Ricardo Cavolo, ilustrador, “Más que querer ser artista, siempre tuve claro que dibujar era mi única posibilidad”


Por Noé Ramón //

El primer contacto de Ricardo Cavolo con el mundo del dibujo vino directamente de su padre, un pintor que por las estrecheces de la vida se tuvo que convertir en profesor de arte. Este ilustrador nació en Salamanca en 1982 y desde pequeño estuvo rodeado de lienzos, pinceles y largas horas de trabajo acompañando a su padre junto al que se sentaba con su propia mesa y rotuladores. Al final como era inevitable optó por la ilustración y para ello se formó en Bachillerato Artístico y Bellas Artes, hasta convertirse en uno de los dibujantes más originales de España por su uso, rozando el abuso, del color sin miedo ni complejo alguno y temáticas llenas de simbolismos y figuras extrañas. Su obra está repleta de elementos que lo hace singular como poner dos o tres filas de ojos, corazones en llamas o incluir en sus portadas nombres tachados de supuestos prologuistas que fueron sustituidos a última hora. En un panorama en el que en cualquier momento puedes ser devorado por una interpretación errónea de tu trabajo, él deja que cada uno saque sus propias conclusiones sin tener mucho interés en saber cuáles son, ni preguntar porque cree que se trata de un asunto estrictamente privado. 


-La influencia de tu padre fue decisiva. 

-Sí, cuando nací mi padre se dedicaba a la pintura de manera profesional y toda nuestra casa era un poco un estudio y crecí rodeado de ese universo que de alguna manera me marcó bastante. Mi padre invertía muchas horas en casa en dibujar y pintar y por eso de imitar a los mayores, me ponía a su lado en una mesa con rotuladores y demás. Ahí empecé y ya no he parado. Después me formé y entré en el mercado laboral donde comencé a ganarme la vida de esta manera.


-Entonces nunca dudaste de cuál iba a ser tu profesión. 

-De lo que estaba convencido es de que no quería hacer otra cosa. No era algo así como “voy a ser artista”, porque en realidad no sabía muy bien cómo lo iba a estructurar y además en un momento dado de mi infancia a mi padre no se le dieron bien las circunstancias que le rodeaban y tuvo que convertirse en funcionario. Eso también te corta un poco las alas mentales. Somos una familia sin medios, enchufes ni conexiones, que pudieran ayudarnos. Entonces, lo veía todo un poco difícil pero también sabía que no había ningún otro camino, así que me dije: “Bueno, esta es la única posibilidad, ya veremos un poco en qué se cosifica y si tengo que ser profesor, meterme en una agencia de publicidad, diseñador… No tenía muy claro lo que iba a hacer pero desde luego, sí sabía que era el único camino. 


-Y de los consejos que te dio tu padre ¿Cuál es el que más te ha servido?

-Uno que en realidad se aplica para casi cualquier cosa en esta vida. Él es una persona muy trabajadora, es muy aplicado, invierte mucho tiempo, energía y demás en su trabajo. Me decía que hiciera lo que yo quisiera pero sin hablarlo era algo que percibía. Eso es un poco general entre los artistas, que todo lo que haces incluso fuera del estudio de alguna manera es un alimento para tu cabeza, para el futuro como artista. En los libros que lees o películas que ves, siempre hay un ojo que observa las cosas de otra manera y que guardas en cajones para que te puedan servir luego. Es una especie de visión en 360 grados de todo lo que te rodea para luego decidir con qué te quedas. Esta es una carrera de mucho esfuerzo y mucho sacrificio.


-¿Y en la forma de dibujar te ha influido también? 

-Sobre todo en el uso del color aunque yo lo trabajo a mi manera y él a la suya. Cada uno tenemos una paleta diferente pero siempre me gustó mucho la manera en la que él lo usa, con mucho colorido. Creo que eso me quitó el miedo que hay a veces a usar colores fuertes, vivos, a divertirte. Desde el principio eliminé un poco esas barreras y me crié digamos en usarlo de una forma vibrante y sin temores Eso lo tengo muy presente en mi trabajo por influencia suya. Y luego también están los conceptos de universos, la fantasía y demás, que él no lo ha trabajado mucho pero sí me proveyó de bastante material, sobre todo de lectura y cómics. Por eso desde muy pronto en mi cabeza comenzaron a desarrollarse esos universos. 


