier persona se puede ofender hasta por el color de mi chaqueta, el problema es que luego un juez interprete que hay un fondo delictivo. En este último caso ha pensado que otorgar el premio al Gilipollas del año, que no es directamente llamarle gilipollas, aunque en el fondo es lo que queríamos hacer, resultaba excesivo. Recurrimos porque pensamos que la sentencia no tiene sentido y es un poco anacrónica.


-¿Cree que nos hemos vuelto una sociedad más rancia o más hipersensible?

-Es la sociedad en la que vivimos. Hemos ido hacia lo políticamente correcto en general, y yo creo que muchas veces nos pasamos. No hay que apurar tanto ni ofenderse por tantas cosas. Ahora hay más posibilidades de que se ofenda alguien por un dibujo o por un chiste que hace diez o veinte años.


-¿A qué cree que se debe ese cambio?

-Supongo que tiene mucho que ver con las redes sociales. Antes, un dibujo en El Jueves se movía dentro del núcleo de lectores de la revista. El que la compraba ya sabía que era de humor, entendía la clave de lectura y no se lo tomaba en serio. Sin embargo, hoy en día le hacen una foto a un chiste, se cuelga en redes sociales y, al salir de su contexto, de golpe y porrazo hay gente que no entiende a cuento de qué viene y se ofende por cualquier cosa, ni siquiera tiene que ser por la política. Puedo hacer una broma diciendo que los terraplanistas tienen razón o todo lo contrario, y siempre habrá alguien que lo saque de contexto. Si le preguntan a cualquier lector habitual de El Jueves, seguro que no le da mayor importancia a esto del Gilipollas del año o de la semana.


-En realidad se ha convertido en una sección mítica de la revista.

-Fácilmente la llevamos haciendo desde hace veinticinco o treinta años y ya se ha convertido en una broma interna. De hecho, la pensé y la hice yo. Recuerdo la primera vez fue a raíz de leer una noticia de un atracador de Alemania, un chaval joven en la que se especificaba todo el recorrido que había hecho para robar un banco que fueron un cúmulo de torpezas, hasta que lógicamente lo detuvieron sobe la marcha. Se había pasado semanas en el bar de enfrente vigilando, entró a robar con unos guantes rotos que fueron dejando huellas por todos lados y luego, para no llamar la atención, se vino a Marbella con una señora mulata a tirar el dinero. Entonces pensamos: “¿Qué es éste? Pues un gilipollas”. El título de la sección fue El gilipollas de la semana es fulanito, con la cara del hombre. A partir de ahí nos pareció divertido y decidimos buscar uno en cada número. Hasta ahora hemos hecho un montonazo y nunca nadie nos había dicho nada. Yo entendía que los políticos debían pensar aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”, es decir, que si denunciaban se iba a enterar mucha más gente que los lectores habituales de la revista. Pero bueno, nos dedicamos a esto.


-¿Y cómo ha caído la noticia de la condena dentro de la redacción?

-Ha sido un poco sorprendente. No esperábamos esa sentencia por lo que insisto: primero, porque esto aparece en una revista de humor y tiene su contexto y segundo, porque llevamos muchísimo tiempo haciéndolo y nunca había pasado nada. Además, en este país estás oyendo insultos constantemente en los informativos diarios: que si este presidente es un asesino, que si el otro es un estafador o un corrupto… Si los políticos no ponen denuncias cuando les llaman asesinos porque ya estamos acostumbrados a esa crispación, no tiene sentido que a nosotros se nos condene por esto. Estamos sorprendidos sobre todo, pero entra dentro de los riesgos de nuestra profesión.


-¿Les cuesta mucho encontrar candidatos a los premios gilipollas?

-¡No, qué va! No, porque al final llamamos gilipollas a cualquiera que haga una torpeza o a quien detectemos que actúa con mala fe. Es simplemente nuestra forma de criticar un acto o una conducta que alguien ha cometido, no a la persona en sí.


-Hablemos de su sección, Seguridadsociá. Lleva ya casi cuarenta años con ella.

-Hasta ahora creo que treinta y siete.


-¿Qué ventajas y desventajas tiene mantenerla durante tanto tiempo? ¿Se siente tiranizado o por el contrario le da cierta seguridad? ¿O las dos cosas a la vez?

-La ventaja es que conoces a mucha gente. Al llevar casi cuarenta años, han pasado varias generaciones de lectores por la revista. Es muy bonito cuando alguien te dice: “Hombre, yo te leía de joven”. La desventaja es que, después de hacer ciento mil ochocientas páginas de un mismo tema, ya no sabes muy bien qué tocar que no hayas tocado antes. Ahí entra la profesión, buscas variaciones, te llevas al personaje de socorrista a la playa en verano, cosas así.


-¿A qué se debe el éxito de la serie? ¿A que todo el mundo conoce lo que es la Seguridad Social porque es algo universal?

