Una isla de bienestar y cuidados

Por Míchel Jorge Millares //

En marzo, junto a la primavera, la Institución Ferial de Canarias celebró la séptima edición de Expo Bienestar Canarias. Una nueva convocatoria dedicada esta vez a la ‘Riqueza personal y el equilibrio laboral’. Otras miradas sobre la salud, desde hace demasiados años desplazada a un plano secundario hasta que la pandemia nos ha demostrado su importancia. Una reflexión necesaria en tiempos de inseguridad y situaciones críticas que alteran el equilibrio emocional pero también sacan a relucir cualidades que no conocíamos, mientras reaccionamos ante las incertidumbres.

La temperatura era agradable y así se mantuvo toda la jornada. El sol lucía en el exterior del Palacio de Congresos, mientras las playas en el norte y el sur estaban llenas de turistas, como comprobó el grupo de ponentes junto a los hoteles donde se hospedaron. Un clima muy distinto al del continente, con bajas temperaturas, lluvia y nieve, tal como resaltaron durante sus intervenciones. Estaban contemplando en directo el mito de las islas de los afortunados, con el clima más saludable para el cuerpo y la mente. Un territorio que vive desde hace décadas en paz, en un mundo angustiado por la pandemia, la guerra y, aquí mismo, con un devastador volcán.

Pero volvamos al bienestar. De la leyenda a algo que se ha podido comprobar históricamente y documentar científicamente. Tras la colonización, descubrieron que las islas disponían de fuentes de aguas medicinales y un clima sin extremos. Donde todo sana. Todo lo que respiramos, la luz natural, los baños de mar, el oxígeno de los pinares o la laurisilva y una temperatura media anual de 24 grados. Hechos comprobados durante siglos por los numerosos científicos que se han interesado por estos laboratorios insulares de la naturaleza.

Gran Canaria, por su naturaleza volcánica, poseía manantiales de aguas termales. Debido a la composición geológica y volcánica de su suelo, rico en hierro, silicatos, gas carbónico, etc., se consideró que las aguas de sus nacientes tenían propiedades mineromedicinales, lo cual atrajo el interés de personas que buscaban sanar sus cuerpos, dando inicio al turismo de balneario, según la moda europea que comenzó en el siglo XIX. La Guía de Balnearios de 1947, cita seis balnearios en esa fecha: Los Berrazales, Cristo del Rincón, Firgas, Santa Catalina, San Roque y Teror. Desgraciadamente, el balneario emblemático de Azuaje se cerró en 1938 por razones sanitarias, y la riada de 1955 terminó por destrozarlo. Sin embargo, se ha mantenido la explotación de envasado y comercialización embotellada de las aguas: aguas de Firgas y de Teror.

La mayoría de estas antiguas instalaciones se encuentran en parajes de protección natural y paisajística, demostrando la vinculación de la naturaleza con el turismo de salud, que nos definió en la segunda mitad del siglo XIX como “isla saludable”, según las corrientes de moda que se han mantenido con la incorporación de nuevas propuestas como el Centro Helioterápico que se abrió en Maspalomas durante los 60 y 70 del siglo pasado, con sus excelentes resultados en la cura de problemas de la piel o los huesos, o las instalaciones de spa, saunas y tratamientos de todo tipo que imperan en la actualidad en la industria turística..

Ahora, Gran Canaria es un gran destino en ofertas específicas de turismo de salud y bienestar -Spa, Wellness & Health-, junto a turismo activo y de naturaleza, turismo náutico y turismo deportivo (especializado en ciclismo, triatlón y running). Tan bella y delicada es nuestra isla que casi la mitad de su territorio ha sido declarado Reserva Mundial de la Biosfera. Y es que cuidar de nuestro cuerpo y cuidar de nuestro planeta es una apuesta ganadora por el bienestar personal y de la comunidad.

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