-¿A él le gusta tu trabajo, pese a la diferencia generacional?

-Hasta donde yo sé, sí le gusta. La diferencia es que él hacía ilustración más relacionada con la pintura, era más bien un pintor y lo mío es la ilustración. Básicamente son calles un poco diferentes que a veces conectan al final. Él ha visto cómo ha evolucionado mi trabajo y por eso cuando conoces algo de cerca, lo conviertes en algo tuyo.


-Entonces también lo entiende.

-Sí perfectamente. Ya digo, forma parte de nuestro universo. Aunque luego yo he seguido mi camino particular, compartimos las mismas referencias. Entonces claro que lo entiende, sí. 


-El otro día encontré en una librería de Santa Cruz tu libro Periferias, y me llamó mucho la atención, quizás precisamente por cómo empleas el color.

-Salió hace casi trece años. Me alegra mucho que todavía se pueda ver en las librerías porque además es mi libro favorito, es un poco como la biblia de mi trabajo, el que mejor expresa lo que llevo en la cabeza. Es una traducción constante, una especie de realismo mágico. Como te decía me interesan mucho los mundos un poco fantasiosos y de hecho ahora estoy metido en la época medieval porque le encuentro mucha fantasía, mucha magia y Periferias es una suerte de enciclopedia de todo eso, con ciertos elementos que pertenecen a la sociedad. Hay una especie de explicación inicial, digamos casi de wikipedia y luego hablo de cómo entiendo el realismo mágico. Ese es justo el espíritu de mi trabajo y es cien por cien el contenido de ese libro. 


-¿Entonces consideras Periferias como la auténtica biblia de tu forma de entender el arte?

-Para mí sí, ya no tanto por los temas, que desde luego los tengo muy presentes, como defender a las minorías, lo que hago desde pequeño y que es una especie de motorcito, sino porque de lo que se trata en definitiva es de hacer arte. Pero además intento insertar situaciones sociales o críticas, cosas que a mí me gusta reseñar o subrayar y darle un poco de magia.


-¿Cuál va a ser tu próxima obra?

-Dentro de tres meses voy a publicar mi primer cómic, porque otro que hice hace años no puede ser considerado exactamente como tal, era más bien un álbum ilustrado pero llevo dos años trabajando en este que voy a publicar con Astiberri. Es el proyecto que más tiempo y esfuerzo me ha llevado, de todo el tiempo en el que me he dedicado a este mundo como profesional. Ya lo he acabado y saldrá sobre octubre o noviembre. 


-¿Y la última?

-He estado tan metido en este proyecto que ya casi no me acuerdo pero fue Poeta en Nueva York de García Lorca y también he ilustrado un libro infantil y un álbum que se titula El León tiene pelo de fuego, una historia sobre mi hijo mayor que se llama León contada a mi manera sobre un capítulo que tuvo en su en su niñez. 


-¿Ya tienes decidido el título de la próxima obra?

-Lleva el nombre de dos niñas Lola y Estrella. Es de fantasía, algo que siempre me ha gustado mucho. Me parece muy interesante el mundo de los niños porque siguen teniendo una mente abierta y un espíritu muy bonito, que en realidad es lo que puede cambiar el mundo. Me gusta mucho trabajar para esa edad. El cuento es una odisea de aventuras de estas dos niñas para mejorar el mundo, serán dos volúmenes, de manera que el segundo saldrá dentro de un par de años. 


-De ti dicen que tienes un estilo muy naif dibujando pero los contenidos son muy duros.

-Ya te digo que desde muy pequeño tengo como un poco esa consciencia de defender a las minorías o de ver un poco cómo está la sociedad. He convivido con gitanos en poblados durante mucho tiempo de mi infancia y eso te hace un poco ver la realidad desde un punto de vista diferente a lo que sucede en una parte y en otra de la ciudad. Mi padre es una persona muy peleona políticamente, muy de defender lo que cree y a mí eso me lo ha pegado y por lo tanto aparece siempre en el espíritu de mi trabajo. Y de hecho me gusta mucho que sea así. 


-El otro día vi un dibujo tuyo en el que representabas a España como una mantis religiosa. No entendía muy bien cuál era el mensaje. 

