Pedro Vera, historietista: “La censura siempre consigue el efecto contrario: intentas tapar algo y la discusión se multiplica por mil”


Por Noé Ramón //

Las entrevistas con Pedro Vera están llenas de signos de exclamación, reflejo de la pasión que todavía le pone a su trabajo y a sus opiniones. Ahora es actualidad por la querella que ha ganado a El Jueves, una asociación ultracatólica tras haber nombrado a su presidenta Gilipollas del año, sección a la que está al frente y que acaba de recopilar en Titanes del Bochorno. La condena apenas implica el pago de 2.000 euros a la asociación y 6.000 a la presidenta, frente a los 12.000 que pedían y además de que seguramente se anulará en la siguiente instancia supone una buena promoción de su nueva obra. 


-Recientemente ha salido la noticia de que El Jueves vuelve a tener problemas con la Justicia. Esta vez parece que los han condenado. Da la impresión de que la historia se repite. 

-La verdad es que me sorprende cada vez más. Vamos a ver, nosotros somos nada, una cosa anecdótica, muy poquita cosa viendo toda la deriva actual de lo que está pasando. Frente a nosotros hay un auténtico rodillo de grupos ultracristianos que van a todo trapo, a ellos no les falta dinero ni gasolina. No sé cómo se financian, porque llevan unos abogados del copón. 

Tampoco creo que se dediquen a defender a la gente de a pie, están ahí para amedrentar y para coartar la libertad de expresión. Eso te lo digo yo. Por lo menos en nuestra revista dibujamos lo que nos sale de la polla. Contamos con el apoyo de la editorial porque tenemos libertad de prensa, pero al final todo se limita a que la empresa se encarga de pagar las multas ¡y a seguir circulando!


-¿Cómo está viviendo el ambiente dentro de la revista con estas últimas polémicas? ¿Ha podido comentarlo con los compañeros?

-No he comentado nada con nadie, la verdad. Yo estoy en Murcia y tampoco es que tenga un gran contacto diario. Además, la redacción ha cambiado mucho; ahora mismo creo que son solo dos personas en plantilla, en una planta perdida de un macroedificio. Cuando hay reunión del consejo de redacción se junta más gente, pero el día a día es así.


-¿Cómo te enteraste de la condena?

Me enteré de la última multa porque me mandó un whatsapp, Fernando Sánchez, con quien hice recientemente un libro sobre los bulos del franquismo titulado Francofacts. Me pilló de viaje y me sorprendió, aunque al final es una multa pequeña, creo que de unos miles de euros. Ni siquiera llegó a los doce mil de aquella famosa portada de los reyes. Esto no terminará aquí, se recurrirá y se ganará. Además, la censura y las condenas siempre consiguen el efecto contrario: intentas tapar algo y la discusión se multiplica por mil. José Luis Martín, que sigue siendo socio, ya me dijo en su día cuando pasó lo de la portada de los reyes que El Jueves se iba a aprovechar del tirón mediático para aumentar la tirada. Seguiremos igual. De momento no nos fusilan ni nos encierran, que los caricaturistas nos podamos reír de esto ya es una victoria.


-Dices que “de momento” no pasa nada grave. Pero a ti te ha tocado vivir algún que otro proceso judicial serio por sus dibujos.

-¡Hombre, claro! Dos veces, y salimos victoriosos. Pero eran otros tiempos, corría el lejano año 2000. Se había reformado la ley para el acceso profesional a las Fuerzas Armadas y rebajaron el nivel de exigencia. Me encargaron la portada de esa semana. El proceso en El Jueves siempre ha sido el mismo: se reúne el consejo de redacción, se decide el tema y se busca al dibujante que mejor encaje. Pensaron en mí porque buscaban un estilo “cañero”. A ti la idea te viene dada, tú solo la ejecutas. Me pidieron dibujar a un recluta con cara de despistado y detrás a un oficial diciendo algo así como: “Es que así parecemos más listos”. El titular hablaba de la rebaja de requisitos para entrar en el ejército.


-¿Y qué ocurrió después de publicarse?

-Nos metieron una querella por injurias. La puso un sargento chusquero en un juzgado de Madrid, dirigida contra la imprenta, que estaba en un pueblo cercano a Barcelona. José Luis Martín me llamó y me dijo: “¡Oye, vente para Barcelona, y de camino así conoces la redacción, que en aquella época sí estaba llena de gente, y gestionamos esto!”. Decidieron que para optimizar el proceso judicial era mejor que yo figurara como el principal responsable del dibujo. Me explicaron que si el juicio se hacía en el pueblo de la imprenta nos tocaría una jueza novata, muy joven pero muy recta, lo cual era mejor que si me juzgaban en Murcia, donde nos podría tocar el típico juez del bigotillo. 


-¿Cómo recuerdas el día de la declaración? Supongo que al ser la primera vez estarías un poco asustado. 