-Creo que si mi serie tiene éxito es porque mi tipo de humor es muy amable. Otras cosas que hago en El Jueves son más duras, entre comillas, pero en este caso es un humor muy agradable a la vista, con un dibujo redondito. Además, el chiste mudo se agradece. Con lo que cuesta leer en este país, la gente agradece ver la página de un vistazo y pillar el chiste final.


-Dicen que el humor sin palabras es el más complicado de hacer…

-Creo que es un poco más complicado, pero depende de quién lo mire. El que está acostumbrado a hacerlo lo encuentra más fácil. Para alguien que nunca lo ha hecho debe ser complicadísimo, porque está acostumbrado a explicar en el bocadillo lo que ocurre. A mí ahora me resultaría muy difícil hacer lo contrario.


-Usted también ha trabajado haciendo viñetas de actualidad diaria. ¿Cómo recuerda esa etapa?

-Publiqué durante cinco años una tira diaria de fútbol en el Diario Sport en Barcelona y luego estuve otros cinco en la edición de Cataluña de El Mundo haciendo viñetas sobre la actualidad política. Es cierto que hay una cierta presión por tener que entregar el dibujo cada día a una hora concreta, pero también te da agilidad mental.


-¿Es un formato más agradecido que el de una revista mensual?

-Es muy agradecido. Entregas el dibujo a las once de la noche y al día siguiente a las siete de la mañana ya te lo encuentras en el periódico. En El Jueves, cuando era semanal, entregábamos páginas dos semanas antes. Ahora que es mensual, lo hacemos con un mes o mes y medio de antelación. Cuando sale publicado, ya has entregado las páginas del siguiente número. El periódico diario tiene la ventaja de que, si un dibujo funciona regular, de un día para otro la gente se olvida y ya estás pensando en el de mañana.


-¿Cómo ve la situación actual del cómic, especialmente tras cambiar  El Jueves a formato digital y periodicidad mensual para poder sobrevivir?

-Más que pasar al formato digital, que también, pasamos de semanario a revista mensual de ciento cincuenta páginas y con lomo ancho. Tenemos la edición digital, que va muy bien para esos lectores que nos decían: “Es que ya no tengo sitio en casa y me fastidia tirar las revistas”. En el iPad lo tienen todo sin ocupar espacio. 


-¿Y cómo afecta la Inteligencia Artificial?

-Para cuestiones muy objetivas o matemáticas puede funcionar bien, pero va a quitarle mucho trabajo a la gente. En el caso de las profesiones creativas, de momento estamos tranquilos. La inteligencia artificial no inventa nada, no crea nada. Coge imágenes de un dibujante y de otro y hace una mezcla. Eso no es crear.

Hace muy poco tuvimos el caso en Valencia de un cartel de Paco Roca. Supongo que alguien en un ayuntamiento pequeño, con poco presupuesto, pensó que se ahorraba el dinero pidiéndole a una IA un cartel como el de Paco Roca y así lo hizo.


-Me da que eso entra ya en el terreno de la vulneración de derechos de autor.

-Creo que eso es totalmente denunciable. Están utilizando el trabajo de un dibujante que se gana la vida con esto para copiarlo exactamente igual y no pagar nada. Si Paco Roca denuncia a ese ayuntamiento y van a juicio, la multa les va a salir muchísimo más cara que si hubieran encargado un cartel original a un dibujante por trescientos o cuatrocientos euros.


-Aquí en Canarias pasó en Los Llanos de Aridane cuando el Ayuntamiento convocó un concurso para elegir el cartel de unos carnavales y al final eligieron uno hecho por IA y se ahorraron el premio. Y ya por último, ¿qué proyectos tiene de cara al futuro de la revista?

-Estamos pensando ya en los cincuenta años, que se celebrarán en mayo del año que viene porque El Jueves nació en 1977. Estamos ideando algo muy llamativo, que sea una fiesta para todos esos lectores que nos han seguido, nos han comprado, nos han dejado de comprar y se han reenganchado. Siempre digo que este país está lleno de ex lectores de El Jueves que no se dan cuenta de haber dejado de leerlo. Les preguntas cuál es la última portada que recuerdan y resulta que fue la de hace dos años. No ha sido una decisión consciente, simplemente la gente se hace mayor, cambian sus intereses, tienen menos tiempo y encontrar hoy en día un quiosco para comprar una revista es casi un milagro. Lo bueno es que siempre nos recuerdan con mucho cariño.


-¿Nos puede adelantar algo de lo que están preparando para ese aniversario?

-La verdad es que no puedo, porque ahora mismo soy el abuelo de la redacción y solo me dedico a meterles prisa. Ya he pasado por el número mil, el dos mil, los diez años, los veinte… y sé lo que cuesta esto. Les digo que no esperemos a empezar seis meses antes porque no nos va a dar tiempo. De momento nos come el día a día, ahora tenemos que adelantar el número de agosto por las vacaciones y hay que hacer dos números en un solo mes. Vamos siempre con el tiempo justo.

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