-Esa es la introducción de un Don Quijote ilustrado que hice en el que lo representaba  como una mantis religiosa porque visualmente, daba un poco ese juego. Lo que viste es el mapa en el que fueron desarrollándose las aventuras de Don Quijote pero planteado un poco a mi estilo. 


-¿Pero es una crítica o una ironía?

-¡Qué va, al contrario! Es un juego bonito y fantasioso. Me dio mucho trabajo meterle más fantasía de la que ya por sí tiene el relato. Mi intención fue también mantener el patetismo que tiene a veces el Quijote y lo cómico que planteó Cervantes. 


-Un aspecto muy repetido en tu trabajo es poner, al menos dos o tres, pares de ojos, uno debajo de los otros. 

-Es una cosa que va cambiando con los años pero es verdad que me gusta usar la simbología porque me parece interesante y divertido, contar cosas de una manera un poco más críptica,. Muchas veces no me apetece contar exactamente el significado de todo, por lo que usando simbologías y códigos y demás el espectador lo capta más rápido. Ver que hay algo detrás y entonces ya le propones un juego.


-Lo de los ojos me recuerda a algunas figuras de la India y Nepal. 

-Si lo dices por lo del tercer ojo te diré que no hay nada de místico en mi trabajo. No va por ahí, no tiene nada que ver ni está relacionado con la mitología hindú. 


-De tu carrera se resalta como un significativo hito la portada que hiciste para la revista Yorokobutras ganar un premio. 

-Eso fue hace como quince años. La verdad es que no sé muy bien qué decir. Fue un paso más y me resulta muy chulo y muy interesante. De hecho no me suelo presentar a concursos porque me da bastante pereza trabajar para que luego no ganes y no puedas sacar el trabajo adelante. Pero mira, para uno que me presenté, lo gané y genial. La wikipedia lo menciona como una gran cosa y obviamente es importante pero lo veo como un pasito más en mi vida. 


-¿Cuáles son tus principales fuentes de inspiración, las distintas épocas creativas que has tenido? 

-Hay unas cuantas diferentes. Durante unos años una de las patas fueron los dibujos animados, algo que he asumido desde muy pequeñito. Siempre me gustaron mucho los dibujos animados, mi padre tenía un montón de cómics en casa y esos lenguajes visuales y demás me han interesado siempre. Hay muchos momentos de la historia del arte que me interesan pero quizá el más constante en mi trabajo y el que más me gusta y atrae es la época del románico, las ilustraciones que se hacían en los libros iluminados. El beato de Liébana, me interesa mucho, me fascina desde que lo descubrí, parecía un cómic actual, moderno incluso lisérgico, un poco loco. Es que en realidad fue algo hecho en un monasterio en el siglo X y me atrajo ese contraste. Luego también me gusta mucho una corriente del arte que se llama Outsider, hecho por artistas que están al margen del mercado y que normalmente no tienen pretensiones artísticas, se mueven más bien por una cuestión personal y autodidacta pero con temas muy complejos. Muchos de esos artistas tienen algún tipo de situación mental o social que les aleja un poco de la realidad y entonces de ahí sale una combinación muy interesante de trabajo. 


-En general ¿Crees que se comprende tu obra?

-En general, sinceramente me parece que sí. No creo que sea muy crítico ni muy complejo.


-Pero te gusta que cada uno se monte una historia que no tiene mucho que ver con lo que tú pretendías. Por ejemplo, lo de la mantis religiosa lo entendía como una especie de crítica al centralismo de España.

-No pregunto a la gente sobre el mensaje que entienden. Eso es una cuestión íntima de cada uno y yo no voy preguntando por ahí si se entiende mi trabajo o no porque me parece algo privado, así que cada uno haga el ejercicio que quiera con ello. A veces es simplemente un disfrute visual y eso me parece genial. Luego están los que se montan su historia y algunos coincidirán con la mía y otros no. Todo, sirve, todo vale. En el caso de la mantis si hubieras visto el contexto sabrías que fue el inicio del libro del Quijote que en muchos otros comenzaba con un mapa del recorrido que hacía con sus aventuras. La mantis es tan sólo una cosificación del Quijote porque me parecía divertido. Pero no tiene nada que ver con una crítica a España.

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