-Iba con el culo un poco apretado, no te lo voy a negar, era mi primer juicio. Fuimos el abogado de la revista, el director y yo. Entramos al despacho de la jueza que era una sala de trabajo normal y que estaba embarazada. Nos pidió que explicáramos cómo se hacía la portada y le conté exactamente el proceso de la redacción. Además, añadí un argumento personal: “Señoría, yo no tengo ninguna intención de ofender a las Fuerzas Armadas; mi suegro y mi cuñado son comandantes de carrera”, lo que es verdad.. La jueza miró los papeles de la querella, vio que eran cuatro tonterías y nos dijo que eso no iba a ningún lado. Añadió que si por ella fuera, condenaría al demandante a pagar las costas por hacerle perder el tiempo a la justicia. ¡Cómo ha cambiado este país desde entonces! Nos dijo que en realidad nos había citado porque tenía curiosidad por conocernos.


-Pero también hubo algún otro problema después. ¿De qué se trataba?

-Sí, ese ocurrió unos cuantos años más tarde. Fue con motivo de la boda de la duquesa de Alba. Me encargaron que dibujara una hipotética despedida de soltera de esta mujer, utilizando todos los clichés y tópicos que rodean a ese tipo de celebraciones tradicionales. Ella era la “más grande de España”, tenía que llevar lo más grande de España y por eso la dibujé con el actor porno Nacho Vidal sentado en su hombro y su enorme polla cayéndole por la frente. Esa era la imagen. Como me olía el percal, cambié el nombre por el de Duquesa de Albal, como el papel de aluminio. Abajo puse una nota que decía: “Por favor, señor juez, no me denuncie, que esto es para hacer reír”, porque ya me olía lo que iba a pasar..


-Y qué fue lo que ocurrió al final…

-Me llegó un querellón de la hostia a través de El Jueves. El abogado me dijo que el sumario llevaba ya como siete mil folios. Pretendían el secuestro del número, pero ya era tarde porque la revista ya se había vendido entera quince días antes. Buscaban la noticia. Los abogados de la Casa de Alba van a igualas, se dedicaban a poner querellas de trescientos mil euros a todo el mundo y sacaban de ahí un sobresueldo al año. Al final el juez la desestimó directamente y no llegó a nada. En fin todo esto sirve para contar batallitas de juventud. 


-Aunque sí hubo alguna que perdieron.

-Sí, llegó una de Belén Esteban por una portadilla que hizo un compañero. Era un chiste genérico diciendo algo así como:  “Torero pilla a chica de extrarradio y luego se hace famosa gracias a eso”. La caricatura daba a entender que era ella. El juez le dio la razón. La multa no fue como los doce mil pavos de la portada de los Reyes; en este caso fueron seis mil. Pues nada, muy bien, que los aproveche. Ahora imagino que recurrirán la que acaba de salir. En aquella época ganábamos; ahora igual nos meten en la cárcel o nos tiran por la pasarela de Humor Amarillo


-Esta vez son unos dos mil euros para la asociación y 6.000 para la presidenta frente a los 12.000 que les pedían.

-Pues ¡vaya mierda de multa! ¡No hay derecho, nos merecemos multas más altas, hombre! ¡Qué vergüenza, ya ni se respeta eso!


-Cambiando de tema, ¿Cómo va tu anterior obra Francofacts?

-Va muy bien, la verdad. En realidad va como un tiro. Creo que ya estamos por la cuarta edición. Estoy muy contento.


-Y ahora acabas de lanzar otra publicación al mercado, ¿verdad?

-Sí, acabo de sacar un recopilatorio Titanes del Bochorno. Precisamente me podrían haber jodido por lo mismo, porque la denuncia de Abogados Cristianos fue por un especial de Navidad donde se elegía al Gilipollas del Año. Pero esa sección mía es semanal y se llama El gilipollas de la semana. Llevaba muchísimos años haciéndola y en un curso de verano de la Universidad un oyente me propuso recopilarla en un libro.


-¿Qué se va a encontrar el lector?

-Es un catálogo de caricaturas a página completa: mucha cabeza y cuerpo pequeño. Pero además es un resumen de la historia reciente, tanto de España como internacional, porque el gilipollas de la semana no conoce fronteras. Hay políticos, influencers, famosos, deportistas… de todo. En este primer volumen he decidido probar con la política española. Reúne a gente que por sus méritos semanales mereció subir a la sección. 


-Las críticas que he leído están siendo buenísimas. ¿Crees que el cutrerío y el ranciofact van a peor en nuestra sociedad?

-Creo que hemos llegado ya a la cúspide de la evolución y ahora vamos para abajo otra vez. Quiero equivocarme, pero soy pesimista porque veo lo que está pasando. Y no solo en la política. El otro día vi un vídeo de un catedrático que explicaba que el cociente intelectual ha caído en picado desde 2006 hasta la actualidad.


