Nazario, historietista: “‘Anarcoma’ sigue tan joven y buenorra como siempre”


Por Noé Ramón //

Anarcoma, la dective transexual dedicada a investigar causas imposibles en los bajos fondos de Barcelona, como encontrar un amante robot que ha sido robado o detener a un asesino en serie de travestis superdotadas, vuelve a la vida por cuarta vez, con la reedición de sus obras completas. Nazario es un dibujante acostumbrado a vivir causando escándalos en cadena a su alrededor pero que parece desconocer el alcance real de lo que es una provocación. El autor se siente oguĺloso de Anarcoma, una santísima trinidad formada por Lauren Bacall, Humprey Bogart y él mismo, que se codea en los museos con obras de Cervantes o Lorca, para horror de los puristas, por supuesto, como no podía ser menos. En la actualidad Nazario es un señor de una edad respetable con una envidiable vida sexual que se muestra igual de interesado por la jardinería, la gastronomía y las labores domésticas que por el reconocimiento de su obra. Seguramente porque sabe que a estas alturas en cualquier momento puede ser el protagonista de una película de Los Javis.


-¿Cómo se encuentra creativamente? 

-Pues creativamente ahora mismo estoy delante del ordenador con el capítulo final del último volumen de mis memorias. El anterior lo entregué a principios de año a la editorial Anagrama y ahora toca esperar a ver si lo publican. 


-¿Y físicamente?

-Pues puedo defenderme, hacer la compra, la comida, mantener relaciones normales con mis novios… No me encuentro mal.


-La noticia de actualidad es que acaba de reeditarse la obra completa de Anarcoma

-Sí, es la cuarta edición. Hace unos ocho o diez años se publicó en España y también con una editorial de Francia en francés. Entonces se presentó en Angulema y la eligieron entre siete candidatas para el premio a mejor obra de cómic internacional. No ganamos, pero que fuera una de las seleccionadas entre cincuenta o sesenta presentadas me puso muy contento. 

También estoy satisfecho de que el personaje y la obra hayan tenido reconocimiento por parte de las galerías. De pronto nos surgió la oportunidad de estar en Bombón, una galería queer de Barcelona, que es moderna entre comillas, o al menos lo suficiente como para decidirse a hacer una exposición gráfica sobre Anarcoma. Tuvo bastante éxito, luego pasó por Arco y la han movido por ferias.

Esto es un reconocimiento a todos los niveles, incluido como obra de arte, al considerar que el cómic no es algo secundario, un arte menor, sino igual que la fotografía, pintura, escultura… Eso me satisface.


¿Cómo se le ocurrió el concepto de Anarcoma

-Quería hacer una historia con un personaje que tuviera continuación, porque todas las que hacía no tenían más de de 8 ó 10 páginas y los protagonistas eran muy limitados. Por ejemplo, Salomé, inspirada en Oscar Wilde, empieza y termina ahí. No daba para una serie. 

Por eso, necesitaba inventar un personaje para publicar páginas mensuales en El Víbora y luego hacer álbumes largos, así que se me ocurrió una historia de detectives. Eso me daba facilidad para moverlo por distintos ambientes, sobretodo el homosexual del Barcelona de los años ochenta. Un detective quedaba fantástico para introducirse por todos los bares de ambiente. Pensé en un hombre homosexual, pero eso ya estaba muy explotado, luego en una mujer pero tampoco me convencía porque ya existían Barbarella y Modesty Blaise

Entonces se me ocurrió que podía ser una transexual y así unía la parte masculina y la femenina y le di una cara, un pelo y un cuerpo poco estándar. Amigas travestis me decían que me había inspirado en ellas, pero no es cierto. Creé una especie de arquetipo: un transexual con tetas bien puestas, apetitosa, cuerpo bonito, activa y que sabía moverse por los ambientes de la Barcelona de los ochenta.

Después le busqué amistades, historias, aventuras y así nació el personaje que dio para hacer el primer volumen. Luego hubo una segunda parte y de pronto cambié de chip con otras historias y me olvidé de Anarcoma. Hasta que un día revisando mis archivos vi que había escrito el guión de la tercera parte. Como ya no tenía ganas de dibujar, lo edité como novela con el nombre Nuevas Aventuras de Anarcoma, una novela con un asesino en serie que mata a travestis superdotadas y colecciona sus penes. Como no es un cómic, quedó un poco fuera de lugar, es una obra un poco perdida, solo para los que están muy interesados en ella. 

Creo que mucha gente se lanza a la novela gráfica porque es una especie de engaño: un cómic en forma de novela o una novela en forma de cómic. Así les resulta más digerible y fácil leer.


-¿Anarcoma escandaliza más hoy, que en su día o igual? 

-Lo mismo, solo que ahora se ve como personaje de culto, como carne de galerías es otra visión. Una polla y relaciones sexuales explícitas en una galería no es lo mismo que en YouTube, Facebook o Instagram. Pienso que hoy donde hay más censura es en las redes sociales y de hecho a mi me han bloqueado por cualquier minucia. Es muy diferente de los ochentas.