-¿Y a qué atribuía esa caída?

-A la forma de consumir tecnología y ocio, básicamente el móvil. Leemos a una velocidad multiplicada por cuatro y consumimos contenidos muy básicos. Ahora cualquier ceporro tiene voz, millones de seguidores y pontifica sobre cosas de las que no tiene ni puta idea. Hablan con un desparpajo y una seguridad en sí mismos que da asco. La gente se vuelve loca. La sociedad es como una olla gigantesca de garbanzos subnormales, el que saque la cabeza y caiga en esa olla, se quema.


-¿Existe alguna nueva modalidad de ser rancio?

-En internet todo se quema rapidísimo. La gente se mueve solo por los likes. Alguien sube un vídeo con un chiste o un gag y a la media hora hay mil cuentas haciendo su propia versión. Ya nunca sabes cuál es el original. Es una repetición cansina de cosas que todo el mundo ha visto. Pero la rancedumbre ha existido desde la noche de los tiempos. El clásico vecino que te ve limpiando el coche y te dice: “Cuando termines, te pones con el mío”. Me juego los huevos a que en una caverna de la prehistoria ya había un tío barriendo con una rama y el de al lado le decía lo mismo. Esto durará hasta que nos extingamos.


-Al final da la impresión de que todo el mundo tiene un toque rancio dentro…

-Pues sí, hombre, todo el mundo. Pero vamos, tampoco es una cosa mala. Es algo inherente al ser humano. Yo siempre lo digo: abrazo la ranciedad y lo carca con orgullo. Siempre y cuando, claro, no sea una cosa que machaque al contrario o que sea ofensiva; tiene que ser algo con lo que nos reíamos todos. Reconozco que al principio, con el primer libro o la primera historieta, iba con el cuchillo entre los dientes. Pero luego me di cuenta de que lo que molaba era reírnos entre todos, porque todos somos iguales.


-¿Cómo influyó el público de internet en ese cambio de visión?

-Yo subía viñetas a internet y la gente me decía: “Bueno, en esta página que has hecho sobre este tema, te ha faltado esto”. Y yo pensaba: “¡Coño, pues vamos a hacerlo entre todos!” Se convertía en un trabajo en común. A mí se me ocurría el tema, la gente se compinchaba y me decía: “Pues pon esto, pon lo otro”. Al final, cada uno contaba lo que le hacía más gracia y se enorgullecía de la ranciedad que acababa de soltar, porque la había aportado él. Ahí me di cuenta de que esa era la manera: reírse en lugar de criticar. Es verdad que hay críticas subyacentes dependiendo de qué tipo de ranciedad sea. Pero a mí las puras me encantan. ¡Que no se acaben nunca, por favor! ¡Que sigan poniendo películas de romanos en Semana Santa!


-Porque hay muchos niveles de ranciedad, ¿no?

Claro, el nivel “cuñado” tiene muchas variantes y es divertido. No sé, como el típico que te pone otra cerveza diciendo que tiene un agujero abajo porque se la bebe muy rápido. Hay versiones modernas de la ranciedad de bar, como lo del código QR. Me contaron una buenísima en twitter. Un chaval me dice: “¡Jo, la que le han hecho mi padre! ¡Qué buena!. Resulta que se sientan en la mesa y cuando pregunta dónde está la carta para pedir, el camarero les señala el código QR, mi padre se le queda mirando, y entonces el camarero se adelanta y hace la jugada maestra: pone un dedo sobre una esquina del QR y dice: “Mire señor, de esto ya no nos queda”. ¡Hostias, tío! ¿Ves? ¡Se puede renovar! ¡Si hay ingenio y talento, se puede seguir con lo mismo eternamente!


-¿Y qué próximos proyectos tiene? ¿Seguirá sacando esta serie?

-Pues voy a sacar un volumen integral recopilatorio de Nick Platino, un personaje mío de los años noventa. Empecé a crearlo para Chile y luego tuvo su hueco en la revista El Jueves durante bastantes años. Originalmente nació como una especie de superhéroe o detective de lo astral, pero dentro de un tono muy cutre y casposo. Eran historietas largas, de ocho, diez o doce páginas, donde luchaba contra enemigos que amenazaban la Tierra, de toda índole, desde un zurullo gigante colonial del espacio exterior hasta un simio influyente. Había de todo. Tengo bastantes páginas guardadas, pero hay que darles un repaso, sobre todo por el texto de la fuente, que era muy pequeña. Ya lo tenemos en marcha con la editorial.


-¿Tienes una rutina diaria de trabajo establecida?

-Cuando trabajas en casa con la familia te amoldas a ellos y a lo que surja, pero intento trabajar de día. De joven y soltero me comía muchas noches pero ahora solo lo hago cuando aprietan los apuros y las fechas de entrega. Normalmente distribuyo el trabajo entre la mañana y la tarde, pero no tengo un horario fijo ni una disciplina matemática.

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