Cuando se publicó Anarcoma en inglés en Estados Unidos, no fue prohibida, pero obligaron a venderla plastificada y solo en sex shops, lo que suponía una censura totalmente encubierta. En Alemania también hubo un juicio, me acusaron de corruptor de menores o de mayores, ¡Yo qué sé!

La obra sí se ha editado en Francia, pero la recopilación no ha tenido tanto eco como para traducirse a más lugares. En los 80 teníamos El Víbora, Makoki, El Jueves… hoy esas revistas no existen o tienen vuelos más bajos, no ya por la censura, sino porque han decrecido bastante.


-¿Cree que está encasillado como un autor casi exclusivamente gay? 

-¡Por supuesto! Y eso para mí es una putada. Te identifican con un personaje y todo lo demás que haces no existe. Me jode, porque a la vez que tengo a Anarcoma, también está Mujeres raras que para mí es donde mejor dibujé como autor de cómics, con historias como Salomé oLa calabaza encantada. Son historias cortas, como cuentos, de lectura más ligera.La gente se engancha con las series de televisión y no ve películas normales. Con Anarcoma pasa igual: todo el mundo solo me habla de ella y de nada más. 


-¿Se siente reconocido?

-Me siento reconocido cuando veo obras mías en la Biblioteca de las Letras del Instituto Cervantes. Para mí es entrañable ver que muestran dos páginas del comienzo de Anarcoma y me siento halagado de que me eligieran. Aunque luego haya gente que se tire de los pelos diciendo que personajes tan agresivos y ordinarios no pueden estar junto a obras de Cervantes o Lorca. 

A ese nivel sí ha habido reconocimiento y también en que la historia se haya exhibido en museos, galerías y ferias o que me hayan dado la Medalla de Oro de las Bellas Artes, pero luego está lo que decíamos: te encasillan y eso es irremediable. A mí no me gustaría ser considerado solo como “el dibujante de cómic homosexual”. Ocaña también quejaba de que lo definieran: “pintor homosexual”. Montones de artistas no tienen porque llevar esa etiqueta. Me siento encantado de que Anarcoma le haya servido a mucha gente para salir del armario pero eso no quiere decir que toda mi obra sea de temática homosexual.


-¿En la actualidad cómo es un día normal suyo? 

-Hoy he puesto una lavadora, he subido a la terraza a colgar la ropa, he cortado hojas amarillas del limonero, he puesto tierra en macetas, he bajado un cubo de tierra para trasplantar… Ahora estaba escribiendo cuando me llamaste. Después me haré una musaca que dejé preparada ayer, -a continuación me explica la receta con todo todo tipo de detalles-, duermo mi siesta, me levanto, hoy tengo que ir al abogado y ayer fui al osteópata porque me dolía la espalda. Me hizo las maldades habituales como estirarte la cabeza hasta que casi me la arranca… De hecho dejé al quiropráctico por eso. Soy masoquista, pero a otro nivel. 


-¿Cuánto tiempo dedica a crear? 

-El tiempo que puedo. Si me viene un novio, me enrollo con él, si me llama un periodista de Canarias estoy aquí en el sofá hablando como hago ahora. Si una amiga me habla de salir, quedo con ella. Para mí lo primero ha sido vivir, lo creativo viene después. Mi estudio siempre ha estado en casa. No separo una cosa de otra. Conozco a pintores que de 9 a 3 están encerrados sin teléfono, y luego atienden a la gente. Yo esa dicotomía no la puedo llevar, mi vida es una mezcla de todo.


-¿En qué consiste el último, por ahora, capítulo de sus memorias?

-Estoy escribiendo el volumen en el que actualizo mis vivencias durante el covid. Creía que me moría. Estuve encerrado en casa como todo el mundo y la hija de una vecina me traía la comida en un tupper. Tenía ganas de mantener relaciones sexuales, pero decía que no hasta que pasara el confinamiento. Incluso regalaba dinero a los vecinos como si fuera una herencia, lo dejaba tirado por la escalera. Todas las noches me dormía pensando que no iba a despertar vivo.


-A usted que le gusta la iconografía religiosa. ¿Qué le pareció la reciente inauguración parcial de la Sagrada Familia y la visita del Papa? 

-Me ha dicho una amiga que ahora iba a Canarias, pero no me he enterado y la Sagrada Familia me cae lejos de donde vivo. Si me hubiera subido a la azotea habría visto los fuegos artificiales y los drones pero no es una historia que me preocupe demasiado. Prácticamente de lo único que me enteré de la visita del Papa fue escuchar como pasaba un helicóptero por ahí arriba. A estas alturas no estoy yo para muchas iconografías. Antes iba al Rocío con Alejandro, mi marido durante más de treinta años, y a Sevilla por Semana Santa pero después de su muerte ya no me mueve nada

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